Vence el mal con el bien

Lectura de Hoy:
Génesis 43:19-34
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Versículo clave:
“Tranquilos, no tengan miedo —les dijo el administrador—. El Dios de ustedes, el Dios de su padre, debe de haber puesto ese tesoro en sus costales.” Génesis 43:23

Vence el mal con el bien
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¿Alguna vez mientras vas conduciendo tu auto te ha sucedido que otro auto llega y se atraviesa de una manera peligrosa obligándote a frenar?, ¿te ha tocado estar esperando en una fila y ver que llega otra persona que no quiere esperar y se adelanta a la fila en lugar de tomar su lugar?, ¿te han llamado la atención por hacer algo que no hiciste? ¡No es fácil lidiar con las injusticias ni con lo que consideramos que es un abuso de los demás! Mucho menos lo es cuando de quien recibimos este mal trato es de personas que se suponía debían amarnos, cuidarnos o guiarnos. ¿Cuál es nuestra reacción ante estas situaciones? Algunos reaccionan de maneras visibles como los insultos o la violencia y otros más de maneras no visibles pero igual o tal vez hasta más dañinas como el rencor, el resentimiento o la falta de perdón. Es inevitable pasar por injusticias en esta sociedad que está gobernada por la corrupción, el egoísmo y el orgullo, más de una vez sentiremos el enojo ante estos eventos pero lo que sí podemos evitar es dejar que el mal que ha venido a provocarnos e invitarnos a seguirlo tome el control de nuestra mente y corazón. La Biblia enseña en Romanos 12:21 lo siguiente: “No dejen que el mal los venza, más bien venzan el mal haciendo el bien.”

Rechazando la Venganza
La Real Academia Española define venganza como la satisfacción que tomamos en nuestras manos por la ofensa o daño que hemos recibido. Dicho de otra manera es decidir hacer justicia de acuerdo a nuestros criterios y con la intensidad que nuestras emociones heridas nos lo demanden. En la lectura del día de hoy encontramos a los hermanos de José que le habían causado heridas profundas y le habían cambiado por completo el rumbo de su vida alejándolo desde su juventud del amor de su padre siendo tratados por José ¡con amor y abundancia! La Biblia enseña que tras sentarlos a la mesa para compartir la comida con ellos:  llenó sus platos con comida de su propia mesa, y le dio a Benjamín cinco veces más que a los demás. Desde el punto de vista humano y racional ¡estos hombres no merecían ser tratados así por lo que habían hecho! Debían ser llevados a la justicia, demandados por secuestro y venta ilegal de esclavos para después ser condenados a muerte o al menos a pasar el resto de su vida en la cárcel. ¿Cuál es la raíz de este punto de vista?, ¿no lo es la venganza? Cuando leemos sobre este tipo de injusticias, algo dentro de nosotros demanda que los malos reciban un castigo ejemplar para que quedemos satisfechos dentro de nosotros al saber que el mal que han hecho fue castigado… ¡con un mal mayor! Y entonces la pregunta que deberíamos hacernos es: ¿en qué momento debemos darle oportunidad al amor, el perdón, el arrepentimiento o las nuevas oportunidades? ¿O es que solamente nosotros los merecemos?

Cediéndole el lugar a Dios
Tranquilos, no tengan miedo —les dijo el administrador—. El Dios de ustedes, el Dios de su padre, debe de haber puesto ese tesoro en sus costales.” Tras varios años de prueba, formación y madurez el corazón de José había dejado que fuera su fe en Dios quien dirigiera su vida y no sus emociones ni su lógica humana. ¿Estaba José ignorando el mal de sus hermanos y pasando por alto sus faltas? No. Incluso estaba utilizando su posición de autoridad para probar el corazón de sus hermanos y darles una nueva oportunidad de mostrar bondad y arrepentimiento. ¿Entonces porqué dice la Biblia que estos hombres festejaron y bebieron libremente con José? Porque el corazón de José no estaba siendo dirigido por un deseo de venganza, hacía varios años que él le había cedido a Dios el control de su vida y cuando hacemos esto no solamente es darle al Señor las áreas que nos convienen sino es entregarnos ¡completamente a él! No podemos aceptar la justicia de Dios solamente en la dirección que nos conviene, si vamos a obedecer a Dios tendremos que hacerlo completa y no parcialmente. Disfrutamos día con día el perdón de Dios por nuestros pecados, vivimos agradecidos por que Jesús en la cruz tomó nuestro lugar y ¡pagó por nuestros pecados inmerecidamente!, nos alegra saber que Dios olvida nuestros pecados pero ¿repetimos este mismo comportamiento de gracia y misericordia hacia los demás cuando nos han herido o tratado de manera injusta? No olvidemos que cuando Jesús nos enseñó a orar en Mateo 6 mencionó que nuestra actitud al orar respecto al perdón debería de ser: “y perdona nuestros pecados, así como hemos perdonado a los que pecan contra nosotros.” ¿Qué pasaría si Dios nos tratara cuando pecamos “así como” nosotros tratamos a quienes pecan contra nosotros?

