Nuestros pecados tienen consecuencias

Lectura de Hoy:
Daniel 4:19-33 (Da un clic en el pasaje para leerlo)

Versículo clave:
“Rey Nabucodonosor, por favor, acepte mi consejo. Deje de pecar y haga lo correcto. Apártese de su perverso pasado y sea compasivo con los pobres. Quizá, entonces, pueda seguir prosperando.” Daniel 4:27


Nuestros pecados tienen consecuencias

(No olvides leer las instrucciones del lado izquierdo antes de comenzar)

Nuestra lectura bíblica del día de hoy se encuentra en la historia del profeta Daniel cuando servía como consejero bajo las órdenes del rey Nabucodonosor, un rey de quien Daniel se expresaba de la siguiente manera: “Usted ha crecido y se ha hecho fuerte y poderoso; su esplendor llega hasta el cielo y su gobierno hasta los confines de la tierra“. Este no era un rey pequeño que gobernaba algunos cuantos pueblos, ¡era un rey poderoso que había extendido su imperio por todo lugar! Sin embargo, a medida que su reino crecía mayor era su egocentrismo y su admiración por sí mismo, a pesar de que ya había tenido unas experiencias con el poder de Dios como cuando solamente Daniel pudo saber e interpretar su sueño que no le había contado a nadie o como cuando al echar al horno de fuego a Sadrac, Mesac y Abed-nego el fuego no solamente no los quemó sino que además ¡un cuarto hombre los acompañó mientras caminaban por las llamas! Había sido testigo del amor de Dios por sus hijos, de su protección, su poder, su sabiduría y su existencia y sin embargo, en su corazón no terminaba de entregarse por completo al Señor, su orgullo y obstinación lo mantenían lejos de Dios y las consecuencias de su incredulidad llegaron a su vida.

Nuestro pecado no confesado nos alcanzará
“Esto es lo que significa el sueño, su Majestad, y lo que el Altísimo ha declarado que le sucederá a mi señor, el rey. Usted será expulsado de la sociedad humana y vivirá en el campo con los animales salvajes”.  ¡Qué fuerte mensaje estaba recibiendo este rey tan rico y poderoso! Su vida en el palacio real estaba a punto de ser sustituida por una vida de pobreza, suciedad, soledad y humillación y aún así ¡no se arrepintió ni se volvió en su corazón a Dios! Todos nuestros pecados tienen consecuencias, algunas llegan más prontas que otras pero todo lo que hacemos lejos del Señor tiene la capacidad de crear heridas profundas en nuestra vida que nos dejan cicatrices físicas, emocionales y hasta espirituales ¡por años! Por más oculto que tengamos nuestro pecado o por más inofensivo que creamos que sea, ¡un poco de pecado sigue siendo una desobediencia total a Dios! Si un “pequeñito e insignificante” pecado rompe nuestra relación con Dios y nos quita toda nuestra pureza y santidad ¡entonces es un pecado inmenso y altamente peligroso que nos tiene engañados! Delante de Dios no hay tamaños, colores ni “gravedad” de pecados, Él no pone su mirada en nuestras acciones sino en nuestro corazón, más allá del acto equivocado que hagamos o de la vergüenza que sintamos al ser descubiertos el verdadero daño y mal de pecar está en nuestro corazón, porque es allí donde está comenzando a enfriar nuestro amor por el Señor, a apagar nuestra fe y a abrir puertas para que mayores ataduras y maldad entre a habitar a nosotros.

Solo hay una salida de escape del pecado
“Durante siete períodos de tiempo vivirá de esta manera hasta que reconozca que el Altísimo gobierna los reinos del mundo y los entrega a cualquiera que él elija”. El camino hacia la libertad del pecado y hacia volver a una vida de santidad inicia con un genuino arrepentimiento del mal que estamos haciendo, pero reconocer que somos pecadores, ¡no es ningún gran descubrimiento! el arrepentimiento no es solamente admitir la falta, es también cambiar de rumbo y comenzar a caminar en dirección opuesta, es deshacernos de lo que nos provoca una y otra vez volver a pecar, escoger nuestras amistades con sabiduría, poner atención a lo que vemos, pedir ayuda a personas que nos aman y comenzar a llenarnos con la Palabra de Dios para que a medida que su verdad nos inunde toda mentira, pecado y maldad comiencen a ceder y salir de nuestra mente y corazón. El profeta Daniel no solamente le dijo la maldad que venía a la vida del rey como consecuencia de su pecado, también le mencionó cuando llegaría a su fin el castigo que recibiría: cuando reconociera que el Altísimo Dios era quien verdaderamente tenía todo el poder, quien ponía y quitaba reyes y quien era digno de toda la gloria. Porque el día que quitamos la mirada de nosotros mismos para ponerla en el Señor y reconocer su ayuda, provisión y poder el pecado en nosotros comienza a ceder.

Conclusiones
A pesar del mensaje de advertencia de Daniel la Biblia enseña que: “todas estas cosas le ocurrieron al rey Nabucodonosor”. No sucedieron inmediatamente, la gracia de Dios le dio un año más para cambiar su corazón, arrepentirse y reconocer su falta pero en lugar de esto dejó que su corazón se envaneciera aún más haciendo declaraciones como esta: “¡Miren esta grandiosa ciudad de Babilonia! Edifiqué esta hermosa ciudad con mi gran poder para que fuera mi residencia real a fin de desplegar mi esplendor majestuoso”. Su orgullo y soberbia atrajeron el juicio del Señor y las consecuencias de su pecado se cumplieron tal y como Dios lo había dicho en aquel sueño. ¿Por qué será que nos cuesta tanto admitir nuestra falta y arrepentirnos de nuestro pecado? ¡No esperemos hasta que la consecuencia venga a golpear y sacudir nuestra vida para reaccionar y volvernos a Dios! Hoy puedes detener todo pecado que está creciendo en ti o que te ha controlado por años, hoy puede ser el día uno con el que inicies una vida de libertad y restauración. ¡Corta con todo pecado en tu vida! Acércate a personas de fe que te ayuden a cambiar tus decisiones, saca de tu vida lo que tengas que quitar porque te hace pecar una y otra vez, tal vez es tu computadora, el Internet, la televisión, el servicio de cable, una relación interpersonal, alguna red social, o algo dentro de tu corazón como falta de perdón, rencor o resentimiento. ¡Toma una decisión! Pide ayuda, vuelve a la lectura de la Biblia, haz los cambios y ajustes que sean necesarios, ¡arrepiéntete y vuélvete a tu Señor! Decide tú sí escuchar el consejo que el profeta Daniel le dio al rey Nabucodonosor: “Por favor, acepte mi consejo. Deje de pecar y haga lo correcto. Apártese de su perverso pasado y sea compasivo con los pobres”.

Ideas para tu Oración de Hoy
1. Pasa unos minutos de rodillas poniéndote a cuentas con Dios, pídele perdón por los pecados ocultos y no confesados de tu corazón, pídele ayuda para vencer tu pecado.
2. Una confesión de pecados sin cambios no es arrepentimiento, así que haz planes delante del Señor de lo que harás para dejar de pecar, anótalos, ponles día, hora y manera en que terminarás con estas tentaciones y también haz planes de cuándo, cómo y a qué hora pasarás tiempo con la Biblia y te llenarás de Dios para vivir en santidad.

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