La Familia como Dios la diseñó

La sociedad se ha encargado de "redefinir" la familia para que se ajuste a nuestra incapacidad de ser fieles, nuestra inconstancia en el compromiso y nuestra falta de autocontrol en nuestro cuerpo y placeres sexuales, cuando en realidad ¡debería ser al revés! En lugar de escoger redoblar esfuerzos por mantenernos puros, sobrios y fieles y proteger la familia de todo ataque que la quisiera dividir decidimos ver por nosotros mismos en lugar de por nuestros hijos, nuestros cónyuges y las siguientes generaciones. ¡Aún estamos a tiempo de corregir el rumbo! Para que al menos nosotros y nuestra familia regrese al diseño original de Dios, aquel donde Él es el Rey, sus mandamientos nos rigen y la pureza, fidelidad y lealtad fluyen de un miembro a otro.

Enfrentando la Soledad

Dios tiene un plan para nuestras vidas aquí en la tierra el cual tiene como desenlace el compartir la eternidad a su lado en su reino celestial. No hay situación de la cual no pueda librarnos, no hay tristeza que no pueda consolar ni soledad en la que te vaya a abandonar. Como parte de su plan habrá momentos en que te permitirá caminar sólo, y lo hará para ser Él y su Palabra tus mejores compañeros pues tiene algo específico que enseñarte o tratar en tu vida.

Viviendo dando ejemplo de nuestra Fe

La mejor manera de mostrar la existencia y el poder de Dios es a través de nuestro estilo de vida. Algunos creen que utilizando cierto lenguaje, asistiendo a algún templo o juzgando las acciones de otros "demuestran" que Dios es real, pero Dios es mucho más que palabras, edificios o reglas. Él es un Dios real que quiere que nuestra fe esté construida sobre experiencias reales y personales, desea que la fe que hemos recibido a través de Jesucristo la cuidemos para que nada ni nadie nos aparte de su camino, pero no solamente quiere que crezcamos nosotros en Fe, también quiere que llevemos este mensaje de salvación y esperanza cada día a todo lugar que vayamos y ante toda persona que nos encontremos.

Siguiendo la Paz con los demás

Dios nos hizo a todos diferentes, en muchas maneras somos semejantes pero la suma de experiencias, vivencias, y decisiones de cada uno nos hacen únicos en ciertos rasgos de nuestra personalidad. Lo que para unos es importante para otros es trivial, lo que para otros es causa de enojo, tristeza o desilusión unos cuantos más apenas si perciben que sucedió; tantas diferencias suelen convertirse en impedimentos para que las relaciones interpersonales se desarrollen de maneras sanas y saludables. Sin embargo, después de amar a Dios con todo lo que somos, el siguiente y grande mandamiento que Jesús enseñó en su Palabra es que amemos a los demás como a nosotros mismos, que antepongamos los intereses de otros sobre los nuestros y que hagamos con otros como nos gustaría que hicieran con nosotros.

Dios Conoce a los que son Suyos

Dios nos amó a todos por igual al darnos la misma oportunidad a cada ser humano de permitirle ser el Señor de nuestra vida, envió a su Hijo Jesús a morir en la cruz derramando toda su sangre por cada uno de nosotros, no hizo acepción de personas, no murió por algunos cuantos ni restringió la entrada a su Presencia a ciertas personas que fueran “más buenas” o “más piadosas”, a todos nos amó por igual. Sin embargo, no todos los le dimos la oportunidad de dirigir nuestra vida, hubo quienes aceptamos su salvación y señorío y quienes lo rechazaron apartándose de Él. Dios sabe perfectamente quienes son suyos y quienes viven sin esperanza ni salvación.