Deja que Dios haga justicia por ti

Lectura de Hoy:
1 Samuel 24:1-7 (Da un clic en el pasaje para leerlo)

Versículo clave:
“Y dijo a sus hombres: Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido de Jehová.” 1 Samuel 24:6

Deja que Dios haga justicia por ti
(No olvides leer las instrucciones del lado izquierdo antes de comenzar)

¿Alguna vez has sido acusado injustamente por algo que no hiciste? Yo sí y varias veces, la mayoría de las ocasiones fueron cuando era joven ¡y qué difícil me fue lidiar con la impotencia de una falsa acusación! Porque aunque en ocasiones fue por una confusión, otras veces sí fue porque deliberadamente alguien acusó falsamente. ¿Qué te ha sucedido a ti que te haga querer hacer justicia por tu propia mano? ¿Un mal jefe en el trabajo?, ¿un maestro prepotente?, ¿un vecino abusivo?, ¿una relación en la que te traicionaron o utilizaron? La injusticia más grande en la historia de la humanidad fue que un padre lleno de amor diera la vida de su hijo inocente para pagar una deuda que nos condenaba a muerte a ti y a mí, ¡no fue justo en ninguna manera! Éramos culpables de todos nuestros pecados y aún así Jesús murió por nuestras culpas para limpiarnos y hacernos “justos” merecedores del amor y el perdón de nuestro Señor. Hoy quiero invitarte a que le confíes las injusticias de tu vida a tu Salvador, deja tu deseo de venganza en manos del Señor, déjalo a Él ser el juez en aquellas áreas de tu vida que hacen sentir frustración, impotencia, coraje y deseos de venganza.

Siempre habrá oportunidades de vengarnos
“En el lugar donde el camino pasaba por algunos rediles, Saúl entró en una cueva para hacer sus necesidades. ¡Pero resultó que David y sus hombres estaban escondidos más adentro de esa misma cueva!”.
Durante varios devocionales diarios hemos estado siguiendo la vida de David en su caminar hacia llegar a ser el rey de Israel. En esta etapa de la historia David se encuentra huyendo del rey Saúl quien lleno de celos e ira está persiguiéndolo para matarlo o al menos eso creía él, lo que en realidad estaba sucediendo es que Dios lo estaba usando para formar el corazón del próximo rey. En medio de esta persecución el Rey entra a una cueva a hacer sus necesidades, algo a lo que su guardia personal ni ninguno de sus 3mil hombres lo podían acompañar, y nunca imagino que dentro de esa cueva ¡estaban David y sus ya casi 600 hombres! ¿Te imaginas una escena así? Que un día descubras a aquella persona que tanto mal te ha hecho en una acción vergonzosa o una falta grave, ¿cómo reaccionarías? A más de uno se nos vendría al menos en el primer pensamiento lo mismo que dijeron los hombres de David: “¡Ahora es tu oportunidad! —los hombres le susurraron a David—. Hoy el Señor te dice: “Te aseguro que pondré a tu enemigo en tu poder, para que hagas con él lo que desees”».” Para estos hombres ¡era una bendición de Dios! Hasta se atrevieron a declarar en nombre del Señor para ver si así convencían a David de que matara a Saúl y terminaran así sus días de huir por el desierto para dar inicio a la nueva era del reinado de David, ¿te recuerdan estas declaraciones a algunas que hayamos leído en las últimas lecturas? Son iguales ¡a las de Saúl! Cada vez que le decían donde estaba escondido David daba gracias a Dios. ¡No debes escuchar nunca a quien usa el nombre de Dios para ejecutar venganzas personales! Porque el corazón de Dios no es vengativo sino justo, a Él y no a nosotros le corresponde dar a cada quien lo que merece.

