Comportándonos como hijos de Dios

Para la gente que no ha conocido a Dios es difícil de creer y aceptar que uno pueda cambiar, no conciben la idea de que la bondad pueda crecer en el corazón a tal grado que el deseo por hacer lo malo e incorrecto vaya disminuyendo hasta casi desaparecer del corazón. Pero lo que la Biblia nos enseña es que Dios espera que seamos santos y perfectos en nuestro modo de vivir, quiere que seamos irreprensibles, ejemplares e intachables para con nuestra conducta derribar la incredulidad del corazón de los que nos rodean y atraerlos al conocimiento de su amor. Si Dios espera esto de nosotros es porque con Él como nuestra fortaleza ¡todo es posible!

Dios no se rinde con nosotros

Dios está con nosotros cuando matamos gigantes y somos aclamados y reconocidos, pero también está allí cuando caemos sin fuerzas en nuestra debilidad, ¡Él no se ha ido ni se irá! Él siempre será fiel a su amor por nosotros, ¡nunca se rinde!

¿Creer que existe Dios es suficiente?

De alguna manera Saúl creía que con solo creer en Dios era suficiente, no era necesario tener una relación con Él, uno podía vivir su vida satisfaciendo todos sus deseos de pecar e ignorando al Señor y "no pasaba nada". Creía que tenía suficiente luz cuando en realidad estaba inmerso en la oscuridad.

Dios está con nosotros en nuestros errores

"¿Es pecado equivocarse? Dios ve nuestro corazón, según la motivación detrás de las acciones que nos llevaron a cometer el error sabremos si fuimos guiados por deseos contrarios a la Palabra de Dios o no. Y ¿cómo reacciona Dios ante nuestros errores? No solamente los que cometimos de manera ingenua o inocente sino también aquellos que fueron consecuencia de un corazón enojado, orgulloso o vengativo. ¿Se aparta Dios de nosotros...?"

Pon en Dios tu Esperanza

Ahí estaba en escena nuestro Salvador enfrentando a quien nos quería dañar cuando la verdad es que lo merecíamos, ahí estaba nuestro amado Dios dándonos ánimo, dándonos esperanza y protección cuando lo único bueno que habíamos hecho en mucho tiempo tras ignorarlo y olvidarlo era ¡clamar a Él en nuestro dolor! Pero así es nuestro Señor, esta a una oración de distancia, esperando que lo invitemos una vez más a nuestro corazón para inundarnos de su amor y su misericordia.