Orando como lo enseña la Biblia

Lectura de Hoy:
Mateo 6:5-8 (Da un clic en el pasaje para leerlo)

Versículo clave:
“Pero tú, cuando ores, apártate a solas, cierra la puerta detrás de ti y ora a tu Padre en privado. Entonces, tu Padre, quien todo lo ve, te recompensará.” Mateo 6:6


Orando como lo enseña la Biblia

(No olvides leer las instrucciones del lado izquierdo antes de comenzar)

El inicio del ministerio de Jesús fue un hecho histórico sin precedentes. Alrededor de 30 años antes su llegada al mundo estuvo rodeada de eventos celestiales, visitas de ángeles, una virgen embarazada como resultado de una intervención divina y unos sabios de oriente siguiendo una estrella que los guiaría a conocer y adorar al Rey del Universo. Dios escogió un humilde pesebre como la puerta de entrada para que Jesús viviera entre la humanidad que había creado. ¿A qué había venido?, ¿cuánto tiempo tardaría en comenzar a hacer la obra que se le había encomendado?, ¿qué tenía que decirnos?, ¿qué eventos sobrenaturales lo seguirían acompañando el resto de su vida si el inicio había sido asombroso e inimaginable? El Sermón del Monte fue el día cero, el inicio de un ciclo de eventos que cambiaría la historia de la humanidad. ¡Las palabras que habló Jesucristo fueron seleccionadas con cuidado por el Creador del Universo para que fueran declaraciones puras de verdad sobre las cuales tú y yo pudiéramos construir nuestra fe y cristianismo! Eran los cimientos sobre los que se edificarían millones y millones de relaciones personales de hombres y mujeres con Jesucristo. En la lectura del día de hoy llegamos a la porción de este sermón donde por primera vez Jesucristo habla sobre la oración. ¡Los cimientos sobre una de las actividades más trascendentales de la vida de un cristiano estaban siendo revelados! Dediquemos el estudio del día de hoy y el del día de mañana a conocer cómo es la manera en que de acuerdo a las enseñanzas de Jesús debemos orar y qué es lo que espera de nuestras oraciones. ¡Por años las religiones han dado su punto de vista sobre la oración y han tratado de imponer sus ideas y sus métodos! Así que abre tu corazón para ser confrontado por la verdad de la Palabra y descubrir si estás orando como Él quiere que ores o si hay algo que debes ajustar.

La Oración es una conversación Personal con Dios
“Cuando ores, no hagas como los hipócritas a quienes les encanta orar en público… donde todos pueden verlos. Pero tú, cuando ores, apártate a solas, cierra la puerta detrás de ti y ora a tu Padre en privado”. Imagina un día encontrarte con un compañero de la escuela o del trabajo a quien solamente conoces de vista pero nunca han cruzado palabras en un centro comercial ¿cómo reaccionarías si al verte corriera a darte un abrazo para luego exclamar: ¡amigo mío qué gusto verte!? ¡Nos parecería un comportamiento totalmente extraño y hasta aterrador! Tal vez no se lo diríamos pero seguramente sí pensaríamos lo siguiente: ¡Qué le sucede si apenas si nos conocemos! Una oración en público que no está respaldada por una relación privada con el Señor ¡es exactamente lo mismo! ¡No podemos aparentar algo que no tenemos ni ser alguien que no somos solamente para quedar bien con otros! Esto es precisamente lo que significa la hipocresía: fingir cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan (www.rae.es) Es decir, ¡si no hemos experimentado una relación con Él a solas dejemos de actuar ante los demás como si sí la tuviéramos! El primer paso para orar de acuerdo a lo que Jesús nos enseña es decidir de manera personal y voluntaria separar un tiempo para estar a solas con Él, es algo que nadie puede hacer por nosotros, nadie puede experimentar nuestra oración con el Señor por nosotros, la oración es una vivencia personal y única en la que cada uno de nosotros debemos decidir participar a solas con nuestro Dios. De modo que si oras más en público que en privado, ¡estás siendo incoherente y estás fuera de orden! Ve a tu cuarto, cierra la puerta detrás de ti y preséntate ante tu Señor, ábrele tu corazón, cuéntale todo lo que sientes, piensas, planeas y temes, sé tú mismo, hazle preguntas, exponle tus quejas, dudas, confusiones e inseguridades. Una oración no es algo que se deba hacer a la ligera, por costumbre, tradición u obligación sino que debe ser un acto consciente en el que sabemos en todo momento que estamos conversando con Dios y que Él nos está escuchando con atención de modo que no podemos simplemente hablar por hablar ni para impresionar a otros, ¡es una conversación seria, personal y formal con el Creador del Universo! Y como tal debemos tomarla o de lo contrario ¡es mejor quedarnos callados!

