Honra a Dios desde tu corazón

Lectura de Hoy:
1 Samuel 2:12-26 (Da un clic en el pasaje para leerlo)

Versículo clave:
“Así que el pecado de estos jóvenes era muy serio ante los ojos del Señor, porque trataban las ofrendas del Señor con desprecio.” 1 Samuel 2:17


Honra a Dios desde tu corazón

(No olvides leer las instrucciones del lado izquierdo antes de comenzar)

Desde que era niño crecí en la fe cristiana, tengo muchas memorias de muy pequeño asistiendo a las clases para niños los domingos por la mañana, leyendo la Biblia con imágenes para niños y orando por las noches cuando tenía miedo de la oscuridad mientras me acercaba a alguno de mis hermanos mayores para que me abrazara. Sin embargo aunque desde muy pequeño fui expuesto al cristianismo pasaron muchos años antes de darme cuenta que lo que más le interesaba a Dios de mí era mi corazón. Me involucré en un sin fin de actividades en la iglesia tratando de agradarle e hice innumerables ajustes a mi comportamiento esperando obtener su aprobación pues no había entendido que no había algo que yo pudiera hacer para que me amara más ¡pues Él es todo el amor amándonos con todo su ser en todo momento! Quería honrarlo con mis acciones externas, con mi comportamiento, mis palabras y acciones pero no pasaba tiempo conociéndolo ni exponiéndome a su corazón impreso en la Biblia así que por más que me esforzaba por ser cristiano no lograba entender su voluntad para mi vida pues hacía todo menos lo que debí hacer desde el principio: invertir en tener una relación personal con Él, separar un tiempo para nosotros dos y meditar con cuidado y perseverancia en sus Escrituras. ¿Has vivido o estás viviendo algo similar en tu vida cristiana? Escucha el clamor de Dios en su Palabra: “Oh, hijo mío, dame tu corazón; que tus ojos se deleiten en seguir mis caminos” (Proverbios 23:26) Porque cuando logramos entender lo que Jesús enseñó en el capítulo 6 del Evangelio de Mateo al declarar: “Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten“, es entonces que reordenamos nuestras prioridades y verdaderamente le ponemos a Él en el primer lugar de nuestro corazón, nuestra mente y nuestra agenda. ¿Le pertenece a Dios todo tu corazón?

Dios ve lo que somos, no lo que parecemos
“Ahora bien, los hijos de Elí eran unos sinvergüenzas que no le tenían respeto al Señor ni a sus obligaciones sacerdotales”. En nuestra lectura de la Biblia del día de hoy estamos leyendo sobre los inicios de la vida del profeta Samuel a quien le tocó crecer en el templo y ser instruido por el profeta Elí. Si bien este profeta había servido a Dios con su vida había descuidado el corazón de sus hijos quienes ahora no tenían temor ni respeto por el Señor. Estos hombres a quienes se les había encomendado la importante tarea de cuidar del tabernáculo de Dios habían aprovechado su posición de autoridad para satisfacer sus propios deseos, seducir mujeres y robar de lo que debía ser sacrificado al Señor, “así que el pecado de estos jóvenes era muy serio ante los ojos del Señor, porque trataban las ofrendas del Señor con desprecio“. Muchas personas hoy en día creen que con creer que Dios existe, asistir a una iglesia u ocupar puestos de liderazgo dentro de ella ya han cumplido con su parte y pueden utilizar el resto de su tiempo para hacer lo que quieran e ignorar los mandamientos del Señor, los puedes ver los domingos comportarse como cristianos ejemplares para luego vivir el resto de la semana alejados de toda relación personal con su Salvador, lo que ellos deberían saber es que a Dios no le impresionan sus apariencias, buenas acciones ni actitudes dominicales, lo que Él está viendo es su corazón, a hombres como estos se refiere la Biblia en el capítulo 29 del libro de Isaías: “Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado“.