Conclusiones
Todas las malas acciones tienen consecuencias. Muchas malas acciones requerirán que una autoridad intervenga para detener al agresor e incluso aislarlo de la sociedad para evitar que siga dañando a los demás. La Biblia enseña en Romanos 13 que toda autoridad ha sido impuesta por Dios con el fin de castigar a quienes hacen el mal, el problema está en que más de una vez aunque el agresor sea aislado físicamente de nosotros lo llevamos “capturado” en nuestro corazón. Decidimos no soltarlo sino que una y otra vez en nuestra mente lo sometemos a toda clase de reclamos, castigos y mal tratos, buscamos satisfacer nuestro clamor de injusticia apuntando nuestro odio y desprecio hacia él y dejándole saber a todos los que nos rodean cuánto mal ha hecho esta persona para que todos se nos unan en nuestro desprecio. No nos damos cuenta que conforme pasan los días y crece el mal dentro de nosotros nos vamos pareciendo cada vez más a nuestro agresor. ¡Detén el mal que crece dentro de ti! ¡Deja en libertad a la persona que llevas cautiva en tu corazón! Cultivar el resentimiento, el rencor y la venganza solamente te llevarán a tener un corazón amargado, frió e incapaz de amar y ser amado ¡esta no es la vida que Dios quiere para ti! El primer paso hacia la sanidad y la libertad es el perdón pero déjame sugerirte un paso previo incluso al perdón mismo: deja tu deseo de justicia en las manos de Dios. ¿Crees que Dios es un juez justo?, ¿crees que Dios te ama, cuida de ti y por lo mismo defenderá tu causa?, ¿crees que Él conoce el castigo exacto que merece ese mal? ¡Necesitas creerlo! Porque será fácil aceptar la justicia de Dios cuando la consecuencia del agresor sea lo suficientemente satisfactoria para nuestra sed de justicia pero ¿qué pasará cuando el “castigo” que recibe es menor al que esperábamos? Si no tenemos un corazón rendido a Dios ¡volveremos a abrir la puerta de par en par al resentimiento y el rencor! Pero esta vez no solamente los apuntaremos hacia nuestro agresor sino que también lo haremos hacia Dios. Dejemos a Dios ser Dios y rechacemos la tentadora oferta de tomar la justicia en nuestras manos para “saborear” la venganza que asfixia nuestro ser. La única respuesta sana y correcta ante el mal es dejar que el amor de Dios fluya desde y hacia nuestro corazón. Cuando hemos entendido que su reacción ante nuestra maldad fue amarnos, abrazarnos, perdonarnos y darnos una nueva oportunidad nos será mucho más fácil hacer esto mismo con otros. ¡Paguemos a quienes necesitan perdón y misericordia de la misma manera que nos pagaron a nosotros! Perdonando, amando, bendiciendo y dejándolos ir confiando en que Dios tratará con ellos en sus términos, sus tiempos y en sus maneras. “Nunca devuelvan a nadie mal por mal. Compórtense de tal manera que todo el mundo vea que ustedes son personas honradas. Hagan todo lo posible por vivir en paz con todos. Queridos amigos, nunca tomen venganza. Dejen que se encargue la justa ira de Dios” (Romanos 12:17-19)

Ideas para tu Oración de Hoy
1. Dedica unos minutos a meditar sobre la manera en que Dios con su amor ha perdonado tus pecados. Piensa en como nos perdona una y otra vez, en todas las nuevas oportunidades que nos da, recuerda cómo Él olvida nuestras faltas y nunca más nos las echa en cara ni nos reclama por ellas. Pídele a Dios que te enseñe a perdonar a otros como Él te ha perdonado a ti.
2. ¿Estás batallando para perdonar? Acepta la autoridad de la Palabra de Dios, es decir, decide creer que si Dios dice en su Palabra que debes perdonar es porque ¡es lo mejor, lo justo y lo más sano para tu corazón! Ora para perdonar y dejar en libertad en tu corazón a quienes te han agredido. Al terminar lee con atención Romanos 12.

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