Honrar o no a Dios es una decisión personal

Lectura de Hoy:
1 Samuel 2:27-36 (Da un clic en el pasaje para leerlo)

Versículo clave:
“Honraré a los que me honran y despreciaré a los que me menosprecian.” 1 Samuel 2:30


Honrar o no a Dios es una decisión personal

(No olvides leer las instrucciones del lado izquierdo antes de comenzar)

¡A nadie le gusta ser menospreciado! Es una sensación triste, humillante y molesta y sin embargo olvidamos esto cuando somos nosotros quienes hacemos menos a alguien más. Hace algunos años escuché al cantante y predicador español Marcos Vidal contar la siguiente anécdota: Al terminar uno de sus conciertos se hizo una fila de personas que querían que les firmara alguno de sus discos o tomarse alguna foto con él, de pronto una mujer se acercó para hablarle sin hacer fila y entonces una persona molesta de la fila le dijo: ¡Señora, respete la fila, todos queremos estar con Marcos! Y entonces ella suave y cortésmente volteó con Marcos y le dijo: ¿Cariño?, resulta que esta mujer ¡era su esposa! Y el hombre que fue descortés con ella tuvo que enfrentar un momento bastante vergonzoso. Entre más ponemos nuestra mirada en nosotros mismos y más nos vendemos la idea de que somos “personas buenas que no le hacemos mal a nadie” menos tiempo y atención nos queda para considerar a las demás personas y si no somos capaces de desarrollar la humildad suficiente para ayudar, respetar y amar a los demás ¡mucho menos lo haremos con Dios y todo lo referente a su Reino! La Palabra de Dios enseña en el capítulo 4 de la primera carta del apóstol Juan lo siguiente: “Si alguien dice: «Amo a Dios» pero odia a un hermano en Cristo, esa persona es mentirosa pues, si no amamos a quienes podemos ver, ¿cómo vamos a amar a Dios, a quien no podemos ver?”. Porque si todo nuestro amor, interés y deseos están puestos en satisfacernos a nosotros mismos a costa de quien sea, ¿de qué nos sirve entonces creer que existe un Dios al que ignoramos y con nuestra falta de interés lo menospreciamos?

 Elige al Dios que te ha elegido
“Cuando el pueblo de Israel era esclavo en Egipto, yo me revelé a tus antepasados. Elegí a tu antepasado Aarón de entre todas las tribus de Israel…”. En nuestra lectura de la Biblia del día de hoy estamos leyendo una porción donde un hombre de Dios es enviado a darle un mensaje al sacerdote Elí, ¡a quién se suponía que debía ser el hombre más cercano a Dios de todo el pueblo! Y sin embargo había decidido dejar de escuchar al Señor en ciertos asuntos de su vida. El Señor le recuerda a Elí que lo había elegido a él y sus antepasados de entre todo el pueblo de Israel el cual a su vez fue elegido de entre todas las naciones de la tierra, ¡el Creador del Universo se tomó el tiempo de hacer una selección específica para usar a estos hombres! ¡Qué gran honor! Pero con el paso de los años y las generaciones este “honor” había sido reducido por sus hijos a una oportunidad de ejercer el liderazgo de la iglesia para satisfacer sus propios deseos y pecados. ¿Qué era lo que Dios le estaba reclamando a Elí? “¿Por qué menosprecian mis sacrificios y ofrendas?, ¿por qué le das más honor a tus hijos que a mí?”. ¡Qué fuerte y directa pregunta! Jesucristo mencionó el capítulo 15 del Evangelio de Juan lo siguiente: “Ustedes no me eligieron a mí, yo los elegí a ustedes”. La única razón por la que hoy conocemos a Dios y podemos tener una relación personal con Él es porque ¡Él nos escogió! No fuimos nosotros quien en un momento de inspiración divina escogimos si queríamos o no seguirlo y obedecerlo, ¡fue Él quien en su misericordia nos fue a buscar a nuestra vida de pecado en la que vivíamos para darnos esperanza, salvación y perdón! ¿Por qué entonces actuamos como si Él fuera importante a veces y en otras ocasiones no?, ¿por qué escogemos cuándo honrarlo y cuándo ignorar su Palabra para poder satisfacer nuestros deseos? Vivimos como si el poder de decisión estuviera en nosotros, como si fuéramos capaces de salvarnos a nosotros mismos y tuviéramos garantizada la entrada al Cielo cuando la realidad es que el único que tiene poder sobre todo es Él.

