Gastando nuestra vida por amor a Dios

Si aspiramos a vivir una vida que agrade a Dios debemos aprender a ver a través de sus ojos y a sentir según su corazón. Dios no pone su mirada en lo que parecemos ni mucho menos en lo que poseemos, Él mira quiénes somos y qué llevamos en el corazón. Tendemos a juzgar a las personas por su apariencia, sus posesiones o sus atributos físicos, nos dejamos llevar por lo que hay delante de nuestros ojos y solemos prejuzgar en nuestro interior a quienes no entendemos o conocemos. ¡Tenemos que aprender a ver más allá de lo que tenemos en frente!

Dando más allá de Nuestras Fuerzas

Invierte tiempo en tu familia, cuida tu salud, ¡invierte tiempo en conocer a Dios y su Palabra! No podemos pasarnos la vida diciendo que daremos algo que no nos hemos esforzado por obtener, queremos agradar a nuestro Señor pero no le damos tiempo, queremos aprender a escucharlo pero no lo buscamos, y esto mismo hacemos en nuestras relaciones personales y familiares. ¡Seamos hombres y mujeres de palabra! Demos de nosotros no sólo buenas intenciones sino también firmes decisiones.

Perdonados para perdonar

Perdonar es una decisión aunque solemos experimentarlo como una emoción. Cuando alguien nos lastima de manera intencional o accidental nos causa una ofensa de la cual es culpable en nuestra mente y corazón hasta el día que decidamos perdonársela. Muchas de las ofensas que nos hacen que son superficiales solemos perdonarlas o hasta olvidarlas fácilmente, sin embargo hay otras que pueden causar heridas profundas en nosotros si quien las hace es alguien que apreciamos o es alguien en quien confiamos. ¿Cómo podemos perdonar a alguien que nos ha lastimado cuando ni siquiera nos ha pedido perdón o incluso cuando nos lastimó intencionadamente?

Dios quiere ser tu Único Amor

La historia del amor de Dios es sin duda la más grande historia jamás contada: un rey lleno de poder y riquezas que no tenía necesidad de nada ni de nadie decidió un buen día amar y darlo todo por un montón de personas corruptas, sucias y sin ningún interés de conocerle. Nos amó hasta la cruz, nos amó sin preguntar y sin obligarnos a corresponderle. Nos amó porque le plació hacerlo, nos vino a buscar, nos adoptó en su casa, nos enriqueció, nos dio su nombre y nos está preparando una morada eterna y sin igual cuando ¡no lo merecemos!, ¡no hemos hecho nada para ganarlo!

Afirmándonos unos a otros

El principal motor de nuestra relación con Dios y con las personas a nuestro alrededor debería ser el amor en su manera más pura y honesta, de la misma manera en que Jesucristo nos vino a amar a la cruz. La Biblia nos está diciendo que amando a los demás podemos ser afirmados en nuestros corazones de manera que vivamos de manera ejemplar e irreprensible en santidad delante de Dios. ¿Cómo es que el amor puede ser un factor de afirmación? El verdadero amor es aquel que es transparente, benigno, ve por los demás antes de por sí mismo, está listo para perdonar, para esforzarse y perseverar así como para comprometerse y entregarse sin reservas.