No olvides lo que Dios ha hecho en ti

Todo lo bueno que hemos logrado y todo el bien que hemos recibido ¡ha sido solamente por la misericordia y la gracia de nuestro Señor! Fue por su amor por el que decidió unilateralmente ir a una cruz para salvarnos de una eternidad lejos de Él, ¡no tuvimos nada que ver nosotros! Simplemente fuimos el objeto de su inmerecido e inexplicable amor. Entiendo lo anterior pregúntate: ¿qué es lo que quiero que los recordatorios traigan a mi mente?, ¿lo bueno que soy, las buenas decisiones que tomé o lo que Dios hizo en mí a pesar de mí?

Deja que la Luz de Dios brille en ti

Antes de conocer a Jesús nadie nos decía lo malo que hacíamos, pues como la mayoría practicaban lo mismo que nosotros no tenían mucha autoridad moral para juzgarnos o señalarnos. Lo más que alguien nos decía es que "moderáramos" nuestros errores, ¡cómo si fuera tan fácil como decirlo! Éramos esclavos de nuestros hábitos y adicciones viviendo sin esperanza y con un corazón vacío, siempre sedientos de amor y aceptación. Pero cuando su luz vino a alumbrar nuestro corazón, nos dimos cuenta que teníamos mucho por cambiar. Sin embargo, su luz no vino solamente para señalar, sino también para sanar, lavar y perdonar.

Salvados por quien Él es y no por quienes somos

Fue hasta que el amor de Dios a través de su Hijo Jesús apareció en nuestra historia hasta que al fin encontramos la verdadera vida y libertad. Pero pon atención en lo que dice el apóstol Pablo, no te salvó Dios por que hubieras hecho cosas lo suficientemente buenas o justas para merecer la salvación, ¡no hay manera de comprar o merecer el amor y la salvación de Dios! ¿Qué tienes tú que ofrecerle al Dios que creó todas las riquezas, que tiene el poder y control absoluto del universo entero y que es creador de todo lo que tienes y puedas llegar a tener? ¡Él no necesita nada de ti! El que necesita de Él eres tú. Jesucristo vino a la cruz a salvarnos porque quiso amarnos y derramar su Espíritu por pura misericordia y amor. ¡Por eso es perfecto su amor! Porque no lo merecíamos, no lo obtuvimos ni lo provocamos, y si no lo ganamos ¡tampoco lo podemos perder!

Reflejemos a Dios con nuestra manera de vivir

La mejor manera de dar un ejemplo a seguir es con nuestra propia manera de vivir. Lo que cambió la historia de la humanidad no fue lo que la gente decía de Jesús sino fue Jesús mismo viviendo entre nosotros. Sus palabras, sus decisiones, la manera de reflejar a Dios el Padre de maneras tan claras y sorprendentes fueron lo que hicieron de su vida un hito en la historia de la humanidad. Es a través de nuestras palabras, acciones y modo de vivir que podemos hacer el cambio más significativo en quienes nos rodean.

Poniendo en alto el nombre de Dios

Dios nos quiere bendecir para que seamos de bendición, para que otros sepan que Él sigue interesado en relacionarse con las personas, para que los demás sean atraídos por la plenitud de nuestras vidas y puedan ser guiados a los pies de nuestro Salvador. ¡No somos engrandecidos para poner nuestro nombre en alto o para que otros vean "lo buenos que somos"! Sino para que la gente al conocerte y ver tu manera de vivir sean atraídos al amor de nuestro Señor.