Derrama tu corazón ante Dios

Solemos orar esperando que Dios nos conteste siempre que sí a nuestras peticiones e intervenga a nuestro favor en la situación que estamos atravesando y sin embargo debemos aceptar la posibilidad de que Él tenga otro plan y por ahora su respuesta a nuestra petición sea un: ¡No! ¡Deberíamos sentirnos honrados cada vez que nuestros pensamientos van de acuerdo a los pensamientos del Creador del Universo en el que reposa todo conocimiento y sabiduría! Por supuesto que más de una vez nuestra limitada percepción de la vida y la realidad ¡no coincidirá con los planes perfectos y eternos de nuestro Señor! La pregunta que debemos hacernos es: ¿qué haremos al respecto?, ¿rendirnos?, ¿ofendernos?, ¿alejarnos de Él?, ¿dejar de buscarlo?, ¿buscar respuesta en algo o alguien más?

Tus acciones reflejan tu Fe

Donde hay frutos, ¡no se necesitan apariencias!, donde está la vida de Dios ¡no es necesario simularla! Sé honesto contigo mismo y analiza tu vida como cristiano, ¿respaldas tu fe pública con una relación personal en lo privado con el Señor? ¿Detrás de tu declaración de que eres seguidor de Jesús hay una vida de integridad que ponga el nombre de nuestro Salvador en alto y le haga ver a quienes te rodean que los hijos de Dios tenemos un estándar de honestidad, verdad y moralidad más alto que el que tiene la sociedad? ¡De qué le sirve a un árbol de manzanas gritar a los cuatro vientos que es un manzano si cuando la gente se acerca a él nunca encuentra manzanas! ¡De qué nos sirve decir que creemos en Dios si nuestras decisiones del día con día dejan en claro que ni le conocemos ni somos diferentes a los demás!

Pidiéndole a Dios con confianza

Jesucristo en el pasaje de la lectura de nuestro estudio de hoy que forma parte del Sermón del Monte nos invita a no rendirnos en nuestra búsqueda de una respuesta de nuestro Padre celestial: ¡sigan pidiendo!, ¡sigan buscando!, ¡sigan llamando! ¿Por qué lo dijo? Porque nadie conoce mejor el corazón de nuestro Señor que su hijo y sabe bien que la respuesta llegará: sea un sí, un no, o un espera, la puerta se abrirá y encontraremos paz en lo que sea que Dios tenga que decir sobre nuestra necesidad.

No hay mayor Tesoro que conocer a Dios

¿Quieres presumir de algo?, ¿quieres tener el tesoro más valioso?, ¿quieres algo por lo que verdaderamente valga la pena ser famoso y reconocido? ¡Que sea porque entiendes y conoces al Señor! ¡Eso sí que es digno de admirarse! Porque no hay personas más felices y ricas sobre la faz de la tierra que aquellas que saben cuál es el propósito para el que fueron creadas ¡y lo cumplen con libertad y plenitud cada día! La paz interior, la estabilidad del corazón, la seguridad del alma y la certeza de una salvación eterna que solamente Jesús te puede dar ¡no hay dinero ni tesoros que los puedan comprar! ¡Nada se compara a sabernos amados por Jesucristo!

Orando como Jesús

Cuando he tenido que ir con mi papá a hablarle de algo o pedirle ayuda ¡basta con que vaya a su casa o le marque por teléfono! Fue precisamente este nivel de amor, confianza y relación el que Jesucristo utilizó durante el Sermón del Monte cuando dio su enseñanza sobre la oración, un poco parafraseado mencionó lo siguiente: "cuando oren, diríjanse a Dios como lo haría un hijo con su padre, pues Él es su padre que está en el Cielo". Una oración debería ser entonces tan gratificante, sencilla, natural y transparente como lo es una conversación de un hijo que ama a su padre y se siente completamente amado por él.