Escoge a Dios como tu único Señor

Lectura de Hoy:
1 Samuel 8:1-9 (Da un clic en el pasaje para leerlo)

Versículo clave:
“Haz todo lo que te digan —le respondió el Señor—, porque me están rechazando a mí y no a ti; ya no quieren que yo siga siendo su rey.” 1 Samuel 8:7


Escoge a Dios como tu único Señor

(No olvides leer las instrucciones del lado izquierdo antes de comenzar)

Es parte de nuestra naturaleza el querernos comparar con los demás, quienes dirigen la mercadotecnia para la venta de todo tipo de productos lo saben bien y utilizan esto para vendernos artículos que no necesitamos pero que los compramos para vernos diferentes, oler diferente y hasta parecer que tenemos un estatus económico o social diferente al que verdaderamente tenemos. El asunto está en que cuando vemos la creación de Dios encontramos que ¡no hace nada igual! Nunca encontrarás un árbol exactamente igual a otro ni un animal o un ser humano, pues aún los famosos “gemelos idénticos” tienen pequeñas variaciones físicas e inmensas variaciones de personalidad y carácter. ¿Por qué si Dios ya nos hizo a cada uno diferente y desea tener una relación personal única e individual con nosotros nos empeñamos en parecernos a los demás y buscar su aprobación y no la de nuestro Creador? ¿Qué opina Dios al respecto? Nos lo dice a través de su Palabra en el capítulo 7 de la primera carta del apóstol Pablo a los Corintios: “Dios pagó un alto precio por ustedes, así que no se dejen esclavizar por el mundo“, porque ¿qué al compararnos no estamos cediéndole parte de nuestra voluntad a este mundo?, ¿no estamos dejando que sea la sociedad quien determine nuestro valor como persona y que decida por nosotros qué comprar, cómo usar nuestro tiempo y a quién parecernos? Pareciera que hemos olvidado que no fue este mundo quien nos dio la vida ni mucho menos quien en nuestro momento de pecado dio la vida de su hijo para salvarnos, ¡fue nuestro Señor quien nos amó tanto que envió a Jesús a morir en nuestro lugar para hacernos libres! ¿Libres de qué? Del poder del pecado, precisamente ese pecado de orgullo y soberbia que nos lleva a compararnos y querer ser como los demás en un inicio para luego demostrarles que somos mejores. ¿Quieres ser único y diferente verdaderamente? Necesitas encontrar tu verdadera identidad y propósito en una relación personal con tu Creador, ¡entonces sí que marcarás una diferencia!

Querer ser más como los demás nos hace ser menos como Dios
” Finalmente, todos los ancianos de Israel se reunieron en Ramá para hablar del asunto con Samuel. «Mira, Samuel —le dijeron—, ya eres anciano y tus hijos no son como tú. Danos un rey para que nos juzgue así como lo tienen las demás naciones»“. Tras una larga etapa de inconstancia en su relación con Dios, de infidelidad y desobediencia finalmente el pueblo de Israel se había decidido a buscar y honrar al Señor, era el mismo Jehová quien peleaba sus batallas, muchas de ellas ¡de forma épica y milagrosa! y también era Él quien a través de Samuel dirigía el rumbo de sus vidas sin embargo, como leemos en nuestra lectura bíblica de hoy esto no era suficiente para los israelitas. Quizás al ver que los hijos de Samuel que habían sido nombrados como jueces “no eran como su padre, porque codiciaban el dinero; aceptaban sobornos y pervertían la justicia“, tuvieron miedo de regresar a tiempos como los de Elcana y sus hijos que los llevó a aquella dolorosa derrota donde murieron más de 30 mil hombres a mano de los filisteos. La Biblia no menciona el motivo detrás de la petición del pueblo pero sí nos deja ver lo que había en su corazón: querían ser como las demás naciones. ¿Por qué querrían parecerse a las naciones idólatras y paganas que Dios aborrecía y contra las que habían tenido interminables guerras?, ¿qué tenía de atractiva la vida de libertinaje que ellos tenían?, ¿qué no se habían dado cuenta que esas naciones tenían un Rey porque no tenían una relación personal con su Creador como la que ellos sí estaban invitados a tener? ¡Si alguien ha de dirigir nuestra vida nadie lo puede hacer mejor que nuestro Señor!, ¡Él tiene todo el amor, poder, sabiduría y recursos que necesitamos! ¡Por qué habríamos de ir a buscar nuestro propósito e identidad en la sociedad, la moda, el mundo u otra relación personal! Querer ser como los demás o darle el control de parte de nuestra vida a alguien más, ¿no es romper el pacto que hicimos al decirle a Jesucristo que fuera el Señor de nuestra vida? Porque si Él es el Señor deberíamos anhelar ser sola y únicamente lo que Él quiere que seamos y dejarlo a Él y a nadie más dirigir el rumbo de nuestra vida. Ser más como la gente que no ama ni conoce a Dios es querer ser menos como Él, si hemos de parecernos a alguien, que sea a nuestro Salvador.

