Felices los que tienen Hambre de Dios

Lectura de Hoy:
Mateo 5:1-12 (Da un clic en el pasaje para leerlo)

Versículo clave:
“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.” Mateo 5:6

Felices los que tienen Hambre de Dios
(No olvides leer las instrucciones del lado izquierdo antes de comenzar)

¿Cuál ha sido la mayor cantidad de tiempo que te has quedado sin comer? Hace varios años pasé casi una semana con una dieta muy rígida donde comía muy poco y no precisamente lo que más me gustaba y recuerdo que me daba tanta hambre que un día abrí el refrigerador y vi una cebolla, ¡y hasta ganas de darle una mordida me dieron! Aunque sí me gusta la cebolla, ¡nunca le daría una mordida a una y menos cruda! Cuando uno tiene hambre, se le antoja comer “casi cualquier cosa” y cuando uno se sacia de “cualquier cosa” es muy probable que termine enfermo o desnutrido y con el paso del tiempo hasta su vida podría peligrar. Nuestro espíritu necesita ser saciado de “alimento espiritual”, aquellos que no se han atrevido a tener fe en Dios ni entregarle su corazón han decidido saciar su espíritu con cualquier cosa que escuchan, creen o que heredaron como costumbre, tradición o moda. ¿con qué estás alimentando tu espíritu, dejas que coma lo que sea o eres cuidadoso de únicamente llenarlo con el pan que Dios te quiere dar? Dios quiere saciar esa necesidad en tu interior de ser amado, aceptado y de sentir que perteneces a algo o alguien que nadie ha podido llenar en ningún lugar o relación en la que has estado. ¡Él quiere tener una relación personal de amor perfecto contigo!

Hambre y sed de Justicia
Solemos interpretar “justicia” como lo define el diccionario (www.rae.es): “Algo equitativo, razonable, darle a cada quien lo que le corresponde”. La Biblia en diferentes lugares asocia la justicia con integridad (2 Samuel 22:21) e incluso menciona en Deuteronomio 6:25 que la justicia viene como resultado de poner por obra los mandamientos de Dios. En el primer mensaje público de Jesús conocido como el Sermón del Monte y sobre el cual trata nuestra lectura bíblica del día de hoy, Jesucristo declaró: “Felices son aquellos que tienen hambre y sed de justicia…”. La justicia suele ser impartida por jueces o gobernantes que se ponen de acuerdo para establecer reglas y lineamientos a seguir. Cuando decides entregarle tu vida al Señor para que sea tu Salvador implícitamente estás decidiendo vivir de acuerdo a sus reglas, a sus principios, a su Palabra. Si te llamas a ti mismo cristiano debes entender que el Juez de todo lo que te pasa ¡es Dios! En otras palabras, la justicia que debemos buscar ¡no es la nuestra ni la que la sociedad nos propone sino la justicia de Dios escrita y explicada en su Palabra! Y entonces las palabras de Jesús bien podrían leerse así: “¡Son realmente felices aquellos que tienen hambre y sed por conocer y aceptar todo lo que Dios, su Juez Justo tiene preparado para sus vidas!”

“¡No es justo!”
¿Alguna vez has expresado esto o algo similar? Seguramente sí, yo lo he hecho y muchas veces. Cuando no entiendo algo que sucede o cuando percibo que recibí algo que no me correspondía o que no recibí algo que sí me correspondía suelo exclamar: ¡no es justo! Y no solamente cuando me sucede a mí, también cuando no entiendo los eventos buenos o malos que suceden a personas que me rodean. Pero ¿qué queremos decir realmente al expresar esto? Es como si estuviéramos demandándole o exigiéndole a “alguien” (que suele ser a Dios aunque no lo digamos directamente) una explicación de lo sucedido porque no estamos de acuerdo. Necesitamos entender que nuestro deseo de justicia nace de la balanza personal de intereses egoístas que tenemos en el corazón y que suele inclinarse siempre o casi siempre a nuestro favor. Jesús lo dejó claro, los felices son aquellos que anhelan la justicia de Dios, aquellos que hacen a un lado sus intereses y conveniencia para aceptar lo que Dios ha decidido hacer. Pues es Él y solamente Él quien decidirá hacia que lado se inclinará la balanza y sus juicios y resultados ¡siempre serán los más justos! Felices son los que frente a los eventos que no pueden comprender alcanzan a percibir a Dios detrás obrando de maneras que sólo Él entiende, felices quienes saben que el motor principal que dirige el corazón de Dios es el amor, por lo cual todo evento “injusto” para los hombres, es resultado del amor de Dios trabajando y transformando nuestro corazón. Felices los que saben que el Juez absoluto de su vida es un Padre Amoroso que como menciona el capítulo 29 del libro de Jeremías únicamente tiene pensamientos de paz y no de mal para ellos.

