Derrama tu corazón ante Dios

Lectura de Hoy:
1 Samuel 1:1-18 (Da un clic en el pasaje para leerlo)

Versículo clave:
“Oh Señor de los Ejércitos Celestiales, si miras mi dolor y contestas mi oración y me das un hijo, entonces te lo devolveré. Él será tuyo durante toda su vida.” 1 Samuel 1:11


Derrama tu corazón delante de Dios

(No olvides leer las instrucciones del lado izquierdo antes de comenzar)

¿Alguna vez has pasado por una etapa de sufrimiento o dolor que pareciera que ha terminado con todas tus fuerzas y por la que pareciera que por más que oras tu oración no es escuchada ni contestada? ¡Qué difícil es experimentar etapas de prueba en las que nos sentimos solos y desamparados! Pero la gran verdad que las aflicciones tratan de hacernos olvidar es la promesa que nos hizo Jesucristo en el capítulo 28 del Evangelio de Mateo: “he aquí yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo“. Y entonces, si Él está con nosotros, ¿por qué pareciera que nuestras circunstancias no cambian por más que le pedimos a Dios que intervenga en ellas? Por la sencilla razón de que Él tiene un plan, un tiempo y un propósito mayor que va más allá de lo que nosotros podemos ver o entender en este momento de nuestra vida. La historia del profeta Samuel es la historia de uno de los profetas más reconocidos del Antiguo Testamento por la relación tan cercana que tenía con Dios y por el cuidado que se toma la Biblia para hablar de varias etapas de su vida. ¡Hay mucho del corazón de nuestro Señor detrás de esta historia! Esta historia comenzó varios años antes de que Samuel naciera e inició en el corazón de su madre llamada Ana, precisamente en un momento en el que experimentaba la amargura de no recibir el anhelo más grande de su corazón, pero fue en medio de esa etapa tan dura y gris de su vida que: “ella con amargura de alma oró a Jehová“, ¡Ana nunca imaginó que su oración daría a luz a uno de los hombres más ejemplares y determinantes de la historia de toda su nación! En una etapa de frialdad espiritual la oración de fe y el clamor del corazón de esta mujer hizo la diferencia.

Cuando Dios contesta con un: No.
“Y cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio, daba a Penina su mujer, a todos sus hijos y a todas sus hijas, a cada uno su parte. Pero a Ana daba una parte escogida; porque amaba a Ana, aunque Jehová no le había concedido tener hijos”. Nuestra lectura bíblica del día de hoy inicia con los padres de Samuel varios años antes de que él fuera concebido, su padre Elcana tenía dos mujeres: Ana y Penina, en aquellos tiempos era común que los hombres tuvieran más de una esposa, sobre todo si una de ellas era estéril y a través de ella no podía llegar un heredero que continuara con el legado familiar. Penina le había dado hijos a Elcana pero Ana no, y cuando la Biblia explica el motivo lo dice así: “Jehová no le había concedido tener hijos“, es decir, el mayor anhelo del corazón de esta mujer no había sucedido ¡porque Dios no se lo había concedido! Solemos orar esperando que Dios nos conteste siempre que sí a nuestras peticiones e intervenga a nuestro favor en la situación que estamos atravesando y sin embargo debemos aceptar la posibilidad de que Él tenga otro plan y por ahora su respuesta a nuestra petición sea un: ¡No!. El profeta Isaías en el capítulo 55 capta la siguiente declaración del Señor: “Mis pensamientos no se parecen en nada a sus pensamientos —dice el Señor—. Y mis caminos están muy por encima de lo que pudieran imaginarse. Pues así como los cielos están más altos que la tierra, así mis caminos están más altos que sus caminos
y mis pensamientos, más altos que sus pensamientos“, cuando llegamos a comprender esta declaración, ¡deberíamos sentirnos honrados cada vez que nuestros pensamientos van de acuerdo a los pensamientos del Creador del Universo en el que reposa todo conocimiento y sabiduría! Por supuesto que más de una vez nuestra limitada percepción de la vida y la realidad ¡no coincidirá con los planes perfectos y eternos de nuestro Señor! La pregunta que debemos hacernos es: ¿qué haremos al respecto?, ¿rendirnos?, ¿ofendernos?, ¿alejarnos de Él?, ¿dejar de buscarlo?, ¿buscar respuesta en algo o alguien más? Ana tenía en claro lo que debía de hacer: Ana se levantó y fue a orar.

