El Juzgar a los demás

Aunque no conocemos el corazón de las personas ni sus verdaderas intenciones nos dejamos influenciar fácilmente por lo que otros opinan para hacernos un concepto equivocado de alguna persona y para unirnos al grupo que la está criticando y señalando. ¡Cuántas personas de las que hoy no tenemos un buen concepto si las conociéramos nos daríamos cuenta de que estábamos equivocados! La Biblia enseña que con la misma medida con la que nosotros midamos a otros ¡se nos medirá a nosotros! La misma dureza y falta de misericordia que sembremos en señalar las faltas ajenas y en divulgarlas será la que recibiremos de los demás el día en que nosotros fallemos.

Cuida en dónde pones tu mirada

¿Si tuviéramos un monitor en nuestra frente que proyectara todo lo que vemos cuidaríamos más hacia dónde dirigimos nuestra mirada? ¡Por supuesto que sí! ¿Por qué? Porque nos daría vergüenza lo que los demás descubrieran de nosotros. La realidad es que Dios siempre sabe lo que estamos viendo y si eso no nos importa o nos hace pensar dos veces en dónde estamos poniendo nuestra mirada es porque nuestro temor de Él se ha enfriado y nos hemos desviado del camino de la santidad e integridad. ¿Cuánta luz u obscuridad entran por tus ojos?

Buscando a Dios a través del ayuno

¡No ayunamos para obligar a Dios a hacer lo que queramos! ¡Tampoco lo hacemos para que "vea" que sí estamos interesados en Él! ¡Él sabe bien dónde está nuestro corazón y el nivel de relación que tenemos con Él! ¡No podemos engañarlo, impresionarlo ni mucho menos manipularlo! Porque si ayunas para que "ahora sí" conteste Dios o "ya resuelva" cierto problema tienes un problema de corazón, de amor y de relación personal con Él. Dejamos el tiempo de los alimentos para que nuestra atención esté puesta en nuestra relación con el Señor pues al hacerlo conoceremos más de su corazón y tendremos en claro qué es lo que quiere que hagamos y qué espera de nosotros. ¡Esta es la verdadera recompensa que deberíamos anhelar!

Amando a quienes no nos aman

El título de "Hijos de Dios" no es solamente un bonito sobrenombre que usamos los que seguimos a Jesús sino que es una responsabilidad y compromiso que cargamos a todo lugar al que vamos. ¿Por qué hizo tanto hincapié Jesús en amar a quienes nos nos aman? Porque al hacerlo sabía que comenzaríamos a entender el corazón de Dios pues ¿qué no es eso lo que hace el Señor cada mañana que hace salir el sol sobre justos e injustos? ¿no fue precisamente amar a quienes no lo amaban lo que hizo Jesus cuando murió en la cruz? ¿Hemos olvidado que fue su persistente amor el que nos vino a buscar cuando vivíamos como si fuéramos enemigos de Él y nos sedujo y cautivó hasta que fuimos atraídos hacia Él? ¡Amar a nuestros enemigos es una invitación a amar de la misma manera en que nuestro Señor ama! ¡Es una invitación a comportarnos como Él, desarrollar su misericordia, gracia y llegar a tener el corazón que Él tiene!

Deja la venganza en manos de Dios

¿No es una falta de venganza la que nos hace guardar rencores, terminar relaciones de amistad o darle la espalda a otras personas? ¿Puede Jesús cohabitar en un corazón lleno de deseos de venganza?, ¿pueden coexistir el rencor, odio y la amargura con el perdón, la misericordia y sobre todo la gracia? El "dulce" sabor de la venganza es un fallido intento de saciar un corazón amargo esclavizado por el dolor y el sufrimiento y que solamente puede ser liberado con amor y perdón. ¡Su respuesta a nuestra maldad no fue la venganza! La cual habría sido la venganza más justa de la historia de la humanidad, cuando merecíamos la muerte eterna por asesinar al hijo de Dios de manera cruel e injustificada ¡el Señor nos pagó con amor, con salvación, con perdón, con restauración y con vida eterna!