Conclusiones
Aquellos que no han decidido entrar en una relación personal con Jesucristo día con día tratan de saciarse con dinero, recursos, influencia, fama y popularidad pero nada los hace sentir satisfechos, ¡solamente en Dios podrás saciar tu hambre de identidad, propósito y destino! Porque siendo honestos, muchos de nosotros no doblamos nuestra rodilla ante Dios ni aceptamos su justicia en los días “buenos” sino hasta que nos dimos cuenta que somos jueces corruptos e ignorantes que necesitamos de una justicia divina que nos devuelva el enfoque correcto, la mirada en nuestro Salvador. El apóstol Lucas en el capítulo 6 del Evangelio que escribió hace referencia al mismo Sermón del Monte del que nos habla Mateo y cita a Jesús diciendo: “¡Ay de ustedes los que ahora están saciados, porque sabrán lo que es pasar hambre!” Aquel que no tiene apetito por la justicia de Dios es porque se considera a sí mismo el juez único de su vida. Sus decisiones son guiadas por sus propios intereses y deseos, juzga y critica a quienes son culpables ante su percepción y escoge qué, cómo y cuándo perdonará a otros y a sí mismo. Los hijos de Dios necesitamos cada vez con mayor urgencia tener muy en claro que la fuente de nuestra verdad absoluta y de toda justicia ¡es su Palabra! Es nuestro Señor quien ha determinado lo bueno y lo malo, lo correcto e incorrecto y ninguna moda, cambio social o presión de multitudes lo harán cambiar de opinión, bajar su estándar de santidad o tolerar un poco de pecado. ¡Dios es un Juez Justo que ya ha establecido lo bueno y lo malo que aplica para toda persona en todo lugar y todo momento de la historia! Me causa sorpresa y tristeza escuchar a líderes religiosos que dicen creer en Dios pero que se reúnen para decidir qué parte de la Biblia aceptarán y cuál pasarán por alto para satisfacer “los cambios de la sociedad”, ¡en qué momento pasó la Iglesia de ser el ejemplo para la sociedad a convertirse en un esclavo de sus demandas! Tristemente aquellos cristianos que no han invertido en saciarse de Dios y de su Palabra se están dejando saciar por la corriente de este mundo, su falta de hambre por la justicia de Dios los ha hecho dejar de pelear por lo recto, puro y santo. ¡Son realmente felices, bendecidos y bienaventurados quienes han dejado que su hambre de justicia sea saciada por los juicios del único Juez Justo y verdadero! ¡Felices los que han escogido la verdad por encima de cualquier otra idea o teoría, los que le han permitido al Señor del Universo juzgar su causa, dar el veredicto final sobre sus pecados y decidir entrar en una relación personal con Él por la eternidad!

Ideas para tu Oración de Hoy
1. ¿Estás pasando o has pasado por alguna situación que no entiendes y has tratado de entenderla o resolverla tu mismo? Necesitas detenerte y dejar a Dios ser el Juez. Pídele que abra los ojos de tu entendimiento y te ayude a ver la vida como la ve Él, dile que aceptas el resultado que Él haya decidido aunque no lo entiendas, pídele que aumente tu fe y te de fuerzas para seguirle cada día.
2.  Si has perdido el apetito por Dios y su justicia, sé honesto en tu oración de hoy, pídele perdón a Dios y haz tuya la oración del Salmo 51: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu fiel dentro de mí. No me expulses de tu presencia y no me quites tu Espíritu Santo. Restaura en mí la alegría de tu salvación y haz que esté dispuesto a obedecerte“.

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