Una relación de amistad con Dios

Somos imperfectos, incapaces de amar puramente y estamos listos para arrebatar lo que creemos que es nuestro. ¡Una amistad con nosotros mismos no prosperaría mucho! Pero entonces nuestro amado salvador nos ofrece una amistad pura, genuina y desinteresada que está basada no en quiénes somos nosotros sino en quién es Él, no hay mayor amigo que pudiéramos tener que aquel que conociendo no solamente la fachada buena que le ponemos a todos sino también lo más obscuro de nuestro corazón quiere seguir siendo nuestro amigo y compartiendo su vida con nosotros. ¡Jesús dio su vida por nosotros cuando todavía ni nos considerábamos sus amigos ni nada parecido!

Dios puede reescribir tu historia

Si escoges guardar rencor a quienes te hicieron daño y continuamente les deseas el mal ¿no estás escogiendo ser como ellos? Porque lo que hay detrás de nuestros rencores y falta de perdón es un corazón que no se ha rendido a Dios por completo y lo que había detrás de las malas decisiones de quienes nos lastimaron ¡también era un corazón que no se había rendido a Dios! Aunque el "fruto" de cada corazón fue distinto, la maldad y la falta de fe son las mismas. Dios tiene un plan y una nueva historia para ti pero no lo puedes vivir en tus términos sino solamente en los suyos.

Todos sabrán lo que Dios ha hecho en ti

Decidir seguir a Jesús y agradarle con nuestras decisiones y estilo de vida cada día es una decisión impopular. Ser un verdadero cristiano causa que los planes de corrupción, las mentiras, chismes y el mal en general que quiere avanzar sea detenido de golpe al toparse con nosotros. Cuando rechazamos ser parte de las maquinaciones de quienes buscan hacer algo indebido, ¡nos convertimos en el blanco de las críticas! Sin embargo si permaneces firme en tu fe y vives de acuerdo a su voluntad tarde o temprano los demás verán la mano de Dios sobre tu vida y reconocerán que algo diferente hay en ti.

Perseverando en Dios

La segunda carta escrita por el apóstol Juan que está registrada en la Biblia, es una carta pequeña y personal, al parecer a un conocido o familiar suyo. Las palabras que uno suele decir a las personas que más ama son importantes y verdaderas. Debemos recordar que en los tiempos del apóstol Juan no había medios electrónicos de comunicación como los de ahora, una persona como Él que viajaba mucho recorriendo las iglesias la única manera que tenía de comunicarse era mediante cartas. Así que cada carta era bien aprovechada, y esta pequeña carta expresa el corazón de Dios en alguna manera que Él consideró clave y determinante para que fuera parte de las Escrituras, de su Palabra hacia nosotros. El principal consejo que da esta carta es perseverar en la doctrina de Cristo.

¿Crees en Dios? y… ¿lo conoces?

No hay vida fuera de una relación personal con Jesucristo, no la hay ni aquí en la tierra ni más allá de la muerte. Porque si no le conocemos en la tierra somos esclavos del mundo y, si no le conocimos en vida estaremos una eternidad sin Él. ¡Hoy es el día en que necesita entrar en una relación personal con Jesucristo!