Perdonados para perdonar

Perdonar es una decisión aunque solemos experimentarlo como una emoción. Cuando alguien nos lastima de manera intencional o accidental nos causa una ofensa de la cual es culpable en nuestra mente y corazón hasta el día que decidamos perdonársela. Muchas de las ofensas que nos hacen que son superficiales solemos perdonarlas o hasta olvidarlas fácilmente, sin embargo hay otras que pueden causar heridas profundas en nosotros si quien las hace es alguien que apreciamos o es alguien en quien confiamos. ¿Cómo podemos perdonar a alguien que nos ha lastimado cuando ni siquiera nos ha pedido perdón o incluso cuando nos lastimó intencionadamente?

Dios quiere ser tu Único Amor

La historia del amor de Dios es sin duda la más grande historia jamás contada: un rey lleno de poder y riquezas que no tenía necesidad de nada ni de nadie decidió un buen día amar y darlo todo por un montón de personas corruptas, sucias y sin ningún interés de conocerle. Nos amó hasta la cruz, nos amó sin preguntar y sin obligarnos a corresponderle. Nos amó porque le plació hacerlo, nos vino a buscar, nos adoptó en su casa, nos enriqueció, nos dio su nombre y nos está preparando una morada eterna y sin igual cuando ¡no lo merecemos!, ¡no hemos hecho nada para ganarlo!

Afirmándonos unos a otros

El principal motor de nuestra relación con Dios y con las personas a nuestro alrededor debería ser el amor en su manera más pura y honesta, de la misma manera en que Jesucristo nos vino a amar a la cruz. La Biblia nos está diciendo que amando a los demás podemos ser afirmados en nuestros corazones de manera que vivamos de manera ejemplar e irreprensible en santidad delante de Dios. ¿Cómo es que el amor puede ser un factor de afirmación? El verdadero amor es aquel que es transparente, benigno, ve por los demás antes de por sí mismo, está listo para perdonar, para esforzarse y perseverar así como para comprometerse y entregarse sin reservas.

Dios nos quiere unidos

El diablo ha logrado que en la escala de prioridades de los creyentes y las iglesias la unidad no esté en los primeros lugares y en cambio sí aparecen doctrinas no sustentadas 100% en la Biblia, ideas humanas, prejuicios y mucho juicio, crítica y condenación. ¡Cómo serán atraídos a Jesús quienes no le conocen si la iglesia vive peleándose, comparándose y criticándose a sí misma y a las demás! Jesucristo fue claro al decirnos en el capítulo 13 del Evangelio de Juan que: el amor que tengan (los cristianos) unos por otros será la prueba ante el mundo de que son mis discípulos. Este versículo también significa lo siguiente: si no somos capaces de amarnos los unos a otros esta es la prueba ante el mundo de que no somos discípulos de Jesús.

Amando a quienes no nos aman

El título de "Hijos de Dios" no es solamente un bonito sobrenombre que usamos los que seguimos a Jesús sino que es una responsabilidad y compromiso que cargamos a todo lugar al que vamos. ¿Por qué hizo tanto incapié Jesús en amar a quienes nos nos aman? Porque al hacerlo sabía que comenzaríamos a entender el corazón de Dios pues ¿qué no es eso lo que hace el Señor cada mañana que hace salir el sol sobre justos e injustos? ¿no fue precisamente amar a quienes no lo amaban lo que hizo Jesus cuando murió en la cruz? ¿Hemos olvidado que fue su persistente amor el que nos vino a buscar cuando vivíamos como si fuéramos enemigos de Él y nos sedujo y cautivó hasta que fuimos atraídos hacia Él? ¡Amar a nuestros enemigos es una invitación a amar de la misma manera en que nuestro Señor ama! ¡Es una invitación a comportarnos como Él, desarrollar su misericordia, gracia y llegar a tener el corazón que Él tiene!