¡No vivas preocupado! Pon tu confianza en Dios

¡Preocuparse nos lleva a perder el enfoque en el poder y la provisión de Dios y ponerlo en nuestras carencias, temores y debilidades! ¿Sirve de algo preocuparse? ¡Por supuesto que no! Jesús lo dijo claramente, preocuparnos no nos ayudará a añadir un momento más a la vida, no adelantará el futuro, cambiará el pasado ni producirá una solución milagrosa a nuestra situación, ¡pero todo eso sí puede hacerlo nuestro Señor! Él puede restaurar nuestro pasado, cuidar de nuestro futuro, darnos paz en el presente para disfrutar más nuestra vida y ¡hacer un milagro para resolver aquello que está fuera de nuestras fuerzas pero dentro de su Voluntad! ¿Qué podemos hacer entonces cuándo la ansiedad y el temor toquen a nuestra puerta? Seguir el consejo del Hijo de Dios: "Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten"

Cuida en dónde pones tu mirada

¿Si tuviéramos un monitor en nuestra frente que proyectara todo lo que vemos cuidaríamos más hacia dónde dirigimos nuestra mirada? ¡Por supuesto que sí! ¿Por qué? Porque nos daría vergüenza lo que los demás descubrieran de nosotros. La realidad es que Dios siempre sabe lo que estamos viendo y si eso no nos importa o nos hace pensar dos veces en dónde estamos poniendo nuestra mirada es porque nuestro temor de Él se ha enfriado y nos hemos desviado del camino de la santidad e integridad. ¿Cuánta luz u obscuridad entran por tus ojos?

Dios ve tu corazón

Los motivos e intenciones del corazón son los que determinan la recompensa o no recompensa del Señor a nuestras acciones. Jesucristo enseñó que debemos tener cuidado de no hacer las buenas acciones con la motivación de que los demás las admiren y de paso nos admiren a nosotros también, quien así lo hace ganará el reconocimiento de los hombres ¡pero perderá la recompensa de Dios! Toma unos minutos para meditar en lo siguiente: ¿de quién buscas admiración con tu manera de comportarte en la oficina, en la escuela, en tu casa o en la iglesia? Si dejas que tu corazón se vaya tras la admiración de las personas te convertirás en un esclavo de la opinión de los demás, querrás agradarlos a todos y terminarás por darte cuenta que ¡es frustrante y desgastante vivir para darle gusto a todo el mundo! Más que ser conocido por las personas ¡quiero ser conocido por Dios!

El Plan original de Dios para el Matrimonio

El principio original era bastante claro: un matrimonio es una unión de dos personas que ¡nada ni nadie debe separar! ¿Por qué creemos que tenemos ideas mejores que las de Él?, ¿Es que acaso no consideró el Señor todas las posibilidades dentro de un matrimonio cuando estableció que sería una unión permanente? ¡Por supuesto que sí! El problema está en que hemos sido nosotros quienes hemos rebajado un pacto sagrado y permanente a un mero acuerdo que podemos romper cuándo y cómo queramos. Una y otra vez vemos a personas que se unen en matrimonio con otras personas que ni aman ni conocen a Dios, se toman decisiones a la ligera y no se consulta al Señor, ¡no es de extrañarse que tantos matrimonios se conviertan en una relación tan difícil de llevar!

La Pureza Sexual que Dios creó

¡Hoy más que nunca necesitamos ser un ejemplo de pureza y santidad sexual! Debemos ponernos de pie en medio de una generación en donde "todo es válido y debe ser tolerado" para dejar en claro que ¡no todo es aceptado por Dios! La sexualidad mal usada se puede convertir en un pecado que controle nuestra vida por completo y tiene el potencial de destruir relaciones, familias y comunidades enteras. ¡Nada causa mayor adicción que la satisfacción sexual desordenada! Los hijos de Dios debemos ser el ejemplo a seguir, debemos conocer el camino que lleva a la libertad de toda adicción y perversión y llevar a la gente a reconocer su situación, tomar decisiones y comenzar a caminar en pureza y santidad.