Jesús nuestro Representante

Ninguna persona ha sido jamás lo suficientemente santo y perfecto para entrar en la presencia de Dios sin temor a ser acusado de pecado. Únicamente Jesús en forma de hombre fue capaz de marcar una diferencia a nuestro favor. Él vino a salvarnos de nuestra condición de deudores y nos hizo hijos con libre entrada delante de la presencia de Dios nuestro Padre. Como dice Hebreos: Nos convenía un sacerdote así: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores y hecho más sublime que los cielos; que no necesita cada día ofrecer sacrificios primero por sus pecados y luego por los del pueblo; porque se ofreció a sí mismo una vez y para siempre, para salvarnos.

Fe, Perseverancia y Paciencia

Es bien sabido por todos que el agua que no puede fluir se estanca y, al estancarse comienza a perder la capacidad de albergar vida en ella hasta que llega un punto en que el agua está tan sucia que ya no es útil. La carta de los Hebreos comienza el capítulo de la lectura del día de hoy diciéndonos que es tiempo de avanzar hacia la perfección en Dios, debemos dejar ya de vivir en los inicios de la vida cristiana, es tiempo de avanzar en nuestra obediencia y compromiso con Dios. Una falta de compromiso y obediencia total al Señor nos van a llevar a estancarnos en nuestro crecimiento.

La Autoridad de la Biblia

La obediencia es una decisión, es un acto de la voluntad. La obediencia existe cuando reconocemos la autoridad de alguien sobre nosotros y decidimos cumplir su voluntad en nuestras vidas. Si reconocemos la autoridad de las señales de tránsito decidimos detener la marcha del auto cuando la luz está en rojo; si reconocemos la autoridad de un profesor decidimos guardar silencio cuando entra al salón; si aceptamos la autoridad del jefe de la empresa donde laboramos decidimos entregar los reportes que nos solicite y cumplir de manera puntual con los horarios requeridos. ¿Lo notas? Cuando entendemos que nuestra vida es dirigida por ciertas autoridades, decidimos voluntariamente obedecer las reglas y lineamientos que estas autoridades han establecido. ¡Así de sencillo! La Biblia es la Palabra de Dios, Dios es nuestra autoridad máxima por lo que las Escrituras tienen total autoridad sobre nuestras vidas. ¿Reconoces a la Biblia como tu autoridad?

Firmes en nuestra Confianza en Dios

Llegamos un día a la iglesia y fuimos cambiados por su amor, nuestras emociones estaban al tope, pero nunca nos decidimos a leer su Palabra cada día, a involucrarnos en servir en una iglesia ni a pasar tiempo cada día en oración. Aunque sabíamos que lo que todo cristiano debe hacer es orar y leer la Biblia, decidimos vagar en nuestro corazón por la iglesia sin invertir en una relación personal con Dios. ¿Cómo esperamos que nuestro amor por Dios crezca si no invertimos tiempo en Él? ¡La falta de interés y compromiso harán que tu corazón se endurezca! La incredulidad crece cuando la Palabra de Dios no está presente.

Jesús: Nuestro Hermano Mayor

Sabiendo que todos somos hijos de un mismo Dios, Jesús derramó todo su amor sobre nosotros. A pesar de nuestros errores y constantes fallas no se avergüenza de llamarnos hermanos, ¡al contrario! Vino a vivir en carne y hueso participando de las mismas tentaciones y angustias de la vida humana para darnos libertad. De modo que cuando el día de nuestra muerte venga, en lugar de tener miedo, tengamos confianza y esperanza de que vamos al Reino de los Cielos a disfrutar una eternidad a lado de nuestro Padre y nuestro hermano mayor.