Siguiendo la Paz con los demás

Dios nos hizo a todos diferentes, en muchas maneras somos semejantes pero la suma de experiencias, vivencias, y decisiones de cada uno nos hacen únicos en ciertos rasgos de nuestra personalidad. Lo que para unos es importante para otros es trivial, lo que para otros es causa de enojo, tristeza o desilusión unos cuantos más apenas si perciben que sucedió; tantas diferencias suelen convertirse en impedimentos para que las relaciones interpersonales se desarrollen de maneras sanas y saludables. Sin embargo, después de amar a Dios con todo lo que somos, el siguiente y grande mandamiento que Jesús enseñó en su Palabra es que amemos a los demás como a nosotros mismos, que antepongamos los intereses de otros sobre los nuestros y que hagamos con otros como nos gustaría que hicieran con nosotros.

Dios Conoce a los que son Suyos

Dios nos amó a todos por igual al darnos la misma oportunidad a cada ser humano de permitirle ser el Señor de nuestra vida, envió a su Hijo Jesús a morir en la cruz derramando toda su sangre por cada uno de nosotros, no hizo acepción de personas, no murió por algunos cuantos ni restringió la entrada a su Presencia a ciertas personas que fueran “más buenas” o “más piadosas”, a todos nos amó por igual. Sin embargo, no todos los le dimos la oportunidad de dirigir nuestra vida, hubo quienes aceptamos su salvación y señorío y quienes lo rechazaron apartándose de Él. Dios sabe perfectamente quienes son suyos y quienes viven sin esperanza ni salvación.

Jesús tiene una Vida Nueva para ti

Jesús no vino al mundo a buscar a los santos para tener algunas reuniones sociales con ellos, pasar un buen tiempo y luego volver al Cielo, tampoco vino a tocar de puerta en puerta ofreciendo la salvación a ver si alguien la quería, mucho menos vino a tomar el papel de mártir para atraer a algunos cuantos, Él vino a morir en la cruz con un sólo plan en mente: Salvarnos. ¿Quiénes necesitan ser salvados? Los que saben que están en una situación de peligro de la cual no pueden salir con sus propias fuerzas, los que reconocen que si no claman por ayuda o buscan desesperadamente una salida de escape morirán en la situación en la que están, los que ya no tienen esperanza, los que están solos y perdidos. ¿Cuándo fue la última vez que levantaste un clamor al Cielo para pedir una intervención en tu vida, tu familia o tu nación? Quienes tienen la certeza de que son escuchados y de que existe un Salvador que puede rescatarlos no se cansan de clamar ni pierden la esperanza. Jesucristo vino al mundo para ser tu esperanza.

Haz a los demás lo que quieras que te hagan a ti

Para que una relación funcione se necesitan dos interesados, dos comprometidos y dos que hayan decidido amarse uno al otro por encima muchas veces de sus propios intereses. ¿Qué no fue esto lo que hizo Jesús al venir a dar su vida en la cruz? Dio el primer paso para establecer una relación de amistad y de amor con nosotros, se interesé tanto en nosotros que vino a tomar nuestro lugar para rescatarnos y restaurarnos, se comprometió a amarnos con su propia vida y decidió estar a nuestro lado sin importar lo que pudiera suceder. ¡Nos toca ahora a nosotros corresponder a la relación de amistad que el Hijo de Dios nos ofrece!

El Juzgar a los demás

Aunque no conocemos el corazón de las personas ni sus verdaderas intenciones nos dejamos influenciar fácilmente por lo que otros opinan para hacernos un concepto equivocado de alguna persona y para unirnos al grupo que la está criticando y señalando. ¡Cuántas personas de las que hoy no tenemos un buen concepto si las conociéramos nos daríamos cuenta de que estábamos equivocados! La Biblia enseña que con la misma medida con la que nosotros midamos a otros ¡se nos medirá a nosotros! La misma dureza y falta de misericordia que sembremos en señalar las faltas ajenas y en divulgarlas será la que recibiremos de los demás el día en que nosotros fallemos.