Dios honra a los que le honran
“Honraré a los que me honran y despreciaré a los que me menosprecian”. La segunda parte del mensaje de este hombre hacia Elí y su familia fue tajante y severa: “Llegará el tiempo cuando pondré fin a tu familia para que ya no me sirva en el sacerdocio”. Qué triste es ver al corazón de Dios tan lleno de amor y deseoso de entrar en una relación con nosotros revelando que ha sido menospreciado y despreciado por quienes más deberíamos honrarlo y poner su nombre en alto. Jesús enseñó en el capítulo 12 del Evangelio de Lucas lo siguiente: “Les digo la verdad, a todo el que me reconozca en público aquí en la tierra, el Hijo del Hombre también lo reconocerá en presencia de los ángeles de Dios. Pero el que me niegue aquí en la tierra será negado delante de los ángeles de Dios”. El Señor se toma muy enserio su relación con nosotros, cuando nosotros lo reconocemos y honramos ¡nos presume delante de todos sus ángeles! Pero cuando despreciamos lo que ha hecho por nosotros y rechazamos toda posibilidad de conocerlo no tiene nada qué decir de nosotros delante de sus ángeles. ¡Yo anhelo ser honrado por Dios! Tan solo saber que sabe mi nombre y dio la vida de su hijo por mí ¡me es suficiente para querer agradarle todos los días de mi vida y hacer los ajustes que sean necesarios para darle el lugar más alto en mi corazón! Por supuesto que no es fácil y continuamente somos confrontados por su Verdad para corregir nuestros pasos, por eso con mayor razón ¡tenemos que decidir honrarlo una y otra vez! Anhelemos ser alguien que Dios use, alguien en quien su corazón encuentre un motivo para alegrarse, alguien que continuamente lo deja bien y pone su nombre en alto.

Conclusiones
Entonces levantaré a un sacerdote fiel, quien me servirá y hará lo que yo deseo. Estableceré para él una descendencia duradera”. No me cansaré de recordarme a mí mismo y a quienes Dios me lo permita que su Palabra nos fue dejada para que descubramos a través de ella su corazón. En medio de un mensaje de juicio y exhortación contra quienes lo menosprecian, el Señor nos dice lo que está buscando en nosotros, la manera en que podemos darle el lugar que merece: Él quiere que tengamos un corazón fiel, dispuesto a servirlo y a hacer sus deseos por encima de los nuestros. Suena bastante sencillo, ¡pero entenderlo y ponerlo en práctica no lo es tanto! Y no porque sea una tarea que requiera capacidades o habilidades especiales y complejas sino porque para hacerlo ¡tenemos que morir a nuestros propios anhelos y deseos! Dios anhela que en cada oportunidad que tengamos de defender su nombre lo hagamos, que siempre que podamos reflejar su amor y carácter lo hagamos, que aprovechemos conversaciones y situaciones del día con día para qye sus principios sean revelados a quienes no le conocen y que con nuestra vida quienes nos rodean sean atraídos por su amor y salvación. Los pequeños detalles mandan grandes mensajes, te sorprenderías de saber cuánto amor y honra le das al escoger llegar a tiempo a tu trabajo, no copiar en los exámenes, no meterte en la fila cuando manejas, involucrarte en ayudar en tu iglesia, memorizar su Palabra para obedecerla y pensar dos veces lo que hables y haces para asegurarte de que es lo que Él haría en tu lugar. No hay mejor lugar en el que podrías estar que en aquel donde están quienes honran al corazón de Dios, pues si estás allí ¡estás listo para ser honrado y bendecido por tu Salvador! Lo cierto es que la satisfacción de saber que lo estás agradando llega a ser tan intensa y plena que las bendiciones que Él te da a cambio son solamente la cereza del pastel pues el verdadero placer no está en ser honrado por Él sino en darle el honor que merece.

Ideas para tu Oración de Hoy
1. ¿Qué tal si te tomas unos minutos para honrarlo? Busca elogios, cántale, alégrate con tu Señor y dale gracias por todo su amor y todas sus bendiciones.
2. Pídele al Espíritu Santo oportunidades para honrar el corazón del Padre y pídele la sabiduría para identificarlas y el valor para aprovecharlas.

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