Manteniendo un corazón sano

Las heridas en el corazón son inevitables, pero la amargura, rencor y odio que guardamos como consecuencia de esas heridas son totalmente nuestra responsabilidad, si siguen allí es porque ¡no hemos ido a dejar nuestras situaciones en manos del Señor! Hemos querido ser los jueces de lo que nos sucedió para poder condenar y castigar con dureza a quienes nos hirieron, ¿es que hemos olvidado cómo fue que Jesucristo lidió con nuestras faltas y ofensas?, ¿cuánta dureza y castigo usó contra nosotros? ¡Su respuesta fue amarnos y entregarse por nosotros en una cruz!

Nuestras decisiones tienen consecuencias

Aún en medio de las consecuencias de nuestras malas decisiones, aún allí Dios siempre está con nosotros, su amor no depende de lo que hacemos o dejamos de hacer, todo Él es todo el amor, Él no nos puede dejar de amar porque implicaría que dejara de ser Él mismo, que dejara de existir. ¿Qué tan lejos te han llevado tus malas decisiones de tu relación personal con el Señor?

Deja que Dios haga justicia por ti

Dejar que mi corazón sienta que: "me hicieron algo muy malo que no merecía y ahora verán que no debieron meterse conmigo" es también aceptar sin decirlo en voz alta que: "no sé por qué Dios permitió que me hicieran esto así que lo tendré que arreglar a mi manera y en mis términos". Es decir, es sacar a Dios de escena, es decirle: "en esta situación no te necesito".

Trabajando por la Unidad

Hoy en día hay mucha gente dentro de las comunidades cristianas con el corazón lastimado porque las cosas no sucedieron de la manera que ellos querían o como ellos esperaban, ¡como si se tratara de ellos! Porque no solamente los que buscan dinero, fama o autoridad pueden dividir una iglesia, también lo hacen los que no cuidaron su corazón a las ofensas y heridas del enemigo y terminan esparciendo el cáncer de su amargura.

Todos necesitamos ayuda de los demás

¡La vida cristiana no fue diseñada para vivirla solos! Fracasaremos en nuestra lucha contra el pecado, nuestro conocimiento total de Dios y en entender el propósito para el que fuimos creados si vivimos alejados de una comunidad cristiana. Por supuesto que nuestra experiencia con Dios es personal pero sus propósitos para nuestra vida son basados en un cuerpo y no en un miembro. Necesitas ayuda de otros para hacer lo correcto y para edificar varias áreas de tu vida que no podrás levantar ni enderezar tú solo.