El Nuevo Pacto de Dios

Un pacto es un acuerdo ligado al carácter, es decir, un pacto es un compromiso de que no dejaremos de cumplir lo que dijimos porque es parte de nuestra personalidad el ser leales, fieles y cumplir nuestra palabra. Dios hizo un pacto de amor con nosotros al enviar a su hijo a morir por nosotros. Un pacto ligado a su personalidad de amor, perdón, misericordia y gracia. Dios ha hecho un pacto inquebrantable que tiene consecuencias eternas para quienes decidimos entrar en pacto con Él.

Jesús nuestro Representante

Ninguna persona ha sido jamás lo suficientemente santo y perfecto para entrar en la presencia de Dios sin temor a ser acusado de pecado. Únicamente Jesús en forma de hombre fue capaz de marcar una diferencia a nuestro favor. Él vino a salvarnos de nuestra condición de deudores y nos hizo hijos con libre entrada delante de la presencia de Dios nuestro Padre. Como dice Hebreos: Nos convenía un sacerdote así: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores y hecho más sublime que los cielos; que no necesita cada día ofrecer sacrificios primero por sus pecados y luego por los del pueblo; porque se ofreció a sí mismo una vez y para siempre, para salvarnos.

Fe, Perseverancia y Paciencia

Es bien sabido por todos que el agua que no puede fluir se estanca y, al estancarse comienza a perder la capacidad de albergar vida en ella hasta que llega un punto en que el agua está tan sucia que ya no es útil. La carta de los Hebreos comienza el capítulo de la lectura del día de hoy diciéndonos que es tiempo de avanzar hacia la perfección en Dios, debemos dejar ya de vivir en los inicios de la vida cristiana, es tiempo de avanzar en nuestra obediencia y compromiso con Dios. Una falta de compromiso y obediencia total al Señor nos van a llevar a estancarnos en nuestro crecimiento.

Tras la Obediencia llega la Madurez

El manejo de los recursos, la responsabilidad, el cuidado personal y algunas otras partes del carácter se desarrollan poco a poco conforme vamos madurando. Nuestra vida espiritual es muy similar, hay recompensas que Dios no nos puede dar hasta que aprendamos a valorarlas, hay bendiciones que no puede poner en nuestras manos hasta que aprendamos a usarlas sin dañarnos a nosotros o a quienes nos rodean. La madurez espiritual trae más confianza de Dios en nosotros, nos acerca a cumplir su plan para nosotros y a conocerle tal cual es. Pero la madurez es una consecuencia de la obediencia. Sin obediencia nos quedaremos estancados como niños espirituales.

La Autoridad de la Biblia

La obediencia es una decisión, es un acto de la voluntad. La obediencia existe cuando reconocemos la autoridad de alguien sobre nosotros y decidimos cumplir su voluntad en nuestras vidas. Si reconocemos la autoridad de las señales de tránsito decidimos detener la marcha del auto cuando la luz está en rojo; si reconocemos la autoridad de un profesor decidimos guardar silencio cuando entra al salón; si aceptamos la autoridad del jefe de la empresa donde laboramos decidimos entregar los reportes que nos solicite y cumplir de manera puntual con los horarios requeridos. ¿Lo notas? Cuando entendemos que nuestra vida es dirigida por ciertas autoridades, decidimos voluntariamente obedecer las reglas y lineamientos que estas autoridades han establecido. ¡Así de sencillo! La Biblia es la Palabra de Dios, Dios es nuestra autoridad máxima por lo que las Escrituras tienen total autoridad sobre nuestras vidas. ¿Reconoces a la Biblia como tu autoridad?