Manteniendo un corazón sano

Lectura de Hoy:
2 Samuel 1:1-16 (Da un clic en el pasaje para leerlo)

Versículo clave:
“—¿Y cómo no tuviste temor de matar al ungido del Señor? —le preguntó David.” 2 Samuel 1:14

Manteniendo un corazón sano
(No olvides leer las instrucciones del lado izquierdo antes de comenzar)

¿Qué harías tú con la persona que te viniera a platicar que había terminado al fin con la molestia que era para ti tu peor enemigo? Imagina que alguien logró que despidieran de tu trabajo a aquella persona que tanto te molestaba o que expulsaran del colegio al estudiante que te causaba mal, ¿qué le dirías a la persona que lo hizo posible? Algunos tal vez brincaríamos a darle un abrazo, lo invitaríamos a comer y le estaríamos agradecidos por años. En la lectura del día de hoy nos encontramos a un amalecita, un hombre de aquella nación que debió exterminar Saúl pero que dejó con vida, entrando delante de David para darle las noticias de que Saúl había muerto. ¡Qué día tan esperado debió haber sido para alguien que tuviera años de rencor y odio acumulados o para alguien ansioso por tomar el poder para “demostrarle a todos” que era inocente y mejor que el antiguo rey! Pero contrario a lo que muchos podrían pensar ni se alegró David aquel día ni recompensó a aquel hombre, ¿qué estaba pasando con David?, ¿no debería estar brincando de alegría y preparando a sus hombres para ir a reclamar “su” trono?

Un corazón sano
Al escuchar las noticias, David y sus hombres rasgaron sus ropas en señal de dolor. Hicieron duelo, lloraron y ayunaron todo el día por Saúl y su hijo Jonatán, también por el ejército del Señor y por la nación de Israel, porque ese día habían muerto a espada. Solamente un corazón que amara a Saúl pudo haber reaccionado del modo que reaccionó David.Tras indignarse por escuchar a aquel hombre extranjero mencionar cómo había terminado de matar a Saúl, David y sus hombres lloraron ¡por el hombre que los había perseguido y procurado matar por años! Por supuesto también estaban tristes por Jonatán y el resto de la nación de Israel, pero no se menciona que nadie haya celebrado la muerte de Saúl. A través de los años, las cuevas, las ruinas, los desiertos y aún viviendo entre los enemigos el corazón valiente y lleno de fe de aquel joven pastor que mató al gigante ¡seguía intacto y madurando! ¡Qué impresionante manera de guardar un corazón y mantenerlo sano a través de tantas adversidades! Porque sí es posible mantener un corazón sin rencor, heridas ni dolor a pesar de que enfrente injusticias y sufrimiento continuo, ¿cuál es la manera?, solamente hay una: que tu corazón esté guardado en las manos de tu Señor y Salvador, que hayas depositado tu confianza en que él cuida de ti, que hayas hecho del Señor tu esperanza y hayas dejado tu justicia a un lado para aceptar la suya, que hayas soltado el control de las cosas y muerto a tú voluntad para que la vida de Dios empezara a crecer en ti. ¡Hay vida, sanidad y seguridad cuando establecemos una verdadera relación personal con Jesucristo!

Un corazón vivo
Les digo la verdad, el grano de trigo, a menos que sea sembrado en la tierra y muera, queda solo. Sin embargo, su muerte producirá muchos granos nuevos, una abundante cosecha de nuevas vidas. Los que aman su vida en este mundo la perderán. Los que no le dan importancia a su vida en este mundo la conservarán por toda la eternidad.
Estas palabras de Jesús mencionadas en el Evangelio de Juan capítulo 12 son la mejor explicación para entender el admirable y firme corazón de David. Hacía tiempo que había dejado de “amar su vida”, ya no buscaba demostrarle al rey ni a los demás que era inocente y que no merecía lo que le estaba sucediendo, había decidido en su corazón dejar todo en manos de Jehová, Él sabría qué haría con Saúl, el Señor juzgaría su situación y cuidaría de David y los suyos. La consecuencia de morir en el corazón para dar lugar a la voluntad de Dios ¡trajo una nueva vida a David! Cuando el grano de trigo murió produjo muchos granos nuevos en el corazón de sus hombres, ¡nadie celebró ni se alegró por la muerte de Saúl! Si David hubiera usado sus años en el exilio para criticar, maldecir y odiar a Saúl, todos sus hombres lo odiarían también, pero el testimonio de David y su corazón insistente en confiar en Dios y su justicia había marcado la diferencia produciendo corazones sanos y llenos de vida a su alrededor. ¡Nada trae más sanidad que confiar en el Señor!

Conclusiones
“—¿Y cómo no tuviste temor de matar al ungido del Señor? —le preguntó David… —Te condenaste a ti mismo al confesar que mataste al ungido del Señor.” Un corazón sano es el resultado de un corazón que se entregó al Señor. Nuestra fe en Dios es el ancla que nos mantiene firme contra cualquier tormenta y adversidad, aunque la tormenta nos golpee con toda su fuerza ¡no nos mueve de nuestra posición junto a nuestro Señor! ¿Pero cómo esperamos tener una fe fuerte y un corazón sano sino tenemos una relación personal de amor con aquel que es la fuente de nuestra fuerza, sanidad y estabilidad? Las heridas en el corazón son inevitables, pero la amargura, rencor y odio que guardamos como consecuencia de esas heridas son totalmente nuestra responsabilidad, si siguen allí es porque ¡no hemos ido a dejar nuestras situaciones en manos del Señor! Hemos querido ser los jueces de lo que nos sucedió para poder condenar y castigar con dureza a quienes nos hirieron, ¿es que hemos olvidado cómo fue que Jesucristo lidió con nuestras faltas y ofensas?, ¿cuánta dureza y castigo usó contra nosotros? ¡Su respuesta fue amarnos y entregarse por nosotros en una cruz!, ¡su primera opción siempre es perdonarnos y restaurar su relación con nosotros! ¿Es que acaso hemos encontrado un sistema de justicia más efectivo basado en el odio y el rencor? Cuando leemos a David a defender tantas veces al “ungido del Señor” pareciera que estaba protegiendo a un líder admirable, un cristiano ejemplar o tal vez hasta a su mismo padre, ¡pero era un rey alejado de Dios que lo quería matar al que defendía! El corazón de David había entendido que esta vida no era una cuestión personal ni egoísta, sino que todo se trataba de Dios, Él tenía control de todo. David había decidido amar al Señor y respetar sus tiempos y decisiones sin importar lo que le costara, una decisión que no tomó de labios hacia fuera sino que nació desde su corazón y cuando el corazón era tentado a rendirse, David encontraba fuerzas y sanidad en su relación con su amado Señor.

Ideas para tu Oración de Hoy
1. Pídele perdón a Dios si has notado que guardas rencor en tu corazón, si tienes odio hacia alguna persona o deseos de venganza por injusticias que has vivido. Decídete a dejar todo en sus manos, déjalo a Él ser el juez y que sea Él que pague a cada quien lo que le corresponde y no tú.
2. Pídele a Dios que te ayude a sanar tu corazón, pídele que te guía a las porciones de la Biblia que traigan luz y verdad para desenmascarar las mentiras que te mantienen lastimado y oprimido.
3. Comprométete a comenzar a hablar vida y bendición a los que te rodean, deja de ser una fuente de crítica, chismes y rencor.

1 Comment

  1. Grace Siller

    December 3, 2015

    Hermoso!, muchas veces queremos que el resentimiento desaparezca por si sólo, pero eso no sucede, sólo en la Palabra de Dios hay sanidad y consuelo, reciban bendiciones

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