Orando como Jesús

Cuando he tenido que ir con mi papá a hablarle de algo o pedirle ayuda ¡basta con que vaya a su casa o le marque por teléfono! Fue precisamente este nivel de amor, confianza y relación el que Jesucristo utilizó durante el Sermón del Monte cuando dio su enseñanza sobre la oración, un poco parafraseado mencionó lo siguiente: "cuando oren, diríjanse a Dios como lo haría un hijo con su padre, pues Él es su padre que está en el Cielo". Una oración debería ser entonces tan gratificante, sencilla, natural y transparente como lo es una conversación de un hijo que ama a su padre y se siente completamente amado por él.

Felices los que Aceptan la Justicia de Dios

Mi justicia no siempre coincide con la justicia de Dios, muchas veces Él ha perdonado personas que a mí me cuesta perdonar, incluso Él me ha perdonado pecados ¡que yo he batallado en perdonarme a mí mismo! Muchas veces la vida no ha salido como que yo quisiera, por más que me esfuerce en planear y prever situaciones de pronto sucede algo inesperado y todo lo que me había esforzado por lograr lo que yo deseaba ya no tiene ningún valor. Jesucristo enseñó en el Sermón del Monte que una característica más de las personas más felices y dichosas que existen en la tierra es la mansedumbre, es decir, la capacidad de confiar en Dios más que en nuestras propias fuerzas a la hora de enfrentar las injusticias de la vida.

La Felicidad en la Pobreza Espiritual

Son realmente felices y están en el mejor momento de su vida aquellos que han entendido que por sí solos están escasos, que todo lo que tienen o saben es insuficiente y que por encima de riquezas, fama o poder, lo que necesitan desesperadamente es un Salvador que los haga revivir de la muerte espiritual que ha cubierto su corazón. Porque el Reino de los Cielos existe para sembrar vida eterna en las personas consumidas por sus pecados, adicciones e infelicidad; el Reino de Dios es para aquellos que han entendido que Su amor es suficiente, que la dicha más grande que un hombre puede experimentar es el saber que su Creador quiere establecer una relación personal con Él para darle un propósito aquí en la tierra con consecuencias eternas.

Salvados por quien Él es y no por quienes somos

Fue hasta que el amor de Dios a través de su Hijo Jesús apareció en nuestra historia hasta que al fin encontramos la verdadera vida y libertad. Pero pon atención en lo que dice el apóstol Pablo, no te salvó Dios por que hubieras hecho cosas lo suficientemente buenas o justas para merecer la salvación, ¡no hay manera de comprar o merecer el amor y la salvación de Dios! ¿Qué tienes tú que ofrecerle al Dios que creó todas las riquezas, que tiene el poder y control absoluto del universo entero y que es creador de todo lo que tienes y puedas llegar a tener? ¡Él no necesita nada de ti! El que necesita de Él eres tú. Jesucristo vino a la cruz a salvarnos porque quiso amarnos y derramar su Espíritu por pura misericordia y amor. ¡Por eso es perfecto su amor! Porque no lo merecíamos, no lo obtuvimos ni lo provocamos, y si no lo ganamos ¡tampoco lo podemos perder!

Todos necesitamos ayuda de los demás

¡La vida cristiana no fue diseñada para vivirla solos! Fracasaremos en nuestra lucha contra el pecado, nuestro conocimiento total de Dios y en entender el propósito para el que fuimos creados si vivimos alejados de una comunidad cristiana. Por supuesto que nuestra experiencia con Dios es personal pero sus propósitos para nuestra vida son basados en un cuerpo y no en un miembro. Necesitas ayuda de otros para hacer lo correcto y para edificar varias áreas de tu vida que no podrás levantar ni enderezar tú solo.