¿Todos iremos al Cielo?

Todos los hijos de Dios irán al Cielo, pero lo cierto es que aunque todos los seres humanos son creación de Dios no todos son sus hijos, solamente aquellos que no rechazaron a Jesús ni lo consideraron un hombre más, una religión o una porción más de la historia, sino que creyeron en Él y lo recibieron en su corazón. Si Jesucristo no es tu Señor no solamente corres el riesgo de no ir al Cielo además te estás perdiendo una relación con alguien lleno de amor inagotable y fidelidad así como una relación íntima y personal con el Hijo de Dios.

Tus acciones reflejan tu Fe

Donde hay frutos, ¡no se necesitan apariencias!, donde está la vida de Dios ¡no es necesario simularla! Sé honesto contigo mismo y analiza tu vida como cristiano, ¿respaldas tu fe pública con una relación personal en lo privado con el Señor? ¿Detrás de tu declaración de que eres seguidor de Jesús hay una vida de integridad que ponga el nombre de nuestro Salvador en alto y le haga ver a quienes te rodean que los hijos de Dios tenemos un estándar de honestidad, verdad y moralidad más alto que el que tiene la sociedad? ¡De qué le sirve a un árbol de manzanas gritar a los cuatro vientos que es un manzano si cuando la gente se acerca a él nunca encuentra manzanas! ¡De qué nos sirve decir que creemos en Dios si nuestras decisiones del día con día dejan en claro que ni le conocemos ni somos diferentes a los demás!

Haz a los demás lo que quieras que te hagan a ti

Para que una relación funcione se necesitan dos interesados, dos comprometidos y dos que hayan decidido amarse uno al otro por encima muchas veces de sus propios intereses. ¿Qué no fue esto lo que hizo Jesús al venir a dar su vida en la cruz? Dio el primer paso para establecer una relación de amistad y de amor con nosotros, se interesé tanto en nosotros que vino a tomar nuestro lugar para rescatarnos y restaurarnos, se comprometió a amarnos con su propia vida y decidió estar a nuestro lado sin importar lo que pudiera suceder. ¡Nos toca ahora a nosotros corresponder a la relación de amistad que el Hijo de Dios nos ofrece!

Pidiéndole a Dios con confianza

Jesucristo en el pasaje de la lectura de nuestro estudio de hoy que forma parte del Sermón del Monte nos invita a no rendirnos en nuestra búsqueda de una respuesta de nuestro Padre celestial: ¡sigan pidiendo!, ¡sigan buscando!, ¡sigan llamando! ¿Por qué lo dijo? Porque nadie conoce mejor el corazón de nuestro Señor que su hijo y sabe bien que la respuesta llegará: sea un sí, un no, o un espera, la puerta se abrirá y encontraremos paz en lo que sea que Dios tenga que decir sobre nuestra necesidad.

No hay mayor Tesoro que conocer a Dios

¿Quieres presumir de algo?, ¿quieres tener el tesoro más valioso?, ¿quieres algo por lo que verdaderamente valga la pena ser famoso y reconocido? ¡Que sea porque entiendes y conoces al Señor! ¡Eso sí que es digno de admirarse! Porque no hay personas más felices y ricas sobre la faz de la tierra que aquellas que saben cuál es el propósito para el que fueron creadas ¡y lo cumplen con libertad y plenitud cada día! La paz interior, la estabilidad del corazón, la seguridad del alma y la certeza de una salvación eterna que solamente Jesús te puede dar ¡no hay dinero ni tesoros que los puedan comprar! ¡Nada se compara a sabernos amados por Jesucristo!