Todos veremos a Dios Cara a Cara

Todos algún día estaremos delante del trono de poder y majestad de Dios, los que creímos y los que no creyeron, todos seremos llamados a dar cuentas ante el tribunal del Cielo, algunos se toparán con su juez que los condenará a una eternidad sin Él por su incredulidad pero otros tenemos una esperanza y un anhelo en el corazón, al menos por mi parte puedo decir que yo me encontraré con mi Padre Eterno y mi Salvador, el Dios que levantó mi cabeza vez tras vez, mi amigo íntimo, mi más profundo amor, mi redentor. ¿Con quién te encontrarás tú?

El amor de Dios nunca deja de ser

Conforme más conocemos a Dios más nos damos cuenta lo equivocados que estábamos en nuestras maneras de querer agradarle antes de decidirnos a llevar una relación con Él. Miles de personas con una buena intención en su corazón hacen sacrificios físicos muy dolorosos, repiten frases y rezos sin cesar, hacen mandas, acuden a servicios religiosos que no entienden mucho ni mucho menos disfrutan y hacen un sinnúmero más de acciones buscando agradar a Dios y ganarse su favor, creen que las acciones o los sacrificios atraerán su corazón pero no han tendido que ¡desde antes de conocerlo Él ya había decidido amarnos! Las religiones en general quieren decirle al hombre cuál es la manera de acercarse a Dios pero la Biblia se trata de cómo el perfecto e inmenso amor de Dios se acercó a nosotros.

Miembros de un mismo Cuerpo

Dios te ha colocado en su cuerpo, te ha diseñado como parte de algo mucho más grande y hasta que no te unas al resto del cuerpo no entenderás el propósito por el cual fuiste diseñado con la combinación perfecta de capacidades, habilidades, fortalezas y debilidades que conforman tu personalidad y carácter. En lugar de compararnos disfrutemos nuestras diferencias y seamos miembros unos de los otros funcionando juntos.

El Espíritu Santo: ¿lo conoces?

Cuando su Espíritu entra a nuestras vidas le revela a nuestro espíritu, es decir a aquella parte de nosotros que es nuestra esencia humana, todo lo que antes no éramos capaces de entender de Dios, de pronto su Palabra es fácil de leer, su amor inunda nuestra ser, recibimos nuevas fuerzas para enfrentar los pecados y un hambre por todo lo que pertenece al Reino de los Cielos comienza a despertarse en nuestro interior, esa nueva experiencia o sensación difícil de comprender es el Espíritu Santo morando en nosotros.

En memoria de Jesús

¿Qué quería Jesucristo que recordáramos de Él cada vez que nos reuniéramos como iglesia a recordar la última cena que tuvo con sus discípulos? Quería que recordáramos dos cosas: su sacrificio y su pacto. Lo primero que hizo fue partir el pan mientras les decía: Tomen, coman; esto es mi cuerpo que por ustedes es partido. En otras palabras les estaba diciendo que así como el pan era partido en sus manos así sería su cuerpo partido por nosotros, Jesús estaba a punto de hacer el sacrificio que cambiaría el rumbo de la humanidad por la eternidad. Quería que lo hiciéramos en memoria de Él.