Dios ve tu corazón

Lectura de Hoy:
Mateo 6:1-4 (Da un clic en el pasaje para leerlo)

Versículo clave:
“Y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.” Mateo 6:4


Dios ve tu corazón

(No olvides leer las instrucciones del lado izquierdo antes de comenzar)

¿A quién no le gusta el reconocimiento? A la gran mayoría de nosotros sino es que a todos nos gusta que se nos reconozca por las buenas acciones que hemos hecho, sobre todo por aquellas que nos costaron mucho tiempo y esfuerzo. Desde algún incentivo económico hasta una palmada en el hombro pasando por algún diploma o medalla, ¡nos encanta recibir premios o recompensas por nuestras buenas acciones! Todos nacimos con una necesidad de afirmación que buscamos saciar con el amor y reconocimiento de los demás, sin embargo, hay quienes han llevado esta necesidad más allá de los límites y han hecho de las alabanzas de los demás su motivo de vivir. Justificándose a sí mismos con frases como “el fin justifica los medios” cometen actos de corrupción y manipulación para seguir haciéndole creer a los demás que son muy buenos y así seguir cosechando más y más halagos que alimenten su ego. La Biblia enseña en la lectura del día de hoy que en los tiempos de Jesucristo había hombres religiosos que habían dejado que su corazón se fuera tras la fama y el reconocimiento  de las personas al grado que en su corazón ya no era un deseo de agradar a Dios y ser más como Él el que los movía a tener vidas ejemplares, lo que querían por encima de todo es que los demás los admiraran, alagaran y enaltecieran. Habían olvidado que los ojos de nuestro Señor están siempre en nuestro corazón, en nuestros motivos e intenciones y no en las “fachadas” y actos externos que le mostramos a los demás. Este principio Dios mismo se lo reveló al profeta Samuel en el capítulo 16 de su primer libro cuando estaba por ungir a David como rey al decirle: “No juzgues por su apariencia o por su estatura, porque yo lo he rechazado. El Señor no ve las cosas de la manera en que tú las ves. La gente juzga por las apariencias, pero el Señor mira el corazón.” La mirada del Señor está continuamente en tu corazón, en quien verdaderamente eres  y no en quien aparentas ser.

¿Por quién quieres ser admirado?
¡Tengan cuidado! No hagan sus buenas acciones en público para que los demás los admiren, porque perderán la recompensa de su Padre, que está en el cielo. Los motivos e intenciones del corazón son los que determinan la recompensa o no recompensa del Señor a nuestras acciones. Jesucristo enseñó durante el Sermón del Monte que debemos tener cuidado en no hacer las buenas acciones en público con la motivación de que los demás las admiren y de paso nos admiren a nosotros también, quien así lo hace ganará el reconocimiento de los hombres ¡pero perderá la recompensa de Dios! Toma unos minutos para meditar en lo siguiente: ¿de quién buscas admiración con tu manera de comportarte en la oficina, en la escuela, en tu casa o en la iglesia? Si dejas que tu corazón se vaya tras la admiración de las personas te convertirás en un esclavo de la opinión de los demás, querrás agradarlos a todos y terminarás por darte cuenta que ¡es frustrante y desgastante vivir para darle gusto a todo el mundo! Más que ser conocido por las personas ¡quiero ser conocido por Dios! Si algo han de reconocer los demás en mí ¡que sea el amor, la misericordia y la vida de Jesús viviendo en mí! La motivación detrás de todo lo que hacemos es mucho más importante que lo que hacemos, no se trata solamente de hacer las cosas buenas sino de hacerlas con la intención correcta de agradar al Señor y recibir de Él nuestra recompensa aún y cuando las personas no lo noten, entiendan o valoren. ¡Agradar a Dios y vivir en santidad no te llevará a ser el más popular delante de un mundo lleno de corrupción, engaño y orgullo! Pero te pondrá en la mejor posición para ser guiado y bendecido por el Señor.

