¿Quiénes somos cuando nadie nos ve?

Lectura de Hoy:
Josué 7 (Da un clic en el pasaje para leerlo)

Versículo clave:
““En medio de ti, oh Israel, están escondidas las cosas apartadas para el Señor. Nunca derrotarás a tus enemigos hasta que quites esas cosas que tienes en medio de ti”.” Josué 7:13

¿Quiénes somos cuando nadie nos ve?
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Definitivamente es más fácil parecer que ser, imitar que innovar, es más sencillo levantar una fachada falsa y mantenerla limpia y atractiva que levantar una construcción entera que concuerde con esa fachada. Cuando dejamos de estar frente a la gente y estamos a solas ¿somos las mismas personas?, ¿hablamos igual frente a todos o tenemos un vocabulario para cada ocasión?, ¿le doy permiso a mis ojos de ver cuando estoy a solas lo que nunca vería si hubiera alguien más?, ¿son mis pensamientos consistentes con la personalidad que reflejo a la gente? En diferentes lugares de la Biblia Dios señala a personas que “de labios lo honran” pero que en su interior “su corazón está lejos de Él”, hombres y mujeres que se esconden tras falsas apariencias, Jesús continuamente señalaba el corazón de los religiosos de su tiempo que escondían con hipocresía un corazón frío que no había tenido una experiencia con Dios. Suena fuerte la palabra hipocresía ¿no crees? pero de acuerdo a la Real Academia Española su definición es sencillamente: fingir cualidades o sentimientos que no se tienen o no se han experimentado. Y entonces la pregunta que viene a mi mente es ¿qué tanto de mi cristianismo no es más que una relación con Dios que finjo tener pero que en realidad nunca la he experimentado? Un cristianismo sin conocer la Biblia, sin conocer a Dios y sin oración, ¿no es un mero fingimiento? Dios quiere empezar una transformación no de nuestro exterior hacia adentro como nos gustaría para seguir manteniendo una fachada sino desde nuestro corazón hacia afuera, nuestro Señor puede hacer que quienes somos cuando nadie nos ve sea la misma persona libre, perdonada y restaurada que todos conozcan en el día con día.

El grave peligro de los pecados ocultos
“En medio de ti, oh Israel, están escondidas las cosas apartadas para el Señor. Nunca derrotarás a tus enemigos hasta que quites esas cosas que tienes en medio de ti”.” En la lectura del día de hoy la Biblia relata el momento en la historia de Israel en que tras una gran y milagrosa victoria sobre la ciudad de Jericó ahora Josué y el pueblo de Israel acaban de ser humillados y derrotados por una nación más chica ¡que ni siquiera creía en Dios! ¿Por qué había permitido esto el Señor? Cuando Josué estaba de rodillas Dios se lo reveló: había un pecado oculto en medio del pueblo. Mientras haya pecados ocultos en nuestro corazón y no confesados ¡nunca podremos derrotar a nuestros enemigos ni experimentar la plenitud de la vida cristiana! Un hombre llamado Acán en lugar de destruir unas piezas del botín de Jericó como Dios lo había ordenado decidió robarlas y esconderlas bajo su tienda. Seguramente pensó: “Nadie se dará cuenta, ¿a quién le hace mal que me quede con unas pocas cosas?, ¿un poco de mal no es tan malo no?”. ¡Necesitamos entender que un poco de pecado es suficiente para destruir nuestra vida y la de quienes nos rodean! No hay pecados “menos” malos, mentiras piadosas ni maldad que si termina en un buen resultado está justificada. Todo lo que desagrada a Dios y es pecado ¡tiene el poder de causarnos muerte espiritual y eterna. ¡Dejemos de esconder pecados creyendo que nadie los ve! Dios sí vio a Acán y por su pecado toda una nación pagó un precio muy alto.

