No hay mayor Tesoro que conocer a Dios

Lectura de Hoy:
Mateo 6:19-21 (Da un clic en el pasaje para leerlo)

Versículo clave:
“Donde esté tu tesoro, allí estarán también los deseos de tu corazón.” Mateo 6:21


No hay mayor tesoro que conocer a Dios

(No olvides leer las instrucciones del lado izquierdo antes de comenzar)

Cuando era niño y estaba en el jardín de niños recuerdo al menos tres juegos que me gustaba jugar en cada hora del recreo o descanso que nos daban a media mañana: a hacer una trampa donde pudiera atrapar un pájaro para tenerlo de mascota (que por supuesto nunca lo logré), a jugar fútbol (aunque nunca fui muy bueno así que solía ser mi última opción) y a buscar un tesoro. ¿Alguna vez te has imaginado todo lo que podrías hacer si descubrieras un tesoro o recibieras una herencia millonaria inesperada? Me parece que es el sueño de más de uno, guardamos una lista de lugares que quisiéramos visitar, cosas que nos compraríamos y un estilo de vida que disfrutaríamos si recibiéramos un gran tesoro con el que pudiéramos hacer lo que quisiéramos. Un tesoro representa algo de mucho valor y que tiene un muy alto precio. ¿Cuáles son tus tesoros más preciados? Tal vez una carta antigua que alguien te escribió, algunas joyas que te regalaron o compraste, o quizás algunos objetos coleccionables, un libro, instrumento musical u otro objeto que representa algo muy importante para ti. Solemos asociar experiencias, personas y emociones a lo que consideramos nuestros tesoros de modo que si somos completamente honestos Jesús tenía razón al mencionar en el pasaje de nuestra lectura de hoy que donde está nuestro tesoro es donde también hemos puesto los deseos de nuestro corazón. ¿Notaste el orden? Primero le damos valor a algo, luego lo ponemos por encima de todo lo que consideramos valioso al grado que se convierte un tesoro personal y entonces los deseos de nuestro corazón y nuestro corazón mismo nos siguen en nuestra elección. Mucha gente hoy en día se aleja de Dios o cuestiona su fe por que no “sienten” a Dios o no “disfrutan” una relación con Él cuando la verdad es que quieren empezar por el final: disfrutar algo que no escogieron primero darle el valor que le correspondía y luego ponerlo por encima de todo lo que consideraban importante. Nuestro corazón no se ha ido detrás de Dios porque no hemos decidido hacer de nuestra relación con Él un verdadero tesoro invaluable que cuidemos por encima de todo lo demás.

Tesoros “baratos”
“No almacenes tesoros aquí en la tierra, donde las polillas se los comen y el óxido los destruye, y donde los ladrones entran y roban”
. ¿Te imaginas haber guardado por años alguna joya que siempre creíste que valdría una fortuna para que el día que finalmente la llevas a un joyero para venderla descubras que era una imitación sin valor alguno? ¡Qué frustrante y decepcionante sería! Mientras Jesucristo daba su discurso conocido como el Sermón del Monte mencionó que todos los tesoros que almacenamos aquí en la tierra ¡pueden ser dañados, robados o simplemente perder su valor! ¿Qué de todo lo que atesoras te lo llevarás contigo el día que mueras y partas para estar delante del Señor? Mi mamá solía contar una historia que concluía diciendo que aún si lográramos llevarnos una maleta llena del oro más puro y caro al llegar al Cielo nos daríamos que allá lo usan de concreto ¡para pavimentar las calles! (Apocalipsis 21:21) A todo aquello que consideramos un “tesoro” es a dónde dejaremos que nuestro corazón se vaya. ¿Qué es lo más importante para ti? ¿Amar y ser amado?, ¿tener mucho dinero?, ¿ser famoso o exitoso en tu trabajo?, ¿tener una familia feliz?, ¿satisfacer tus propios deseos? Allí donde inviertes más tiempo, donde das lo mejor de ti, donde anhelas estar es donde está tu corazón. Jesús enseñó en el capítulo 12 del libro de Mateo que: “El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas.” Al final somos el resultado de lo que hemos atesorado, de lo que hemos dejado que entre a nuestro corazón y eche raíces, de lo que hemos codiciado, anhelado y puesto en primer lugar de nuestro corazón.

