Reflejemos a Dios con nuestra manera de vivir

La mejor manera de dar un ejemplo a seguir es con nuestra propia manera de vivir. Lo que cambió la historia de la humanidad no fue lo que la gente decía de Jesús sino fue Jesús mismo viviendo entre nosotros. Sus palabras, sus decisiones, la manera de reflejar a Dios el Padre de maneras tan claras y sorprendentes fueron lo que hicieron de su vida un hito en la historia de la humanidad. Es a través de nuestras palabras, acciones y modo de vivir que podemos hacer el cambio más significativo en quienes nos rodean.

La vida con Dios es incomparable

La vida cristiana ¡es incomparable!, la vivimos porque le da un sentido a nuestra vida, nos llena de paz y plenitud el corazón, nos hace libres de tantas ataduras y vergüenzas del pasado que antes controlaban nuestras emociones y sacudían nuestras mentes, nos hace sentir amados y aceptados tal cual somos, nos da sanidad para el pasado, esperanza para el futuro y un presente seguro en las manos de nuestro Salvador. Por más feroz que sea la tormenta cuando la cruzamos en la barca junto a Jesucristo, ¡no hay ningún peligro! La vida con Dios es ¡única! Nada de lo que esta sociedad o este mundo pueda ofrecer es comparable a lo que el Creador del Universo ha diseñado, si no la estás viviendo ¡te estás perdiendo lo mejor de tu vida!

Teniendo una relación personal con Dios

Necesitamos aceptar que ¡Dios no usará una zarza ardiendo cada vez que nos quiera hablar ni mandará fuego del Cielo cada vez que quiera impresionar a nuestros enemigos! Al menos no de manera literal. ¡No te compares! Tal vez Dios quiere hablarte a través de un mensaje que siembra en tu corazón, tal vez en alguna etapa de tu vida use a tus padres o pastores y después atraiga tu corazón mediante su Palabra y más adelante también utilice a tu esposa para decirte lo que quiere de ti. Lo importante no es la manera en que Dios te hable sino el simple hecho de que ¡Dios el Creador del Universo te está hablando!

UN CAMBIO DE CORAZON VERDADERO

Un cambio verdadero siempre lo inicia Dios y lo hace desde adentro de nuestro corazón, en la raíz de quienes somos, en lo más profundo de nuestro ser, justo allí donde hemos guardado nuestros dolores, miedos y vergüenzas del pasado. Donde más densa es nuestra oscuridad es donde su luz comienza a brillar. Dios quiere tu corazón para sanarlo, restaurarlo y ¡resucitarlo! a una nueva esperanza. Conforme tu corazón vaya conociendo su amor irá siendo libre y un cambio genuino avanzará sobre tu vida y como consecuencia natural también sobre la de todos los que te rodean.

Dios sabe donde encontrarte

Dios sabe dónde encontrarte, tiene tu teléfono, tu correo electrónico, se sabe tu dirección, conoce tus horarios, dónde trabajas, por qué camino te vas cada día, tiene tu currículum, sabe tu experiencia, limitaciones y capacidades. ¡Sabe todo de ti! Y sabe cuándo, cómo, dónde y a través de quién te mandará llamara para que seas parte de sus planes y propósitos.