Honrar a Dios es una decisión personal
“Ahora bien, Elí era muy viejo, pero estaba consciente de lo que sus hijos le hacían al pueblo de Israel… Sin embargo, los hijos de Elí no hicieron caso a su padre”. Dios no tiene nietos, solamente hijos. El día que nuestra vida aquí en la tierra termine seremos llamados a estar delante de Él para ser juzgados por nuestras acciones y ¡no estarán allí nuestros padres, tíos, vecinos o amigos cristianos para hablar por nosotros! Será entre nosotros y nuestro Señor quien ese día será nuestro juez. Lo que hayamos decidido hacer con el mensaje de la cruz y con nuestra relación personal con Jesucristo determinará el veredicto final sobre donde pasaremos nuestra eternidad: en el Cielo a su lado o en Infierno alejado por siempre de Él. ¡Honrar a Dios es una decisión personal! La honra hacia alguien se ve en el respeto que se tiene por quien es y por lo que nos pide que hagamos así como en el lugar en el que ponemos a esta persona en comparación con los demás. ¿En qué lugar tienes puesta tu relación con Jesucristo en comparación con tus otras relaciones?, ¿tus conversaciones y decisiones en el trabajo, la oficina, tu casa o escuela respetan a Dios o como hacían los hijos de Elí lo menosprecian y hacen a un lado? ¡Dios pone atención a todo lo que hacemos! Sabe de memoria todas las palabra que hemos dicho, los lugares en los que hemos estado y los pensamientos y deseos que hemos desarrollado en lo profundo de nuestro ser. El Salmo 32:8 captura esta declaración del Señor: “Sobre ti fijaré mis ojos“. ¡Qué gran responsabilidad! Pero también es ¡una gran oportunidad para escoger en todo momento agradar el corazón de nuestro Señor y darle el lugar que merece sabiendo que Él nos está viendo y escuchando!

Conclusiones
“No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, que han de ser sujetados con cabestro y con freno, porque si no, no se acercan a ti”. (Salmos 32:9) Escoge voluntariamente acercarte al Señor y agradar su corazón, ¡no esperes a que vengan las pruebas o los problemas para corregir tu vida y acercarte a Él! Quien vive así nunca desarrolla una verdadera relación con Dios. ¿Podrías ser amigo de alguien que únicamente te busca cuando quiere pedirte algo o te pide un favor? ¡Gracias a Dios que el amor de nuestro Salvador no es como el nuestro! Pues aunque muchos de nosotros solamente “usamos” nuestra fe para aliviar nuestro dolor, Él sigue amándonos con paciencia y lealtad esperando por el momento en que decidamos entregarle nuestro corazón. A la par de que estos hombres menospreciaban al Señor la Biblia enseña que: “Samuel, aunque era solo un niño, servía al Señor y crecía en estatura física y en el favor del Señor y en el de toda la gente“. Dios tenía su mirada puesta no solamente en el mal que hacían los hijos de Elí sino también en el corazón que estaba desarrollando Samuel aún y cuando era solo un niño. ¡Nunca se es demasiado joven o viejo para honrar a Dios con nuestro corazón! El profeta Elí le hizo la siguiente pregunta a sus hijos: “Si alguien peca contra otra persona, Dios puede mediar por el culpable. Pero si alguien peca contra el Señor, ¿quién podrá interceder?“. Menospreciar una relación con el Señor es un gran riesgo, no porque Él vaya a ejecutar un castigo contra nosotros sino porque el día que en nuestra desesperación y perdición querramos volver a Él la vergüenza, la incredulidad y el pecado con el que el enemigo nos ha cegado nos lo impedirá. Escucha hoy el llamado de tu Señor buscando tu corazón e invitándote a acercarte a Él, ¡no lo hagas esperar más! Haz de tu fe un estilo de vida real, genuino y personal. “Busquen a Jehová mientras puede ser hallado, llámenlo en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar“.

Ideas para tu Oración de Hoy
1. Si el Espíritu Santo te ha mostrado en el estudio de hoy que no le estás dando la honra y respeto a Dios que merece ni le has dado importancia a una relación personal con Él necesitas hacer pronto dos cosas: Primero pídele perdón en oración por hacerlo a un lado y menospreciarlo; segundo: ¡acepta su invitación a acercarte a Él! Pasa tiempo cada vez que puedas orando, platicando con Él y leyendo la Biblia buscando conocerle.
2, Mantente consciente durante todo el día del hecho de que Dios tiene su mirada fija sobre ti para buscar detalles, palabras, situaciones y acciones con las que constantemente puedas honrarlo y agradar su corazón.

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