El propósito de las Pruebas

Las pruebas tienen el propósito de sacar a la luz lo que hay dentro de nuestro corazón, ¿es que acaso Dios no lo sabe? ¡Claro que lo sabe! Pero quienes no siempre lo sabemos somos nosotros, una prueba te enseña qué tan comprometido estás con el Señor, cuánto de tu corazón necesita ser purificado o transformado, la presión saca las impurezas más ocultas de nuestro corazón y las expone para que podamos lidiar con ellas y erradicarlas de nuestra vida por completo para que no nos sigan dañando más.

Regresa tu corazón a las manos de Dios

¿De quién podemos decir que tiene una percepción correcta de algo? De quien sabe lo que hay más allá de lo que otros vemos a simple vista, ¿quién tiene el entendimiento y la sabiduría más alta? Quien ha estudiado, meditado, probado, caminado y palpado la verdad de modo que ahora la conoce, la practica y vive en ella. ¿Qué te está deteniendo el día de hoy de comprometerte más con Dios?, ¿de buscarlo más, de leer y meditar más en su Palabra y de doblar tu rodilla en oración?, ¿qué problemas o pecados te están causando una percepción borrosa y distorsionada del amor del Señor? Haz tuyo el consejo del profeta Isaías, cambia tus caminos, aleja de ti todo pensamiento de maldad por mínimo que sea y vuélvete al Señor.

Ya es tiempo de volver a los caminos del Señor

Porque ¿no es verdad que es cuando bajamos nuestra mirada del Cielo y la ponemos en nuestras circunstancias que nuestro corazón se empieza a enfriar al llenarse de duda, envidia, comparación y orgullo?, ¿no fue un evento no comprendido en tu vida, un mal trato de alguien más o un deseo de satisfacer tus ojos o tu cuerpo lo que te alejó de Dios la última vez que estuviste varios días sin orar, sin leer la Biblia y sin buscarlo? ¡Regresa tu mirada al Cielo! Dale al Señor el reconocimiento que merece, dobla tu rodilla una vez más ante Jesucristo y déjalo tomar el control de tu vida una vez más.

Nuestros pecados tienen consecuencias

Por más oculto que tengamos nuestro pecado o por más inofensivo que creamos que sea, ¡un poco de pecado sigue siendo una desobediencia total a Dios! Si un "pequeñito e insignificante" pecado rompe nuestra relación con Dios y nos quita toda nuestra pureza y santidad ¡entonces es un pecado inmenso y altamente peligroso que nos tiene engañados! Delante de Dios no hay tamaños, colores ni "gravedad" de pecados, Él no pone su mirada en nuestras acciones sino en nuestro corazón, más allá del acto equivocado que hagamos o de la vergüenza que sintamos al ser descubiertos el verdadero daño y mal de pecar está en nuestro corazón, porque es allí donde está comenzando a enfriar nuestro amor por el Señor.

Escogiendo Agradar a Dios

Los cristianos muchas veces vivimos pensando que "merecemos" la bendición y la ayuda de Dios, ¡cuán equivocados estamos si pensamos que merecemos algo! Ningún atleta recibe un trofeo o medalla si no compite de manera legítima, ningún labrador participa de los frutos de su tierra si no la siembra y trabaja antes, ningún soldado recibe un reconocimiento a su valor si no arriesga su vida primero, ¿por qué creemos que como hijos de Dios recibiremos bendición y galardones eternos sin esforzarnos en buscarle y agradarle?