Dios conoce los sueños de tu corazón

Lectura de Hoy:
1 Samuel 17:52-58 (Da un clic en el pasaje para leerlo)

Versículo clave:
“Y David tomó la cabeza del filisteo y la trajo a Jerusalén, pero las armas de él las puso en su tienda.” 1 Samuel 17:46

Dios conoce los sueños de tu corazón
(No olvides leer las instrucciones del lado izquierdo antes de comenzar)

Cuando leemos la historia de David venciendo a Goliat solemos enfocarnos en las amenazas del gigante, el valor del pequeño pastor y la formidable e inesperada victoria de David que culminó con el pueblo de Israel persiguiendo y derrotando a los filisteos. ¡Qué victoria tan grande hubo ese día! Sin embargo, debemos recordar que la Biblia no es un libro que nos cuenta historias de “grandes hombres” sino que es el mismo corazón de nuestro Señor mostrándonos todo lo que puede hacer a través de cualquiera que tenga fe y decida entrar en una relación personal con Él. La historia real de David es como un joven inexperto pastor que nunca había peleado en el ejército mostró un amor y una fe tan grande por Jehová su Dios que decidió arriesgar su vida para poner en alto el nombre de su Señor y demostrarle a todos que había Dios en Israel. ¡Tú y yo podemos hacer lo mismo hoy! Ponernos en pie y demostrarle a todos que hay Dios en tu hogar, en tu escuela, oficina, tu iglesia y tu ciudad. Antes de cerrar este momento en la historia de David detengámonos unos minutos a revisar algo que seguramente pasaste por alto en esta historia.

David fue a Jerusalén
En el versículo 46 del capítulo 17 del primer libro de Samuel que hemos estado leyendo en los últimos estudios la Biblia menciona que David tomó la cabeza del filisteo y la trajo a Jerusalén. Te preguntarás ¿qué tiene esto de raro o especial? Para entenderlo déjame compartirte lo que sucede un poco más adelante en esta historia, se encuentra en el segundo libro de Samuel capítulo 5 y versículo 6. Para este momento de la historia que estamos a punto de leer David acababa de ser proclamado rey de Israel después de muchos años y mucha formación de su carácter y corazón. La primer decisión que tomó el nuevo rey una vez que tuvo listo a su ejército fue: “Entonces marchó el rey con sus hombres a Jerusalén contra los jebuseos que moraban en aquella tierra; los cuales hablaron a David, diciendo: Tú no entrarás acá, pues aun los ciegos y los cojos te echarán (queriendo decir: David no puede entrar acá). Pero David tomó la fortaleza de Sion, la cual es la ciudad de David.” El primer libro de Crónicas en el capítulo 11 en los versículos del 4 al 9 también menciona este pasaje de la historia e inicia mencionando lo siguiente: “Después David fue con todo Israel a Jerusalén (o Jebús, como solían llamarla anteriormente), donde vivían los jebuseos, los habitantes originarios de esta tierra.” ¿Lo notaste? ¡Jerusalén hasta este día que David fue a conquistarla todavía no pertenecía al pueblo de Israel! Ni siquiera se llamaba Jerusalén todavía sino Jebús donde sus habitantes originarios los jebuseos vivían, y entonces, ¿qué fue a hacer David con la cabeza de Goliat en su mano a Jerusalén el día que lo derrotó?

La ciudad de David
Los historiadores mencionan que Jebús (ahora Jerusalén) era una ciudad amurallada construida sobre un monte, una ciudad grande que seguramente fue admirada por David y muchos israelitas más por años. David tenía un sueño guardado en su corazón desde muchos años antes de derrotar a Goliat. La Biblia no menciona cuándo ni cómo empezó esta admiración del joven pastor por Jebús, pero sí nos deja ver que el día de su victoria más importante contra el gigante, antes de ir por reconocimientos o aplausos e incluso en lugar de unirse a la guerra contra los filisteos decidió caminar con la cabeza del gigante en su mano hasta las afueras de la ciudad de Jebús, ¿qué se habrán imaginado los guardias en las murallas y en las puertas de esta ciudad al ver a un joven pararse frente a ellos con una cabeza ensangrentada de un gigante? Seguramente no pensaron que sería el rey más grande de Israel que varios años después volvería con un ejército entero a conquistarlos. Jerusalén estaba en el corazón del rey, de ahí que se le conozca como la ciudad de David. ¿Cuáles son los sueños que atesoras en tu corazón y que parecieran inalcanzables? ¿Sabías que Dios los conoce? ¿Los hará realidad todos? No lo sabemos pero sabías que muchos de esos sueños en tu corazón Dios los sembró ahí para un día llevarte a verlos hechos realidad?

Conclusiones
El libro de los salmos menciona la siguiente declaración: “Confía en Jehová y haz el bien… Deléitate en el Señor y él te concederá las peticiones de tu corazón. Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará“. Me impresiona ver que en medio de una historia tan grande y “famosa” como la de la victoria contra el gigante había una más sucediendo que era David soñando en un futuro en que conquistaría la ciudad de sus sueños y ¡Dios se encargó de capturar esta historia paralela en la Biblia! Porque de esto se trata cada momento de la Palabra de Dios, del corazón de nuestro Señor amándonos e invitándonos a conocerle. ¿Qué fue lo más grande de este momento de la historia de Israel? ¿la victoria del gigante? ¡No lo creo! Fue el inmenso amor de Dios por su pueblo, la impresionante relación personal de un joven pastor y su Salvador, el Creador respaldando los pasos y sueños de su hijo, fue Jehová derrotando a un hombre que se atrevió a desafiarlo a Él y su nación, sus hijos, sus escogidos. ¡Hay tanto del amor y poder de Dios en cada historia de la Biblia! No lo dejemos pasar cuando leamos, no leamos solamente como un deber o “una historia más”, vayamos tras el corazón de Dios, tras una relación personal con Él dejemos que sus sueños plantados en nuestro corazón se hagan realidad.

Ideas para tu Oración de Hoy
1. Dale gracias a Dios por todos los sueños que te ha dado y pídele que te ayude a identificar aquellos que Él ha sembrado en ti para que por su gracia y en su voluntad se cumplan a su tiempo.
2. Toma la determinación una vez más en tu corazón de comprometerte a no dejar de buscar a tu Salvador, a no dejar de tener una relación personal con Él, Él está buscando tu corazón cada día y está dispuesto a compartirte el suyo.

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