Firmes en nuestra Confianza en Dios

Llegamos un día a la iglesia y fuimos cambiados por su amor, nuestras emociones estaban al tope, pero nunca nos decidimos a leer su Palabra cada día, a involucrarnos en servir en una iglesia ni a pasar tiempo cada día en oración. Aunque sabíamos que lo que todo cristiano debe hacer es orar y leer la Biblia, decidimos vagar en nuestro corazón por la iglesia sin invertir en una relación personal con Dios. ¿Cómo esperamos que nuestro amor por Dios crezca si no invertimos tiempo en Él? ¡La falta de interés y compromiso harán que tu corazón se endurezca! La incredulidad crece cuando la Palabra de Dios no está presente.

La Fe que no te cambia, no es Fe

La mayoría de la gente dice que cree en Dios, pero tristemente muchos de los que dicen que creen en Él no están interesados en dedicar tiempo para conocerle y mucho menos para obedecer y poner en práctica sus principios y mandamientos. Si te consideras cristiano o una persona de fe y hasta seguidor de Jesús pero no pasas tiempo leyendo la Biblia, orando a solas con Él ni asistiendo a una iglesia para saber más de Él, te estás engañando a ti mismo. La fe nace por el oír la Palabra de Dios y ponerla en práctica.

¿Cómo llega alguien a negar su Fe?

Cuando alguien siente mucho dolor y quiere dejar de sentirlo lo puede lograr quemando el tejido dañado hasta que muera para así perder toda sensación, a esto se le llama cauterizar una herida. Dios nos está dejando en claro lo que nos puede suceder si descuidamos nuestra fe, lo que comienza con indisciplina, pecados no tratados y flojera por buscarlo avanza por medio de la hipocresía hasta convertirse en un corazón, un espíritu y una conciencia que pierden toda su capacidad de experimentar la vida y presencia de Dios. Una vez que alguien está en tal punto, es capaz de hacer todo lo que pensó que nunca haría, sus límites se vienen abajo, su moral se consume por la inmoralidad y niega rotundamente su fe.

Las Falsas Creencias

¿Por qué crees en lo que crees?, ¿te lo has preguntado alguna vez? Más personas de las que nos imaginamos tienen creencias sin fundamentos ni convicciones que las sostengan. Creen en Dios o en algo parecido por tradición, por herencia familiar o hasta porque "es lo que todos creen", dicen tener fe pero su vida no la refleja en ninguna manera, afirman creer en la existencia de Dios pero nunca se han acercado a conocerle, tienen una Biblia pero no la leen y si la llegan a leer lo hacen como una mera tradición sin profundizar en conocer el corazón de Dios. ¿Qué tan firme y real crees que sea este tipo de fe? Las personas que tienen una fe débil son fácilmente engañados por cualquier enseñanza o pensamiento y terminan apartados del camino del Señor.

Volviendo a los caminos de Dios

Ser cristiano no se trata de algo externo que aprendes a hacer (comportamientos, palabras, eventos), tampoco es algo que se viva con tus propias fuerzas con positivismo ni mucho menos es una rutina o conjunto de órdenes y mandamientos que debes seguir para no ser castigado. ¡Mucha gente se ha alejado de su fe por creer estas ideas! Ser cristiano es decidirse a bajar la guardia y la actitud defensiva ante Dios para aceptar tener una relación personal con Él, se trata de dejarlo ser el Señor de tu vida y darle una oportunidad de mostrarte cuánto te ama, de mostrarte lo poco que le importan tus errores y malas decisiones en comparación con la gracia y compasión inmensa que tiene preparada para perdonarte, restaurarte y transformarte, tiene todo que ver con permitir a Dios guiarte por sus caminos y llevarte de regreso a vivir en los propósitos para los que fuiste diseñado y creado tal cual eres. Dale una oportunidad a Dios, dale un voto de confianza, ¡no te arrepentirás!