Un Tesoro que nadie te puede quitar
“Almacena tus tesoros en el cielo, donde las polillas y el óxido no pueden destruir, y los ladrones no entran a robar”
. Uno de mis pasajes favoritos de la Biblia está en el libro de Jeremías 9:24 y captura las siguientes palabras del Señor: “Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová”. ¿Quieres presumir de algo?, ¿quieres tener el tesoro más valioso?, ¿quieres algo por lo que verdaderamente valga la pena ser famoso y reconocido? ¡Que sea porque entiendes y conoces al Señor! ¡Eso sí que es digno de admirarse! Porque no hay personas más felices y ricas sobre la faz de la tierra que aquellas que saben cuál es el propósito para el que fueron creadas ¡y lo cumplen con libertad y plenitud cada día! La paz interior, la estabilidad del corazón, la seguridad del alma y la certeza de una salvación eterna que solamente Jesús te puede dar ¡no hay dinero ni tesoros que los puedan comprar! ¡Nada se compara a sabernos amados por Jesucristo! ¡A saber que nos conoce, nos acepta y quiere usarnos en sus planes eternos y sobrenaturales! Jesús enseñó que si hemos de almacenar tesoros en algún lado ¡que sea en el Cielo! Y de acuerdo a lo que hemos estado leyendo podríamos decir que el principio detrás de la lectura de hoy es que si hemos de entregarle nuestro corazón a alguien ¡que sea a Él! ¡Si hemos de atesorar algo que nada nos pueda robar, quitar o devaluar que sea el conocer a nuestro Salvador y sabernos conocidos por Él! Pero este tesoro es algo que solamente nosotros podemos escoger aceptar, acumular y cuidar con nuestras decisiones de fe de cada día.

Conclusiones
“Donde esté tu tesoro, allí estarán también los deseos de tu corazón”. ¿Dónde te gustaría que estuviera tu corazón el día de hoy?, ¿cómo te gustaría que fuera tu relación personal con Jesucristo?, ¿más real, personal, con mayor comunicación o con más pasión? ¡Necesitas comenzar por darle al Señor el honor que se merece! Una relación personal con Él debe ser tratada como ¡lo más valioso que nunca jamás podrás tener! Nuestro corazón se irá detrás de lo que atesoremos, pero si nunca hemos atesorado el orar, leer la Biblia ni crear experiencias personales con nuestro Señor ¡no podemos aspirar a vivir un cristianismo emocionante y apasionado! Los deseos de nuestro corazón son una consecuencia de lo que hemos sembrado en él. ¡Siembra palabras de fe, invierte lo mejor de tu tiempo y ama por encima de todo a tu Dios! Y entonces sí empezarás a disfrutar de los tesoros eternos aquí en la tierra y a almacenarlos allá en el Cielo. Alguien dijo una vez que la verdadera riqueza no se mide en cuánto gastas sino en cuánto te queda después de haber gastado y entonces al final del día cuando se apagaron los reflectores, se calmaron los aplausos y cerraron los bancos, ¿con qué te quedas en tu interior? ¿con un vacío profundo, una herida del pasado que parece que no se va, indiferencia o depresión? Porque esa es tu verdadera riqueza y tu verdadero tesoro, el que llevas dentro cuando nadie te ve ni está a tu lado. Jesús mencionó también en el capítulo 12 del Evangelio de Mateo que: “de la abundancia del corazón habla la boca“, ¿qué te dices a ti mismo cuando te equivocas o cuando eres lastimado o rechazado por otros? Hoy puedes escoger cambiar la pobreza de tu interior por una riqueza eterna, dale a Jesucristo la oportunidad  de darle valor y verdadero significado a tu vida. Toma la decisión de por encima de todo y de todos poner tu relación personal con Él, siéntate a pasar tiempos en su Palabra, ora, ábrele tu corazón, clama por su ayuda y anhela su corazón. ¡Haz de tu relación con Jesucristo tu mayor tesoro!

Ideas para tu Oración de Hoy
1. Piensa unos minutos en cómo gastas tu tiempo, recursos y emociones con mayor frecuencia. Haz una lista breve, ¿cuánto de todo esto tiene que ver con crecer en tu fe y tu relación personal con Jesús? Si has notado que estar con Él o conocerlo no es parte de tus prioridades ¡haz un alto! Reconsidera tu estilo de vida y escoge darle a tu Salvador el valor que merece.
2. Pídele a Dios que te ayude a conocerlo y a amarlo más de modo que puedas jacer de Jeremías 9:24 un motivo por el cual seas alabado por otros y por ti mismo.

1 Comment

  1. Hozana Encinas

    March 21, 2018

    Me encantan estos devocionales y me han servido mucho para mi vida espiritual…nada más que ya no se mandan a diario. Me gustaría saber si se van a seguir mandando.. Gracias Dios los bendiga.

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