La Motivación Correcta
Cuando le des a alguien que pasa necesidad, no hagas lo que hacen los hipócritas que tocan la trompeta en las sinagogas y en las calles para llamar la atención a sus actos de caridad. Les digo la verdad, no recibirán otra recompensa más que esa. ¿Alguna vez te has preguntado que de qué te ha servido hacer las cosas bien si al final nadie las reconoció o de qué sirvió esforzarte tanto por vivir de manera íntegra y recta si al final no alcanzaste los sueños y planes que tenías? Yo sí lo he hecho en más de una ocasión y al final me he dado cuenta que si verdaderamente hago todo para agradar al Señor y nadie lo reconoce ¡no me debería importar! Pues sera Él quien me recompense a su manera, en su tiempo y con sus recursos. El apóstol Pablo le instruyó a los colosenses en el capítulo 3 de su carta lo siguiente: “Y todo lo que hagas, hazlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibirás la recompensa“, así mismo a los cristianos de Galacia les mencionó en el capítulo 6 de la carta que les escribió el siguente principio: “Así que no nos cansemos de hacer el bien. A su debido tiempo, cosecharemos numerosas bendiciones si no nos damos por vencidos“. La motivación detrás de todo lo que hacemos debe ser agradar el corazón de Dios, hacerlo sonreír, alegarlo y hacerlo sentir honrado con nuestras vidas. Jesucristo señaló que había personas hipócritas que solamente aparentaban ser buenas personas ayudando a otros para llamar la atención de las demás pero que en realidad ¡no querían el bien de los otros sino solamente el suyo! Aparentar ser cristianos, honrados o vivir en integridad ¡no atraerá la bendición ni la aprobación del Señor y mucho menos su recompensa! Al contrario nos llevará a pasar por pruebas para que nuestra mentira salga a la luz y seamos confrontados para cambiar nuestra manera de vivir y convertirnos en verdaderos cristianos.

Conclusiones
Pero tú, cuando le des a alguien que pasa necesidad, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha. Entrega tu ayuda en privado, y tu Padre, quien todo lo ve, te recompensará. Sabiendo que Dios ve el corazón y que son nuestros motivos los que atraen su bendición y recompensa más que nuestras acciones, ¡escojamos tener un corazón que continuamente busque agradarle a Él por encima de a cualquier otra persona! Dios no es deudor de nadie, todo el bien que sembremos lo cosecharemos, todo lo que invirtamos en su Reino ¡Él mismo se encargará de regresárnoslo multiplicado al treinta, sesenta y ciento por uno! Pero la motivación de nuestro corazón no debe ser lo que Él nos regresará, nuestra mirada no debe estar en la recompensa o la ganancia, todo lo que hacemos debe ser guiado por el anhelo de conocer a nuestro Señor y agradar su corazón, ¡esto es lo que realmente Él ve y lo que anhela de nosotros! Que le demos nuestro corazón y vivamos deseando agradarle, obedecerle y vivir en su voluntad. El rey Salomón captó en el capítulo 23 del libro de Proverbios el siguiente clamor de Dios: “Dame, hijo mío, tu corazón, Y miren tus ojos por mis caminos.” Tienes toda la atención de Dios, Él está al pendiente de todo lo que haces en la escuela, en la oficina, en tu casa, con tus amigos, en la iglesia y en todo lugar al que vas. Continuamente es probado nuestro corazón y constantemente hacemos elecciones pequeñas o grandes de agradar a Dios o de agradar a otros, obedecer a nuestro Señor o aceptar un poco de corrupción o engaño para obtener un beneficio personal. El capítulo 21 de Provervios menciona que: Todo camino del hombre es recto en su propia opinión;
Pero Jehová pesa los corazones. Nada se escapa de la mirada de Dios, no es posible engañarlo ni aparentar algo delante de Él, ¡todo lo sabe tal cual es! Seamos hombres y mujeres transparentes y rectos, descubramos nuestro corazón ante Él y dejémoslo que nos guíe a vivir vidas de verdad y santidad que lo honren y atraigan a otros a sus pies.

Ideas para tu Oración de Hoy
1. Ponte a cuentas con Dios si has notado que buscas más la admiración y aprobación de las personas por encima de la suya, si has notado que estás dispuesto a hacer cosas que le desagradan con tal de agradar a otros. Pon al Señor nuevamente en el primer lugar de tu vida y comprométete a honrarlo por encima de todo y de todos.
2. Pídele a Dios que te permita conocer lo que agrada su corazón para hacer los ajustes necesarios y crecer en tu relación de amor y obediencia con Él.

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