¿Tienes hambre de Dios?

Lectura de Hoy:
Mateo 5:1-13 (Da un clic en el pasaje para leerlo)

Versículo clave:
“Ustedes son la sal de la tierra. Pero ¿para qué sirve la sal si ha perdido su sabor?.” Mateo 5:13


¿Tienes hambre de Dios?

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Hace unos años el cantante cristiano Jesús Adrián Romero grabó un canto que habla sobre tener hambre de Dios, el coro de esta canción dice lo siguiente: “Tengo hambre de ti, de tu presencia, de tu fragancia, de tu poder. Hambre que duele, que debilita, que desespera por ti”. Cuando era joven en la iglesia a la que asistía solían preparar 1 ó 2 retiros al año para los jóvenes, recuerdo que en una ocasión para uno de estos retiros decidí pasar unos días sin comer para usar ese tiempo en orar y prepararme pues quería que Dios me hablara sobre algunos temas importantes. Por tres días solamente tomé agua y el tercer día recuerdo haber escuchado y entonado esta canción, ¡creo que nunca la he cantado con tanto entendimiento como esa vez!, ¡Realmente sentía hambre que dolía y que me debilitaba! La declaración: “tengo hambre” se hace como respuesta a una necesidad física que sentimos y que entre más tardemos en satisfacer más aguda se hace e incluso si pasamos suficiente días sin satisfacerla podríamos morir. Declarar: “tengo hambre de Dios” ¡no debería ser algo que se diga a la ligera! ¿Verdaderamente tenemos hambre de Él?, ¿Hemos detectado una necesidad en nuestro interior de más de Él? ¿Hemos entendido que si no saciamos nuestro espíritu con su Palabra y con tiempos a su lado podríamos morir de falta de fe y debilidad espiritual? Jesucristo enseñó en su primer discurso público conocido como el Sermón del Monte que nosotros somos la sal del mundo. La mayoría de nosotros hemos escuchado que la sal sirve para dar sabor a los alimentos o bien para conservarlos sin que se echen a perder, ¿sabías que la sal también es un generador de apetito que estimula la ingesta de alimentos? Pero ¡cómo podremos generar apetito en otros para que conozcan más de nuestro Salvador si nosotros mismos no hemos experimentado el dulce y cautivante sabor que tiene el pasar tiempos a su lado platicando con Él y leyendo su Palabra!

La Sal sin sabor ¡no sirve!
Ustedes son la sal de la tierra. Pero ¿para qué sirve la sal si ha perdido su sabor?” Nuestra lengua ha sido diseñada por Dios para percibir diferentes sazones de los alimentos y uno de estos es el sazón de algo salado. ¡Todos tenemos claro cuando algo está salado! La sal tiene un sabor único, particular y muy fuerte, el sólo hecho de pensar en comerme una cucharada de sal me hace apretar la quijada. ¿Te puedes imaginar una sal sin sabor? ¿Para qué nos serviría? ¡Para nada! Perdería sus propiedades y nos sería inútil. El apóstol Lucas hace referencia a las misma palabras que el apóstol Mateo hace en el versículo de nuestra lectura de hoy y menciona lo siguiente en el capítulo 14 del Evangelio que escribió: “La sal es buena para condimentar, pero si pierde su sabor, ¿cómo la harán salada de nuevo?” Jesucristo mencionó que los cristianos que creemos en Él, le seguimos y tenemos una relación personal con Él somos la sal de este mundo, es decir, estamos aquí para que la gente conozca el verdadero sabor de la vida, para que sepan a qué sabe “conocer a Dios”, para que conservemos con nuestro ejemplo la vida de Dios aquí en la Tierra y para despertar apetito en la gente a nuestro alrededor de más de Él, su amor, su Palabra, su perdón, su poder libertador y su eterna salvación. Pero si no llevamos en nosotros el “sabor de Dios” en nuestras vidas ¡de qué nos sirve llamarnos a nosotros mismos cristianos si no atraemos a nadie hacia Él ni aún nosotros mismos encontramos gusto en conocerle más! Nuestro “sabor” viene del Señor, Él es quien nos da un propósito por el cuál vivir, Él nos hace capaces de tomar decisiones ejemplares y a través de nuestro estilo de vida despierta el apetito de los demás por conocerle. ¡Déjate impregnar por el sabor de Dios para que otros lo prueben a través de ti!