Dios siempre te está escuchando
“Ana, con una profunda angustia, lloraba amargamente mientras oraba al Señor… Oh Señor de los Ejércitos Celestiales, si miras mi dolor y contestas mi oración…”. Detrás de cada letra, acento, punto y coma de la Biblia está el corazón de nuestro Señor esperando por ser descubierto, ¿cuál fue la reacción de Dios ante esta oración de Ana? Considera lo siguiente: Ana esta profundamente angustiada, estaba llorando con amargura de corazón, la Real Academia Española define amargura como: aflicción o disgusto, es decir, ¡Ana estaba afligida y disgustada y no podía contener su llanto ante el dolor y la tristeza que experimentaba! Cuando alguien se siente así, ¡difícilmente habla en un tono suave y amable!, por el contrario solemos reclamar, frustrarnos y sentir desesperación en momentos como este. Y sin embargo a pesar de todo lo que ella estaba pasando, Ana escogió atravesar por su desierto en la presencia de Dios, delante del Señor y no alejada de Él. La Biblia nos dice un par de características más de la oración de esta mujer: “Pero Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía“. Es decir, ¡era dentro de ella que estaba sucediendo toda esta lucha y pesar! Pero pon tu mirada en el corazón del Señor, a pesar de que todo sucedía en su corazón y sus pensamientos pues su voz ni siquiera se escuchaba ¡Dios sí estaba poniendo atención a cada detalle y sabía perfectamente cómo se sentía! Cuando levantas un clamor al Cielo aún cuando este solamente existe en lo profundo de tu ser, ¡tienes toda la atención de Dios! El Señor no se ofendió ni alejó al ver la amargura de su hija, ¡Él la conocía bien y entendía cómo se sentía! No hay mejor lugar a dónde correr en medio de las pruebas ¡que a la presencia de nuestro Creador! Si hemos de derramar nuestro corazón y desahogar nuestra frustración, enojo y desesperación ¡hagámoslo delante de nuestro Salvador que nos ama tanto y entiende nuestros motivos!

Conclusiones
“Como estoy muy desanimada, derramaba ante el Señor lo que hay en mi corazón. ¡No piense que soy una mujer perversa! Pues he estado orando debido a mi gran angustia y a mi profundo dolor”. Sé honesto contigo mismo, qué pondríamos después de la siguiente declaración: “como estoy muy desanimado/desanimada entonces…”, muchas personas anotarían algo como: me alejo de Dios, dejo de orar, tomo alcohol para olvidar, me sumerjo en algún pecado, busco amor o placer en cualquier lugar o simplemente dejo que la depresión me derribe por completo. ¿Qué hizo Ana? Como estaba muy desanimada lo único que se le ocurrió fue: ¡derramar ante el Señor lo que había en su corazón! Esta mujer tenía en claro que en los tiempos de profundo dolor y gran angustia ¡necesita doblar su rodilla y acercase a Dios! Pero un momento, ¿qué no era el mismo Dios al que se acercaba el mismo que no le quería dar el hijo que anhelaba? ¡Sí era el mismo! Pero la fe de Ana estaba por encima de su sus propios anhelos e intereses, su relación con el Señor estaba basada en quien era Él y no en lo que ella quería, ¡estaba dispuesta a aceptar la voluntad de Dios a pesar de que por ahora le causara dolor y amargura! ¡Qué nivel de confianza, dependencia y sobre todo de fe tenía la madre de Samuel! Por supuesto que no es sencillo cruzar por etapas de desilusión, tristeza y sufrimiento, ¡nadie andaríamos por esos caminos si nos dieran a escogerlos! Pero esos son los caminos que nos hacen darnos cuenta nuestra necesidad de un Salvador, son las maneras en que nuestro corazón es probado, formado y preparado para recibir lo que Dios tiene para nosotros, porque cuando nuestras fuerzas se acaban y nos dejamos caer en las manos de nuestro Señor es cuando estamos lo suficientemente suaves y frágiles para que Él nos pueda moldear y dirigir. “¡Ve en paz! Que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido. Así que se fue, comenzó a comer de nuevo y ya no estuvo triste“. ¡Haz de la presencia del Señor el lugar donde tu tristeza, lamento, amargura y dolor se desvanezcan! Pon tu confianza en Dios, haz de su poder tu esperanza y de su provisión tu paz, has de su amor el cimiento de tu corazón y de su misericordia la seguridad y estabilidad que necesitas para enfrentar toda prueba y adversidad. Haz de tu relación con Él el motor de tu vida.

Ideas para tu Oración de Hoy
1. ¡A Dios no le molesta escuchar tus lamentos y tristezas! Sé honesto con Él y dile exactamente cómo te sientes, dile cuánto tienes orando y esperando por aquello que no has recibido, dile cómo a veces crees que no te escucha o no pone interés en lo que necesitas.
2. Una vez derramado tu corazón, pídele ahora que te ayude a quitar tu mirada de tu situación y ponerla en su carácter y su corazón. Pídele que te ayude a ver la gran misericordia, bondad y fidelidad que te ha mostrado en tu vida, dale gracias por escucharte siempre y con atención y por nunca faltar a su promesa de estar a tu lado cada día de tu vida.
3. Pídele a Dios que aumente tu fe y comprométete a hacer de su Presencia el lugar donde te escondas de la aflicción.

4 Comments

  1. Tatiana

    November 18, 2015

    Mil gracias por tan bello mensaje. Dios habló a mi corazón y reveló el verdadero propósito de la oración y cómo quiere Dios que le oremos: “derramando nuestro corazón de par en par”. Millones de bendiciones.

  2. admin

    December 1, 2014

    Muchas gracias Mike! Te mando un fuerte abrazo a ti y a tu familia

    DN

  3. Mike Rios

    November 29, 2014

    Cada “Deblogcional” es de muchísima bendición para la vida de muchas personas. Que Dios bendiga a los escritores, un abrazo, y que el Reino de Dios siga siendo proclamado. Saludos!!!

  4. betzy

    November 26, 2014

    Gracias a Dios por invertir su tiempo en el reino de Dios, con sus ensenanzas bendice mi vida.

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