Las consecuencias de lo que hacemos a escondidas
¡Israel ha pecado y ha roto mi pacto!… por esa razón, los israelitas huyen derrotados de sus enemigos. Ahora Israel mismo será apartado para destrucción. No seguiré más con ustedes.” ¿Notaste a quién estaba culpando Dios por el pecado de Acán? ¡A toda la nación! Israel estaba apartado de la protección de Dios y expuesto a destrucción por la causa del pecado oculto de una persona. Pero no solamente eso, en los primeros versículos de nuestra lectura de hoy la Biblia enseña que ¡murieron 36 hombres en la batalla! 36 familias fueron afectadas fuertemente por el pecado oculto de un hombre, lo que Acán creía que nadie notaría trajo dolor, muerte, tristeza y derrota a muchas otras familias y un temor y pesar a toda una nación. ¡Entendamos que no podemos seguir viviendo con pecados ocultos creyendo que no le hace mal a nadie! Tristemente el impacto de las malas decisiones de este hombre no solamente afectaron a los de afuera sino que su familia y él mismo terminaron muertos en la Tierra Prometida que Dios tenía para ellos. Unos pocos días antes había sido parte de una gran victoria, vio los milagros del río Jordán que se abrió y de las murallas de Jericó que se vinieron abajo y sin embargo en su corazón dejó crecer la codicia y la avaricia. Seguramente nunca imaginó la consecuencia tan grave de sus acciones pero para cuando entendió el mal que había hecho ya no había vuelta atrás. ¡Abramos nuestros ojos hoy que todavía estamos a tiempo! La confesión es el primer paso para detener la maldad creciente en nuestro corazón, después necesitaremos arrepentirnos, acercarnos a Dios para pedirle perdón y pedirle fuerzas para enfrentar las consecuencias de nuestros pecados. Pero entre más pronto lo hagamos más pronto seremos libres, más pronto detendremos el deterioro de nuestra fe y más rápido estaremos nuevamente bajo la protección y el cuidado de nuestro Señor.

Conclusiones
Hace unos años escuché al pastor Charles Price que está al frente de una iglesia canadiense mencionar que cuando alguien es sorprendido haciendo algo malo sus primeras palabras suelen ser: “¡lo siento!, ¡perdón!” pero no lo hacen porque están arrepentidos sino solamente por la vergüenza que les da el ser sorprendidos haciendo un mal que tenían escondido. De nada nos sirve sentirnos mal por los pecados que cometemos cuando nadie nos ni por ser una persona diferente “tras bambalinas”, lo que necesitamos es ¡tomar una decisión y cambiar de rumbo! Si no nos arrepentimos de nuestra maldad ¿de qué nos sirve reconocer que la tenemos? Si no dejamos de fingir que somos cristianos ¿de qué nos sirve decir que lo somos?, ¿o es que creemos que por asistir a una iglesia el Señor no se da cuenta que no nos interesa conocerle ni acercarnos a Él el resto de la semana? Todo comienza en nuestro corazón con una decisión de rendirnos al Señor, muchos creyentes se quedaron con la idea de que hacer una oración para invitarle a Dios a dirigir su vida era lo mismo que verdaderamente permitirle tomar el control de toda su vida. Hacer la oración es el paso más sencillo pero rendirnos completamente a Él ¡no es fácil en ninguna manera! Ciertamente habrá áreas de nuestro corazón que entregaremos con menos resistencia pero aquellas que están fuertemente arraigadas, aquellas que nos dan satisfacción cuando nadie nos ve y que por muchos años hemos justificado y protegido requerirán un compromiso y una determinación firme y valiente. Acércate a personas que aman a Dios y abre tu corazón, confiesa aquellos pecados que no puedes vencer tú solo, no dejes nada oculto, permite que la luz del Señor entre hasta los rincones más profundos de tu ser. ¡Hay una gran libertad y alivio en la confesión! Pero no solamente eso sucede sino que además el enemigo pierde valiosas armas que usaba contra ti como la condenación y la vergüenza. Hoy puedes comenzar el proceso de ser transformado por Dios para llegar a SER en todo momento y situación la persona que por tantos años solamente haz logrado PARECER. No escojas el camino de Acán, no te creas las mentiras que dicen “no le hago mal a nadie”, “nadie se dará cuenta”, no escondas más tus pecados, detén el proceso de destrucción de tu fe, llénate de valor y coraje para enfrentar las consecuencias de tus pecados poniendo la mira en la libertad y sanidad que el Señor traerá a tu vida.

Ideas para tu Oración de Hoy
1. ¿Hay algún pecado oculto en tu vida?, ¿hay algo que sabes que está mal pero no puedes o no has querido dejar de hacer? El primer paso es ponerte de rodillas delante de Dios y pedirle perdón.
2. ¿Reconoces que hay pecado en tu vida? ¡Necesitas ir más allá de reconocerlo! Haz un plan para cambiar. ¿Qué debe cambiar en tu vida para que vivas en santidad? Considera: relaciones, artículos personales, tu computadora o celular, lugares que visitas, música, etc.
3. ¿Has intentado cambiar pero no lo has logrado en tus fuerzas? ¡Pide ayuda! La Biblia dice que eres parte de un cuerpo y que cuando un miembro del cuerpo está pasando por dolor o enfermedad los demás están para ayudarle. Acércate a alguien que ame a Dios y ábrele tu corazón.

1 Comment

  1. antonio aguilar

    February 16, 2018

    Amados hermanos, soy honesto no conocía el sitio, y hoy que lo conosci. Estoy leyendo algo precioso, maravilloso y Cristocentrico y bíblico

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