Jesús nuestro Representante

Ninguna persona ha sido jamás lo suficientemente santo y perfecto para entrar en la presencia de Dios sin temor a ser acusado de pecado. Únicamente Jesús en forma de hombre fue capaz de marcar una diferencia a nuestro favor. Él vino a salvarnos de nuestra condición de deudores y nos hizo hijos con libre entrada delante de la presencia de Dios nuestro Padre. Como dice Hebreos: Nos convenía un sacerdote así: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores y hecho más sublime que los cielos; que no necesita cada día ofrecer sacrificios primero por sus pecados y luego por los del pueblo; porque se ofreció a sí mismo una vez y para siempre, para salvarnos.

Las personas que Dios usa

La Palabra de Dios nos enseña que es Él quien escoge a los líderes de acuerdo a sus criterios, conocimiento y sabiduría, ¡no nos toca a nosotros escogerlos! De hecho no se nos da el derecho siquiera de ser nosotros mismos ministros por decisión propia, solamente puede serlo alguien cuando el Señor el día, el momento y de la manera que Él quiere escoge a quien Él quiere para hacer lo que Él ya preparó de antemano. Honrar a tus autoridades es ¡honrar y estar de acuerdo con las decisiones del Señor! Y obedecer el llamado de Dios a servirle es aceptar el enorme privilegio de ser escogido por Él para ser usado para cumplir su voluntad.

Conociendo más del Hijo de Dios

Cuando el Hijo de Dios viene a vivir en nuestro corazón, su esencia y sus cualidades invaden nuestra vida. Con Jesucristo en nuestras vidas, recibimos eternidad, pues al morir somos llamados al Reino de los Cielos a su lado; al dirigir Él nuestra vida sabemos que es un Rey Justo que no cambia; al conocer que está a la diestra del Padre sabemos que lo tenemos como abogado a nuestro favor, lavando nuestros pecados y permitiéndonos acceso al trono de Dios; finalmente, cuando el Hijo de Dios toma el control de nuestra vida, pone a nuestros enemigos por debajo de nuestros pies.

El propósito de las Pruebas

Las pruebas tienen el propósito de sacar a la luz lo que hay dentro de nuestro corazón, ¿es que acaso Dios no lo sabe? ¡Claro que lo sabe! Pero quienes no siempre lo sabemos somos nosotros, una prueba te enseña qué tan comprometido estás con el Señor, cuánto de tu corazón necesita ser purificado o transformado, la presión saca las impurezas más ocultas de nuestro corazón y las expone para que podamos lidiar con ellas y erradicarlas de nuestra vida por completo para que no nos sigan dañando más.

Conocer o no Conocer a Dios hace la diferencia

Es un hecho real que el diablo quiere a toda costa alejarte de Dios, quiere convencerte de romper el pacto que tienes de amar al Señor, obedecerlo y honrarlo y hará ¡todo lo que esté a su alcance para lograrlo! Pero Dios nos enseña quiénes se mantendrán en pie ante los ataques del enemigo: “Sin embargo, el pueblo que conoce a su Dios se mantendrá fuerte y lo resistirá”. ¡Nuestra única esperanza de vivir la vida cristiana sin volvernos atrás al pecado es hacer todo lo posible por conocer a nuestro Señor! De eso se trata la vida cristiana, de perseguir el corazón de Dios hasta encontrarlo.