Libres para estar delante de Dios

Lectura de Hoy:
Hebreos 10:1-25 (Da un clic en el pasaje para leerlo)

Versículo clave:
“Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.” Hebreos 10:22

Libres para estar delante de Dios
(No olvides leer las instrucciones del lado izquierdo antes de comenzar)

Día con día los seres humanos nos esforzamos por simplificarnos la vida y acelerar las tareas que tenemos que hacer para alcanzar a hacer más cosas más en menos tiempo. El hombre sigue inventando carros más veloces, computadoras más potentes, edificios más altos, máquinas que hagan las tareas más pesadas, etc. Pero aunque en muchas áreas procuramos hacerlo todo más simple y accesible, en lo que respecta a la fe en Dios pareciera que nos gusta complicarnos. Cuando al fin aceptamos que necesitamos un salvador y permitimos que Dios entre a habitar en nuestro corazón para dirigir nuestra vida, en lugar de hacer lo que Él nos pide nos gusta hacer las cosas a nuestra manera. Pero olvidamos que un reino como el de nuestro Señor funciona en otro nivel de inteligencia, profundidad y sabiduría del que estamos acostumbrados. Hemos sido libres no para hacer lo que queramos con nuestras vidas, sino que hemos sido libres de nuestra antigua manera de vivir para poder conocerle y vivir haciendo su voluntad.

Jesús se entregó una sola vez y para siempre
Pues la voluntad de Dios fue que el sacrificio del cuerpo de Jesucristo nos hiciera santos, una vez y para siempre“. Antes de que Jesús viniera a morir por nosotros en la cruz, vivíamos bajo la autoridad de las leyes. ¿Cuáles leyes? La Biblia hace referencia principalmente a las leyes antiguas de los israelitas, pero adicionalmente vivíamos bajo las leyes del reino bajo el que estábamos, en el caso de muchos que no conocíamos de Dios estábamos bajo el reino de las tinieblas. Sin Jesús uno debía esforzarse por cumplir con las leyes, las cuales no podían borrar nuestros pecados, solamente perdonar la ofensa temporalmente y guardarla en un historial esperando por nuestra siguiente falla, cuando ésta llegara la ley nos daría un doble castigo al hacernos sentir mal y además recordarnos nuestras fallas antiguas y recurrentes para hacernos ver que no podíamos cambiar ni dejar de fallar. Pero entonces, Jesucristo vino a morir en la cruz por nuestros pecados para que ya no tuviéramos que vivir bajo el peso de la ley, ¿quiere decir que la ley perdió su autoridad? ¡En ninguna manera! Lo que quiere decir es que cuando dejamos que Jesús sea verdaderamente el Señor de nuestra vida, recibimos de Él la gracia y el poder para vivir de manera santa sin infringir la ley. El problema es que aunque Jesús ya vino a entregarse por nosotros, ¡hay quienes siguen creyendo que la vida cristiana es seguir reglas y aprender a lidiar con el pecado que los esclaviza! Jesús vino a darnos vida y libertad, pero si no nos esforzamos en conocerle nunca iremos más allá de creer que ser cristiano es obedecer la ley.

Jesús ha olvidado nuestras faltas
Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones.” Jesús ha hecho remisión de nuestros pecados, lo cual significa que ha perdonado nuestras faltas y ha eliminado nuestro estado de condenación por completo. No existe un registro de faltas en el cielo que se utilice para castigarnos, cuando nos arrepentimos y pedimos perdón, Dios nos perdona ¡y olvida nuestros pecados! Claro que las consecuencias de nuestras malas decisiones nos acompañan por un tiempo como resultado natural de alejarnos de Dios, pero dejamos de ser culpables de pecado y volvemos a ser santificados con la sangre de Cristo para tener acceso al trono de Dios. Sin embargo, aunque muchas personas piden perdón de sus pecados y Dios los olvida, ¡ellos no se perdonan a sí mismos ni olvidan lo que han hecho o lo que les han hecho! Hay personas que viajan por la vida con cargas pesadas de resentimientos, rencores, registros de faltas y heridas que les hicieron. Van delante de Dios a pedir perdón pero no sueltan su carga, siguen condenándose, pensando negativamente de ellos mismos, o bien, perdonan a quien los dañó pero siguen recordando las heridas, deseando que los culpables paguen sus penas o que nunca más se les acerquen para convivir con ellos. Si queremos ser realmente como Jesús y vivir en libertad ¡necesitamos olvidarnos de las faltas así como Él lo ha hecho! Jesús enseñó en el Sermón del Monte que si no perdonamos a los demás sus ofensas el Señor no perdonará nuestras ofensas. ¡Deja de llevar cargas en tus hombros! Entrégale a Jesús tus deseos de venganza, piensa y háblate vida, sustituye tus pensamientos de condenación y depresión por versículos sobre el perdón y la gracia de Dios. “Y cuando los pecados han sido perdonados, ya no hace falta ofrecer más sacrificios“.

Conclusiones
Dios nos dice a través del capítulo de Hebreos del día de hoy que debemos mantenernos firmes sin dudar o titubear (fluctuar) en nuestra esperanza en Él, porque fiel es el que lo prometió. ¿El que prometió qué cosa? Dios prometió permitirnos entrar a su presencia, prometió que perdonaría nuestros pecados, prometió salvación al enviarnos a su Hijo, prometió darnos su gracia para vencer el pecado, prometió estar con nosotros siempre y amarnos con amor perfecto por la eternidad si le dejamos ser nuestro Señor. Si Él lo prometió, ¡Él lo hará! Así que dejemos de dudar en su perdón y su amor, no permitamos que el desánimo nos aleje de congregarnos en la iglesia, no dejemos que las faltas de otros nos detengan de amarlos o que las desilusiones de la vida nos frenen de hacer buenas obras. Hagamos todo para Él, mantengámonos firmes en nuestra fe y esperanza en su Palabra. Así que teniendo libertad para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios; acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Jesucristo es el camino al padre, su sangre nos limpia de los pecados, su amor borra y olvida nuestras faltas y su justicia aboga por nosotros delante del Padre. ¡Dejemos de complicarnos en nuestra relación con Dios! Acepta su perdón, aprende a perdonarte y a perdonar a los demás, acércate a su trono con una fe firme y segura. Tener una relación con Dios y su Hijo Jesucristo no es tan complicado, solamente debemos esforzarnos y ser valientes para obedecer su Palabra y dejarnos guiar por Él.

Ideas para tu Oración de Hoy
1. Si has sentido que aunque Dios perdona tus pecados tú sigues condenándote a ti mismo, haz una oración y dile a Dios que aceptas su perdón de manera total. Pídele perdón por querer culparte a ti mismo de algo que Él ya te perdonó, decide dejar de hablar y pensar mal de ti y llena tu mente con versículos del amor, la gracia y el perdón de Dios.
2. Si tu relación con Dios está basada en reglas y no en el conocimiento de su carácter mediante la oración y la lectura de la Biblia, pídele perdón a Dios por hacerte una imagen de Él basada en ideas tuyas y dile que te hable a través de su Palabra para que le conozcas tal cual es.

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