¡Cuida tu corazon en medio de las pruebas!

Más de una vez lo que Dios quiere para nosotros no coincidirá con lo que nosotros queremos para nosotros. Difícilmente escogeríamos voluntariamente pasar por pruebas y angustias y sin embargo, la Biblia está llena de porciones donde se da por hecho que pasaremos por estas etapas pero también se da por hecho que Dios estará con nosotros. Dios no se va a ningún lado en nuestros días más difíciles, al contrario ¡nos invita a que nos abracemos más fuerte de Él para que sintamos su amor y cuidado! Pero, ¿lo hacemos?, ¿cómo respondemos nosotros a su invitación de correr hacia él en nuestras crisis y en nuestro dolor?

Hagamos crecer nuestra Fe

La vida cristiana comienza con una decisión de Fe, inicia con un anhelo y una necesidad en nuestro corazón que nos llevó a buscar un salvador. Entonces, alguien nos habló de Jesús y le dimos el control de nuestra vida a cambio de que nos diera una nueva naturaleza, cedimos nuestra manera de vivir llena de suciedad para recibir su pureza y santidad. Sin fe es imposible agradar a Dios, sin fe nunca aceptaremos su sacrificio, su amor, su perdón ni creeremos que podemos entrar en una relación personal con Él.

Aprendiendo a ser Humildes

¿Por qué se humilló? En su forma de Dios no tenía limitaciones ni debilidades, su primera humillación fue tomar forma de hombre, porque el cuerpo humano tiene debilidades naturales y limitaciones de tiempo y espacio, sin mencionar la salud, la fuerza, el cansancio, etc. Una vez que tuvo esta condición limitada, ¡todavía contaba con el poder y el respaldo del Cielo! Pero no tomó provecho de esto para controlar o castigar a los hombres, al contrario, se dedicó a servir y vino a morir en una cruz, la vulnerabilidad más alta en medio de menosprecios, golpes, críticas y rechazos y todo esto únicamente para darnos a ti y a mí salvación, para que nuestros pecados fueran perdonados y un día pudiéramos estar toda una eternidad junto a Él. Si hablamos de humildad y humillación nada es comparable a lo que Jesús hizo por nosotros.

Todo se trata de una Relación personal con Dios

¿Te imaginas entrar a una relación de noviazgo o matrimonio donde la otra persona lo único que hiciera todo el tiempo fuera seguir una lista de lo que un buen novio o esposo debe hacer? Imagínatelo en verdad, se vestiría como alguien que te amara, te trataría como si te amara, hablaría de ti a otros como si estuviera enamorado de ti, te daría los regalos indicados y pasaría tiempo contigo pero ¡no estaría interesado en tener una relación personal contigo! En pocas palabra: no te amaría pero nadie lo notaría.

Manteniendo un corazón sano

Las heridas en el corazón son inevitables, pero la amargura, rencor y odio que guardamos como consecuencia de esas heridas son totalmente nuestra responsabilidad, si siguen allí es porque ¡no hemos ido a dejar nuestras situaciones en manos del Señor! Hemos querido ser los jueces de lo que nos sucedió para poder condenar y castigar con dureza a quienes nos hirieron, ¿es que hemos olvidado cómo fue que Jesucristo lidió con nuestras faltas y ofensas?, ¿cuánta dureza y castigo usó contra nosotros? ¡Su respuesta fue amarnos y entregarse por nosotros en una cruz!