¡La oración no es una mera Repetición de Palabras!
“Cuando ores, no parlotees de manera interminable como hacen los seguidores de otras religiones. Piensan que sus oraciones recibirán respuesta solo por repetir las mismas palabras una y otra vez”. Sin intención de ofender a nadie quiero recalcar lo siguiente, ¿qué pensaríamos de alguien que para relacionarse con nosotros o darnos un mensaje se dirigiera hacia nosotros repitiendo un conjunto de palabras memorizadas una y otra vez sin terminar? ¡Pensaríamos que sus habilidades de comunicación son muy limitadas y que su interés en establecer una conversación real con nosotros es muy poco! Puedes buscar en toda la Biblia y no encontrarás ninguna ocasión en la que Dios le pidió a alguien que para pedirle algo debería repetir una y otra vez un rezo creado por alguien más y mucho menos encontrarás que para recibir su perdón debas ¡pagar el castigo de repetir un rezo cierta cantidad de veces! ¡Esto no lo enseñan las Escrituras y es totalmente opuesto a establecer una relación personal con Dios! Jesús fue claro al decir que ¡no debíamos hablar de manera interminable pensando que así serían contestadas nuestras oraciones! La traducción Reina Valera le llama a esto: “vanas repeticiones” que hacen quienes no conocen a Dios (los gentiles). El versículo 8 del capítulo 6 del Evangelio de Mateo que estamos estudiando hoy captura la siguiente instrucción de Jesucristo: “No seas como ellos“. Orar no es una repetición interminable de enunciados creados por alguien, hacer estas repeticiones no es una condición para que nuestras oraciones sean escuchadas o contestadas y mucho menos un castigo o penitencia que debamos pagar. Orar sí es hablar de manera libre, personal y voluntaria con Dios para expresarle todo lo que tenemos en el corazón, y es a través de esta conversación que podemos hacerle peticiones, confesar nuestras faltas, pedir perdón, darle gracias por sus bendiciones y comprometernos a tomar decisiones para cambiar y hacer los ajustes que sean necesarios para crecer en nuestra relación personal con Él. Orar es ser tú mismo tal como eres delante de tu Padre celestial.

Conclusiones
El principal enemigo de una relación con Dios y con cualquier persona que amamos es la rutina, cuando terminamos haciendo algo sin que nuestro corazón intervenga se convierte en algo hueco, monótono y con el potencial de enfriar una relación. ¡Muchas de las acciones que deberíamos hacer para crecer en una relación personal con Dios se han convertido en meras rutinas y costumbres que hacemos en las iglesias para calmar nuestras conciencias o impresionar a otros! Orar, adorar o leer la Biblia ¡deben hacerse con el único enfoque e interés de crecer en el conocimiento de nuestro Señor y en nuestra experiencia personal con Él! Porque si al terminar de hacer cualquiera de estas acciones somos las mismas personas y conocemos de Él lo mismo que conocíamos antes de hacerlas ¡nos estamos autoengañando y estamos viviendo una religión que podría imitar cualquier persona que no conociera al Señor! El autor del libro de Hebreos menciona lo siguiente en el capítulo 11: “De hecho, sin fe es imposible agradar a Dios. Todo el que desee acercarse a Dios debe creer que él existe y que él recompensa a los que lo buscan con sinceridad“. Pareciera lógico que para acercarse a Dios primero deberíamos creer que existe y sin embargo ¡no lo es! Una y otra vez podemos ver a cristianos acercarse a Dios como si se estuvieran acercando a un objeto inanimado que no los escucha, no les pone atención a lo que hacen ni ve su corazón cuando la realidad es que ¡Dios sí existe, es real, nos escucha, ve nuestro corazón y actúa en respuesta a nuestras palabras y a la actitud que tenemos al decirlas! Uno de los reclamos más reveladores y confrontantes que el Señor le hizo a su pueblo a través del capítulo 29 del libro de Isaías es precisamente esto que estamos hablando: “Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado”. Volvamos a leer estos pasajes marcados en color rojo para darnos cuenta que también encierran el siguiente mensaje: Dios quiere que nos acerquemos a Él, con fe y con toda nuestra atención, que le busquemos con sinceridad, que nuestras palabras sean coherentes con lo que hay en nuestro corazón y que el temor y respeto que le tengamos sea genuino y no un mero mandamiento que alguien nos enseñó. ¡Vuelve a leer esta declaración las veces que tengas que leerla hasta que quede impresa en lo más profundo de tu ser! El Creador del Universo nos invita a estar delante de Él para conversar y relacionarnos con Él, ¡no podemos corresponder con repeticiones vanas, falta de interés, palabras huecas, falta de fe y falta de atención! O vamos a entrar ante su presencia con un corazón atento y apasionado ¡o mejor no entremos! Si no vas a poner atención en las palabras que le dirás ¡mejor no las digas! Si tu oración no es coherente con lo que hay en tu corazón ¡mantente callado! y si tu conocimiento de Él es una mera tradición enseñada o heredada ¡haz un alto total en tu vida cristiana! Ponte de rodillas, y pídele a Jesucristo que te enseñe a tener una relación personal, privada, genuina y sincera con Él. Que tu oración sea una extensión de tu relación con Dios, cada palabra que digas ¡piénsala y no la arrojes de tu boca solamente por decir algo! Pon atención a todo lo que le dices al Señor porque Él sí está poniendo atención a todo lo que le estás hablando. Haz de tu oración una conversación íntima con el amante de tu alma.

Ideas para tu Oración de Hoy
1. Haz de tu oración de hoy una conversación con Dios como la que tendrías con tu mejor amigo o amiga. Ora sin usar palabras que no usarías con tus amigos, evita repetir palabras o usar muletillas al inicio o final de cada frase que ores. No uses adjetivos que no usarías en una conversación cotidiana. Esfuérzate por hacer de tu oración una conversación normal. ¿Qué tanto te ha costado hacerlo?
2. Pídele perdón a Dios si has hecho de tu oración una mera repetición, una tradición o una obligación. ¡Haz de tu oración una conversación de amigos, de amor, confianza y respeto con tu Salvador!
3. Comprométete con Dios a no volver a orar sin poner atención a lo que dices ni tratando de impresionar a otros.

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