Conserva la vida de Dios
Marcos, el autor del Evangelio que lleva su nombre cita las mismas palabras de Jesús que hemos leído en el capítulo 9: “La sal es buena para condimentar, pero si pierde su sabor, ¿cómo la harán salada de nuevo? Entre ustedes deben tener las cualidades de la sal y vivir en paz unos con otros.” ¿Lo notaste? Marcos alcanza a percibir una porción adicional de la enseñanza de Jesús: “entre ustedes deben tener las cualidades de la sal y vivir en paz unos con otros”. Además de darle sabor a este mundo y despertar su apetito por el Señor somos llamados a conservar la vida que Dios nos ha dado en nosotros al invertir en una relación personal con Él pero también en la vida de otros cristianos. Cuando vemos que alguien está decayendo en su ánimo y su fe ¡seamos la sal que le ayude a conservar la vida de Dios en Él!, cuando tenemos desacuerdos entre nosotros ¡escojamos mantener vivo el amor de nuestro Señor en lugar de causar un sabor amargo en el corazón de las otras personas! Aprendamos a amar, escuchar, perdonar, restaurar y conservar la vida de Dios en nosotros, en otros cristianos y en toda la gente que no ha conocido a nuestro Salvador. ¡Seamos la sal que le haga saber a la gente que se están perdiendo de una experiencia deliciosa, única y particular! Porque todos aquellos que vagan sin encontrarle sentido a su vida requieren urgentemente “probar” el amor de Dios para renacer a una nueva vida aquí en la Tierra y una nueva esperanza en una eternidad a su lado.

Conclusiones
Job, un hombre que fue usado por Dios en la Biblia menciona en el capítulo 6 del libro que lleva su nombre lo siguiente: “¿No se queja la gente cuando a la comida le falta sal? ¿Hay alguien que desee comer la insípida clara del huevo?” No hay mayor desilusión que conocer a un cristiano desabrido. Un hombre o mujer que dicen tener fe en el Señor pero ¡ni le conocen! se saben su historia, algunos versículos de la Biblia incluso hasta asisten a reuniones cristianas y escuchan canciones que hablan de Dios mientras van conduciendo su auto pero aún así ¡su vida no tiene sabor! Sienten que les falta una motivación, que viven una rutina o que viven de las experiencias que tuvieron otros con el Señor pero nunca tienen una historia propia qué compartir. Para poder llevarle sabor a la vida de otras personas y para ser usados para conservar la fe de quienes pasan por debilidades y flaquezas ¡necesitamos primero conocer personalmente a quien creó y le dio sabor a la sal! ¿Cómo te sientes en tu caminar con Cristo? ¿Le has perdido sabor?, ¿estás buscando experiencias más “deliciosas” en el pecado?, ¿tienes un mayor apetito por satisfacer tus deseos personales que por obedecer la Biblia? ¡Haz un alto y considera que puedes estar perdiendo tu sabor! Estás dejando de ser sal de este mundo para convertirte simplemente en un puñado más del polvo que cubre esta tierra. Si has contestado que sí a una o más de las preguntas anteriores ¡enciende las alarmas! ¡tu relación con Dios está desvaneciéndose, tu fe debilitándose y estás en peligro de morir de hambre espiritual! Necesitas volver a conectarte a la fuente de tu vida, necesitas cambiar tus rutinas, tomar mejores decisiones y dejar de gastar tanto tiempo haciendo cualquier cosa que te impida pasar tiempos a solas con el Señor y su Palabra. Pídele al Señor el día de hoy que vuelva a poner en ti hambre de Él, hambre de su Palabra, de pasar tiempo a solas a su lado y de descubrir su corazón. Pero ¡no te quedes solamente en una oración! La fe que no se convierte en acciones ¡no es más que una buena intención que se desvanece! Toma decisiones, invierte en conocer a tu Salvador, imprégnate de Él, habla de Él todo el día para que otros le conozcan y sean atraídos a su cruz, su amor y su salvación.

Ideas para tu Oración de Hoy
1. Abre tu corazón al Señor, sé honesto en cómo te sientes en tu relación con Él, si no sientes nada especial, si te aburres en la iglesia o te desespera leer su Palabra ¡sé honesto y díselo! Él ya lo sabe de todos modos. Pídele que te enseñe a ver la vida como Él, que abra tus ojos espirituales al leer la Biblia para descubrir más de su corazón, pídele que aumente tu fe y que te enseñe a amarlo.
2. ¡Cree que Dios escucha tu oración! Así que haz un compromiso de buscarlo y de pasar tiempo con su Palabra para recibir todo lo que tiene para ti.

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