Desarrollando relaciones sanas

Para que una relación de amor o amistad funcione primeramente tienen que estar de acuerdo las dos personas, ¿de acuerdo en qué? no solamente en lo que sienten o esperan de la relación sino de acuerdo con los principios que rigen el corazón de la otra persona, es decir, una persona que no tiene espacio en su corazón para tener una relación con Jesús es porque ¡usa todo su tiempo para satisfacerse a sí mismo! Y difícilmente estará listo para entrar en una relación de amor, rendición y compromiso con alguien más, porque alguien que no conoce a Dios de acuerdo a la Biblia no ha conocido el verdadero amor, no conoce el poder del perdón, la libertad de la salvación, la paz que sobrepasa todo entendimiento ni la fortaleza que nos da el Señor para volver a intentarlo cuando fallamos.

Dios nos quiere unidos

El diablo ha logrado que en la escala de prioridades de los creyentes y las iglesias la unidad no esté en los primeros lugares y en cambio sí aparecen doctrinas no sustentadas 100% en la Biblia, ideas humanas, prejuicios y mucho juicio, crítica y condenación. ¡Cómo serán atraídos a Jesús quienes no le conocen si la iglesia vive peleándose, comparándose y criticándose a sí misma y a las demás! Jesucristo fue claro al decirnos en el capítulo 13 del Evangelio de Juan que: el amor que tengan (los cristianos) unos por otros será la prueba ante el mundo de que son mis discípulos. Este versículo también significa lo siguiente: si no somos capaces de amarnos los unos a otros esta es la prueba ante el mundo de que no somos discípulos de Jesús.

Siguiendo la Paz con los demás

Dios nos hizo a todos diferentes, en muchas maneras somos semejantes pero la suma de experiencias, vivencias, y decisiones de cada uno nos hacen únicos en ciertos rasgos de nuestra personalidad. Lo que para unos es importante para otros es trivial, lo que para otros es causa de enojo, tristeza o desilusión unos cuantos más apenas si perciben que sucedió; tantas diferencias suelen convertirse en impedimentos para que las relaciones interpersonales se desarrollen de maneras sanas y saludables. Sin embargo, después de amar a Dios con todo lo que somos, el siguiente y grande mandamiento que Jesús enseñó en su Palabra es que amemos a los demás como a nosotros mismos, que antepongamos los intereses de otros sobre los nuestros y que hagamos con otros como nos gustaría que hicieran con nosotros.

La Familia es Prioridad

Dios a través del apóstol Pablo dejó en claro que antes que pensar en la iglesia nuestra prioridad es nuestra familia, es ahí donde lo mejor de nosotros debe invertirse primeramente, donde debemos desarrollar relaciones sanas y estables, donde debemos reflejar el carácter de Cristo y ser ejemplo e influencia para que otros le conozcan. Si no tenemos en orden las relaciones personales con quien mejor nos conocen, ¿cómo aspiramos a dirigir y servir a quienes no nos conocen?

Sirviendo a los Hombres de Dios

Necesitamos dejar de pensar que al servir a otros les estamos haciendo un favor, ¡esto no es así! Servimos porque Dios nos ha dado el privilegio de conocerle y ser parte de su cuerpo, lo hacemos porque es lo que nuestro Señor nos pide y para recibir de Él y no de los hombres bendiciones, pero aún si no recibiéramos nada a cambio, lo hacemos por amor y gratitud. Vístete con humildad y sirve a Dios y los hombres que ha puesto como tus líderes o autoridades.