La Fe es para los Valientes

La fe es un ancla del alma que hemos arrojado a las profundidades del amor y conocimiento de Dios. Donde hay fe no hay dudas ni inseguridad, puede haber preguntas sobre lo que no entendemos pero en el fondo de nuestro ser siempre sabemos que Dios está en control y que Él siempre sabe lo que hace. Donde hay fe no hay espacio para especulaciones sobre "otras verdades", no hay miedo sobre si hemos escogido una manera correcta de vivir, no hay dolor, sufrimiento ni angustia que nos haga negar la existencia de Dios.

¡No te Rindas en tu Fe!

Vendrán momentos en tu vida en que lo más fácil aparentemente será negar tu fe pero, ¿a dónde irías sin Dios? Hay temporadas en la vida cristiana donde lo único que tenemos para seguir adelante es fe; deja que tu fe se convierta en confianza, cada paso que das en conocer y agradar a Dios en medio de las tribulaciones es como si tomaras un altavoz y lo elevaras al cielo a todo volumen diciéndole a Dios: ¡No importa lo que venga yo confío en ti! El corazón de Dios se siente honrado cuando sus hijos confían en Él.

Libres para estar delante de Dios

Día con día el ser humano se ha esforzado por simplificarse la vida y acelerar las tareas que tenemos que hacer para alcanzar a hacer más cosas más rápido. El hombre sigue inventando carros más veloces, computadoras más potentes, edificios más altos, máquinas que hagan las tareas pesadas, etc. Pero, aunque en muchas áreas procuramos hacerlo todo más simple y accesible, en lo que respecta a la fe en Dios pareciera que nos gusta complicarnos. Cuando al fin aceptamos que necesitamos un salvador y permitimos que Dios entre a habitar en nuestro corazón para dirigir nuestra vida, en lugar de hacer lo que Él nos pide nos gusta hacer las cosas a nuestra manera.

Firmes en nuestra Confianza en Dios

Llegamos un día a la iglesia y fuimos cambiados por su amor, nuestras emociones estaban al tope, pero nunca nos decidimos a leer su Palabra cada día, a involucrarnos en servir en una iglesia ni a pasar tiempo cada día en oración. Aunque sabíamos que lo que todo cristiano debe hacer es orar y leer la Biblia, decidimos vagar en nuestro corazón por la iglesia sin invertir en una relación personal con Dios. ¿Cómo esperamos que nuestro amor por Dios crezca si no invertimos tiempo en Él? ¡La falta de interés y compromiso harán que tu corazón se endurezca! La incredulidad crece cuando la Palabra de Dios no está presente.

Jesús: Nuestro Hermano Mayor

Sabiendo que todos somos hijos de un mismo Dios, Jesús derramó todo su amor sobre nosotros. A pesar de nuestros errores y constantes fallas no se avergüenza de llamarnos hermanos, ¡al contrario! Vino a vivir en carne y hueso participando de las mismas tentaciones y angustias de la vida humana para darnos libertad. De modo que cuando el día de nuestra muerte venga, en lugar de tener miedo, tengamos confianza y esperanza de que vamos al Reino de los Cielos a disfrutar una eternidad a lado de nuestro Padre y nuestro hermano mayor.