Vengarnos endurecerá nuestro corazón
“Queridos amigos, nunca tomen venganza. Dejen que se encargue la justa ira de Dios. Pues dicen las Escrituras: «Yo tomaré venganza; Yo les pagaré lo que se merecen», dice el Señor. En cambio, «Si tus enemigos tienen hambre, dales de comer. 
Si tienen sed, dales de beber.” (Romanos 12:19-20) Dejar que mi corazón sienta que: “me hicieron algo muy malo que no merecía y ahora verán que no debieron meterse conmigo” es también aceptar sin decirlo en voz alta que: “no sé por qué Dios permitió que me hicieran esto así que lo tendré que arreglar a mi manera y en mis términos”. Es decir, es sacar a Dios de escena, es decirle: “en esta situación no te necesito”, incluso un corazón resentido podría ir más allá: “te necesitaba cuando me ofendieron, cuando me acusaron falsamente, cuando fueron abusivos conmigo, pero como no estuviste entonces ahora que pague mal con mal tampoco te metas”. Fuertes y tristes declaraciones, pero seamos honestos, aunque nunca las diremos en voz alta, ¿no es así como reaccionamos al hacer justicia por nuestra mano?, ¿no son la ira, el resentimiento y la falta de fe los motores que nos mueven a demandar justicia y si no la recibimos a ejecutarla nosotros? Es igual de dañino ejecutar una venganza que no ejecutarla pero guardar los anhelos de venganza por años en el corazón, el resultado de los dos casos es el mismo: un corazón duro, amargado y separado de Dios.

Conclusiones
Si decimos que Dios es nuestro “Señor” debemos vivir de acuerdo a esta declaración, si Él es señor entonces yo ya no me pertenezco, mi voluntad ¡ya no es la más importante! Mi Señor hará justicia, Él verá por mí, Él dará a cada quien lo que le corresponde. Mi única alternativa ante las injusticias es aceptar la voluntad de Dios, aceptar que si Él permitió que yo viviera esto es porque es lo justo delante de Él para este momento de mi vida. Pues aunque David fue difamado, perseguido y sentenciado a muerte injustamente ¡eso era lo que la voluntad de Dios quería para Él en ese momento! Las injusticias en la vida de David eran parte de su formación como hombre y como próximo rey, la manera ejemplar en que reaccionó estaba transformando el corazón de sus hombres y demostrándoles que había otra alternativa de vida a la que Saúl había mostrado. La única manera en que alguien pudo enfrentar semejante injusticia con un corazón sereno y escogiendo el perdón y la misericordia por encima de la venganza es porque ¡tenía bien claro que su justicia estaba siendo dirigida por alguien más! ¿Por qué he yo de hacer justicia cuando yo no soy el rey?, ¿por qué he yo de castigar o lastimar a alguien que me hizo daño si mi Señor cuando yo merecí el castigo eterno dio la vida de su hijo para perdonarme?, ¿es que acaso soy yo mejor que Dios para impartir justicia?, ¿soy más listo que Él a la hora de decidir mis juicios personales? Esta es la conclusión: Dios es mi justicia, Él dirige mis juicios, Él decide a quien perdona y a quien castiga, Él no necesita mis evidencias ni opiniones contra quien me lastimó, Él sabe exactamente cómo sucedió todo y cómo debe concluir. Todo se trata de su voluntad y no la mía, si Él ha decidido perdonar y amar a sus enemigos y soy su siervo, eso es lo que yo haré. “No dejen que el mal los venza, más bien venzan el mal haciendo el bien.” (Romanos 12. 21)

Ideas para tu Oración de Hoy
1. Llénate de valor y de coraje y de una buena vez suelta todas las injusticias que llevas cargando en las manos de Dios. Pídele perdón por querer hacer justicia por tu propia mano, por guardar esas ofensas en tu corazón para esperar una buena oportunidad de cobrarte lo que te hicieron, pídele perdón por el resentimiento y la falta de perdón.
2. Pídele a Dios que te enseñe a amar como Él ama, a perdonar a otros como Él te perdonó a ti.
3. Entre más tiempo pases leyendo la Biblia y buscándolo más pronto entenderás y aceptarás su voluntad y al hacerlo cada vez menos necesitarás explicaciones o “justicias propias” pues entenderás que Él está en control de todo.

2 Comments

  1. Douglas

    August 19, 2018

    Muy bueno encontré la respuesta Gracias

  2. Rubí

    February 4, 2018

    Palabras llenas de poder del Espiritu Santo. Gracias.

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