¿Cuánto vale una persona?

Lectura de Hoy:
Santiago 2:1-13 (Da un clic en el pasaje para leerlo)

Versículo clave:
“…pero si haces acepción de personas, cometes pecado…” Santiago 2:9

¿Cuánto vale una persona?
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¿Qué es lo que hace a algo valioso? Generalmente lo hace aquello que estamos dispuesto a pagar por él, independientemente del tipo de recurso que invirtamos, entre más estemos dispuestos a dar es porque hemos descubierto que más valor tiene. Sabiendo esto te hago la siguiente pregunta: ¿cuánto vales?, o dicho de otro modo, ¿cuánto estarían dispuestos a dar otras personas por ti si tuvieran que pagar un precio por tu vida? No solemos hacernos este tipo de preguntas pero siendo cristianos ¡deberíamos hacerlo! ¿Para qué? Para recordar que delante de los ojos de Dios no hay nada más valioso que nosotros para Él, porque el precio que pagó por nosotros fue la vida misma de su único hijo, y pagó este precio para trasladarnos del reino de las tinieblas a la luz. Valemos toda la sangre de Jesucristo, valemos los azotes, golpes y humillaciones que recibió, valemos más de lo que algún día lograremos entender. Una pregunta más: ¿cuánto valen las personas a tu alrededor? La respuesta es: ¡lo mismo que nosotros! Porque Jesús murió por toda la humanidad, no lo hizo por algún grupo selecto de personas, no utilizó distintos tipos o cantidades de sangre por unos y por otros, dio toda su sangre, toda su vida por todos nosotros. Y si Jesús consideró que todos valemos lo mismo: ¿quiénes somos nosotros para creer que no valemos nada o para juzgar en nuestro pensamiento que otras personas que no nos agradan no valen tanto como nosotros o no merecen el amor de Dios?

Una Fe sin Acepción de Personas
La definición de la palabra acepción (www.rae.es) es: favorecer o inclinarse más a algunas personas por motivos o afectos particulares sin hacer caso del mérito o la razón. Todos en la vida nos hemos topado con personas que nos generan más afecto que otras, incluso ciertas personas nos interesan más ya sea por algún atractivo físico o por el nivel de influencia o poder que tienen. No es malo el admirar a otros o querer aprender de ellos, el problema es cuando creemos que lo que alguien hace o parece es lo que determina su valor. Si queremos que la gente conozca a Dios, necesitamos urgentemente entender que todos valemos lo mismo, pues si no lo hacemos nuestra manera de evangelizar y mostrar el amor de Dios será gravemente afectada y nuestra fe perderá su fuerza. Todos necesitan conocer a Dios, todos son igual de importantes delante de Él y es nuestra responsabilidad compartir del amor de Dios a todas las personas que Él nos muestre.

¿Qué tan Rico o Pobre eres?
El apóstol Santiago toca el tema de algunas iglesias en las que se daba un trato preferencial a los ricos sobre los pobres, a los que se vestían con joyas por encima de quienes llegaban andrajosos a la congregación. Déjame preguntarte algo ¿qué tan rico eras cuando conociste a Dios?, ¿tu corazón era una piedra de oro brillante o era un montón de trapos sucios llenos de heridas y necesidad? Hemos olvidado que la mayor de nuestras riquezas a lado de la riqueza de nuestro Padre celestial ¡no tiene valor alguno! Él es el dueño de todo, el creador, el Rey todo poderoso. Cuando comenzamos a ser selectivos en nuestras conversaciones y nuestro trato con las personas porque consideramos a otros no aptos para estar cerca de nosotros o pensamos que no vale la pena dedicarles tiempo, es entonces cuando hemos comenzado a recorrer el camino de la soberbia y la altivez y aunque no lo hayamos notado en cada paso que damos hacia esta forma de vida nos alejamos un paso de la gracia de Dios. Dios no vino por los ricos ni por los sanos, vino a buscar a los enfermos y a los pobres en espíritu, a los que cada mañana tienen la humildad de reconocer que ¡no pueden vivir separados de Él! Pero si vives sin buscarle y haciendo menos a los demás te has convertido en un rico, y en palabras de Jesús es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja a que entre un rico al Reino de los Cielos.

Hacer Acepción de Personas es Pecado
Así de claro lo dice Dios a través de esta carta en el versículo 9. Su Palabra dice que el amor debe ser el cimiento de todas nuestras relaciones interpersonales. Debemos amar a los demás como a nosotros mismos, la gente que no conoce a Dios lo conocerá a través de la manera en que los amemos a ellos y a quienes nos rodean. No podemos dejar que motivos irracionales de nuestro corazón nos hagan otorgarle valor a las personas. ¡Todos somos pecadores, todos nos equivocamos, todos necesitamos un salvador! Cuando te topas con una persona difícil de sobrellevar necesitas entender que esa área con la que batallas de su personalidad no es más que una clara evidencia de que esta persona necesita conocer a Dios. ¿Qué debes hacer al respecto? Algunos creen que la respuesta es condenarlos, acusarlos o darles “bibliazos” para que entiendan, pero en esto no es reflejado el amor de Dios. Necesitamos orar por estas personas para que Dios prepare sus corazones para recibirle y mientras tanto debemos dejar que el carácter de Dios de amor, servicio y paciencia brote por nuestros poros para que los demás sean ganados y alcanzados por el amor de Él reflejado en nuestras vidas.

Conclusiones
Él apóstol Santiago menciona en el los versículos del 8 al 13 de la lectura de hoy que al hacer acepción de personas somos declarados culpables legalmente de delito, ¿qué delito? haber quebrantado la ley de Dios y, por lo tanto, somos pecadores y quedamos separados de Dios hasta que nos arrepintamos, confesemos nuestros pecados y cambiemos nuestra manera de actuar en esa área de nuestra vida. También menciona que quien quebranta un punto de la ley se hace culpable de fallar en todos los puntos. ¿Qué quiere decir eso? Que no puedes considerarte un cristiano fiel y santo que obedece toda la ley si en tu corazón sigues guardando menosprecio por otros o sigues pensando que vales menos o más que otros. El camino hacia dejar de hacer acepción de personas está en comenzar a tener misericordia por los demás, es decir, comenzar a tener compasión por los errores y problemas de otros, comenzar a cubrir las muchas faltas de otros con amor así como te gustaría que fueran cubiertas tus muchas faltas. Cada vez que te encuentres con alguien que parece mejor o peor que tú pregúntate: ¿en base a qué escala estoy considerando que tal persona vale más o menos? E inmediatamente después pídele perdón a Dios por juzgar a otros, recuerda que todos tenemos el mismo valor de su sangre, y deja que el amor de Dios fluya en tu vida hacia los que te rodean, entonces y sólo entonces el carácter de Dios de misericordia comenzará a reflejarse en ti.

Ideas para tu Oración de Hoy
1. Piensa en al menos tres personas con quien batallas para hacer relaciones de amistad o quienes te desesperan por su forma de ser. Ora por ellos, bendícelos, pero necesitas amarlos como a ti mismo, es decir, ora por ellos con la misma pasión como oras por tus necesidades, declara sobre ellos las bendiciones que harías por ti, ora por sus familias, sus sueños y sus anhelos. Deja que la misericordia de Dios fluya a través de ti y sustituya la acepción de personas con amor fraternal.
2. Recuerda lo que dice Santiago en el versículo 13: la misericordia vence sobre el juicio. Siembra misericordia con tus acciones para que cuando en tu oración te presentes ante el trono de Dios su misericordia venza sobre el juicio de tus pecados.

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