¿Qué tan diferentes somos a los israelitas?
“Desde que los saqué de Egipto me han abandonado continuamente y han seguido a otros dioses. Y ahora te tratan a ti de la misma manera”. Sabemos que hemos sido capturado por este deseo de ser igual o mejor a los demás cuando nos escuchamos a nosotros mismos exigiéndole o reclamándole a Dios el que no nos prospere como a otros, que no conteste nuestras oraciones como contesta la de los demás o nos dé lo que vemos que le ha dado a otros. ¿Alguna vez has hecho estos tipos de oraciones o has tenido este tipo de sentimientos de la “injusticia” de Dios? Analicemos un momento nuestra vida y ya que nos gusta compararnos hagamos una comparación de nuestra vida con la de los israelitas. ¿Qué tanto de verdad habría en la porción de la Biblia remarcada al inicio del párrafo si la leyéramos de la siguiente manera?: “Desde que Dios te sacó de _______ (anota en la línea tu última prueba o problema del que fuiste librado por el Señor), lo has abandonado continuamente para seguir a otros dioses (tus propios placeres, tus amigos, tu noviazgo no cristiano, la corrupción, la presión social y/o tus propios sueños y anhelos personales)“. Porque si nuestra respuesta al firme y determinante compromiso de Dios de amarnos y dirigir nuestra vida es una relación inconstante con Él y un continuo deseo de satisfacer a otros o a nosotros mismos tanto o más que a nuestro Dios, entonces podemos decir que ¡somos iguales que los israelitas! O incluso, ¡peores! Porque ellos no tenían una Biblia para aprender del corazón frío y tibio de otros que fueron antes que ellos y no habían tenido la experiencia de conocer a Jesucristo y ser salvados por Él en la cruz. Aunque nos vistamos diferente, caminemos, hablemos y hasta nos riamos diferente necesitamos entender algo: por dentro, ¡todos tenemos el mismo deseo egoísta de satisfacer a nuestro orgullo e ignorar a nuestro Salvador! La verdadera diferencia la hace aquel que somete su propia voluntad bajo la voluntad de su Señor, aquel que hace a un lado sus placeres para escoger darle placer a Dios, quien decide obedecerlo sin importar lo que opinen los demás y quién cada día toma su cruz para seguirlo no poniendo su mirada en el alto precio que está pagando sino en la relación creciente que tiene con su amado Salvador.

Conclusiones
“«Haz todo lo que te digan —le respondió el Señor—, porque me están rechazando a mí y no a ti; ya no quieren que yo siga siendo su rey”. ¡No quiero que llegue el día en mi vida en la que el Señor se sienta rechazado por mí! ¿Quién soy yo para menospreciar y despreciar al Creador del universo que me ha mostrado un amor soberana e inmensamente superior al que alguien jamás me ha mostrado o mostrará?, ¿qué me hace pensar que encontraré en algo o alguien más todo lo que mi Salvador puede darme si Él mismo no se detuvo en dar hasta su propia vida por mí? ¡Asegúrate de que el único y absoluto Rey de tu vida y tu corazón sea tu Señor! Porque al darle el señorío de nuestra vida a cualquier otra persona, lugar o situación implica que se lo hemos quitado a nuestro Dios. ¿Quién es el rey de tu vida?, ¿El dinero que te hace trabajar incansablemente para cada vez tener más?, ¿tu deseo de sentirte amado sin importar el precio a pagar que te hace entrar en relaciones con gente que no respeta a Dios o hasta en relaciones desleales contra tu matrimonio?, ¿tu orgullo que no te permite perdonar y te ha hecho cargar esa ofensa y amargura por años?, ¿tu pecado que te ha hecho adicto a la murmuración, la pornografía o la mentira y corrupción? Porque todo eso que has escogido seguir, servir y adorar con tu vida ¡es idolatría y deslealtad contra el Señor! Porque llamándole a Él: “señor” te has dejado enseñorear por algo o alguien más, ¿hemos olvidado de que se trata el cristianismo? Te lo recuerdo con esta porción del capítulo 3 de la carta del apóstol Pablo a Tito: “En otro tiempo nosotros también éramos necios y desobedientes. Fuimos engañados y nos convertimos en esclavos de toda clase de pasiones y placeres. Nuestra vida estaba llena de maldad y envidia, y nos odiábamos unos a otros. Sin embargo, cuando Dios nuestro Salvador dio a conocer su bondad y amor, él nos salvó, no por las acciones justas que nosotros habíamos hecho, sino por su misericordia. Nos lavó, quitando nuestros pecados, y nos dio un nuevo nacimiento y vida nueva por medio del Espíritu Santo. Él derramó su Espíritu sobre nosotros en abundancia por medio de Jesucristo nuestro Salvador. Por su gracia él nos declaró justos y nos dio la seguridad de que vamos a heredar la vida eterna.” Escoge vivir en la libertad para la cual Dios te ha hecho libre, haz del Señor verdaderamente tu único Señor, ¡no lo rechaces más en tu corazón! Ya no seas más esclavo de toda clase de pasiones y placeres, ¡vive en la salvación que a través de la cruz has recibido! Demuestra con tus decisiones y acciones del día con día quién es el Rey de tu vida y tu corazón.

Ideas para tu Oración de Hoy
1. ¿Te ha mostrado algo el Señor en el párrafo de: ¿Qué tan diferentes somos a los israelitas? Si es así, pídele perdón por ser inconstante en tu relación personal con Él, por vivir para tus propios placeres y sueños y no tomarte el tiempo de conocer su corazón y agradarlo a Él.
2. Invita al Señor nuevamente a sentarse en el trono de tu vida y corazón, pídele que sea tu Rey y comienza a hacer los ajustes necesarios en tu vida para que esto suceda, analiza tus relaciones, acciones, la manera en que usas tu tiempo, y sobre todo pídele al Espíritu Santo que te guíe a cortar con todo aquello que te separa de tu fe y daña tu relación con Dios.

1 Comment

  1. esther

    September 15, 2018

    Me gusto muy bueno
    Quisiera recibir estudios biblicos

¿Que te parecio el estudio? Dejanos tus comentarios

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