Jesús tiene una Vida Nueva para ti

Jesús no vino al mundo a buscar a los santos para tener algunas reuniones sociales con ellos, pasar un buen tiempo y luego volver al Cielo, tampoco vino a tocar de puerta en puerta ofreciendo la salvación a ver si alguien la quería, mucho menos vino a tomar el papel de mártir para atraer a algunos cuantos, Él vino a morir en la cruz con un sólo plan en mente: Salvarnos. ¿Quiénes necesitan ser salvados? Los que saben que están en una situación de peligro de la cual no pueden salir con sus propias fuerzas, los que reconocen que si no claman por ayuda o buscan desesperadamente una salida de escape morirán en la situación en la que están, los que ya no tienen esperanza, los que están solos y perdidos. ¿Cuándo fue la última vez que levantaste un clamor al Cielo para pedir una intervención en tu vida, tu familia o tu nación? Quienes tienen la certeza de que son escuchados y de que existe un Salvador que puede rescatarlos no se cansan de clamar ni pierden la esperanza. Jesucristo vino al mundo para ser tu esperanza.

Derrama tu corazón ante Dios

Solemos orar esperando que Dios nos conteste siempre que sí a nuestras peticiones e intervenga a nuestro favor en la situación que estamos atravesando y sin embargo debemos aceptar la posibilidad de que Él tenga otro plan y por ahora su respuesta a nuestra petición sea un: ¡No! ¡Deberíamos sentirnos honrados cada vez que nuestros pensamientos van de acuerdo a los pensamientos del Creador del Universo en el que reposa todo conocimiento y sabiduría! Por supuesto que más de una vez nuestra limitada percepción de la vida y la realidad ¡no coincidirá con los planes perfectos y eternos de nuestro Señor! La pregunta que debemos hacernos es: ¿qué haremos al respecto?, ¿rendirnos?, ¿ofendernos?, ¿alejarnos de Él?, ¿dejar de buscarlo?, ¿buscar respuesta en algo o alguien más?

Cuida en dónde pones tu mirada

¿Si tuviéramos un monitor en nuestra frente que proyectara todo lo que vemos cuidaríamos más hacia dónde dirigimos nuestra mirada? ¡Por supuesto que sí! ¿Por qué? Porque nos daría vergüenza lo que los demás descubrieran de nosotros. La realidad es que Dios siempre sabe lo que estamos viendo y si eso no nos importa o nos hace pensar dos veces en dónde estamos poniendo nuestra mirada es porque nuestro temor de Él se ha enfriado y nos hemos desviado del camino de la santidad e integridad. ¿Cuánta luz u obscuridad entran por tus ojos?

Amando a quienes no nos aman

El título de "Hijos de Dios" no es solamente un bonito sobrenombre que usamos los que seguimos a Jesús sino que es una responsabilidad y compromiso que cargamos a todo lugar al que vamos. ¿Por qué hizo tanto hincapié Jesús en amar a quienes nos nos aman? Porque al hacerlo sabía que comenzaríamos a entender el corazón de Dios pues ¿qué no es eso lo que hace el Señor cada mañana que hace salir el sol sobre justos e injustos? ¿no fue precisamente amar a quienes no lo amaban lo que hizo Jesus cuando murió en la cruz? ¿Hemos olvidado que fue su persistente amor el que nos vino a buscar cuando vivíamos como si fuéramos enemigos de Él y nos sedujo y cautivó hasta que fuimos atraídos hacia Él? ¡Amar a nuestros enemigos es una invitación a amar de la misma manera en que nuestro Señor ama! ¡Es una invitación a comportarnos como Él, desarrollar su misericordia, gracia y llegar a tener el corazón que Él tiene!

Deja la venganza en manos de Dios

¿No es una falta de venganza la que nos hace guardar rencores, terminar relaciones de amistad o darle la espalda a otras personas? ¿Puede Jesús cohabitar en un corazón lleno de deseos de venganza?, ¿pueden coexistir el rencor, odio y la amargura con el perdón, la misericordia y sobre todo la gracia? El "dulce" sabor de la venganza es un fallido intento de saciar un corazón amargo esclavizado por el dolor y el sufrimiento y que solamente puede ser liberado con amor y perdón. ¡Su respuesta a nuestra maldad no fue la venganza! La cual habría sido la venganza más justa de la historia de la humanidad, cuando merecíamos la muerte eterna por asesinar al hijo de Dios de manera cruel e injustificada ¡el Señor nos pagó con amor, con salvación, con perdón, con restauración y con vida eterna!