¿Quiénes son los Justos?

¡Exactamente eso vino a hacer Jesucristo! A ubicarnos en nuestra realidad espiritual: hombres pecadores, sin esperanza, que no merecíamos el amor divino; para luego levantarnos de nuestra miseria y vergüenza y darnos un nuevo valor y lugar, de ser pecadores hemos sido restaurados a un nuevo lugar como hijos de Dios, no somos ni más ni menos que esto: personas redimidas, perdonadas, adoptadas por el Rey Soberano y dueño del Universo por amor, hombres y mujeres con un nuevo valor y posición determinados por nuestro Señor y Salvador.

El Perdón es un resultado ¡de nuestra Fe!

¿Cómo podemos recibir el perdón por nuestros pecados y lavar nuestra vergüenza y dolor?, ¿haciendo muchos sacrificios?, ¿viviendo varios días sintiéndonos condenados y miserables?, ¿pagando alguna penitencia que nosotros mismos escojamos o alguien más nos sugiera? No somos considerados justos o perdonados por nuestras acciones sino por nuestra FE. ¿Fe en qué? En que la Biblia dice la verdad absoluta de parte Dios cuando menciona que: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

Reconciliados por medio de la Fe

Aceptó la culpa, la vergüenza y el castigo que nos correspondía, no se defendió, no demandó justicia, no dio lugar a la gracia en su propia vida, ¡Él estaba decidido a morir en nuestro lugar! Porque mediante su sangre inocente causó que el pecado y la muerte que nos acusaban perdieran su autoridad. Decidir creer en Dios y aceptarlo como nuestro Salvador es un paso de fe

Buscando la Aprobación de Dios

Un verdadero cristiano es el que tiene un corazón recto, pero no a los ojos de otros o de sí mismo sino a los ojos de Dios, no es aquel que cumple con ciertas tradiciones o costumbres religiosas, sino es quien ha tenido un cambio en el corazón producido por el Espíritu de nuestro Dios. Sabes que te has topado de frente con un cristiano enamorado de Dios cuando puedes percibir un corazón transformado que busca por encima de todo la aprobación de su Señor y no la de la gente.

Nuestras acciones tienen Consecuencias

Ningún argumento es válido para vivir en pecado ni para ser condescendiente con nuestras áreas débiles y nuestros malos hábitos. Todas nuestras acciones tendrán consecuencias, nuestra única esperanza es que nuestro Salvador nos libere y nos perdone para que en el juicio de Dios en lugar de ser declarados culpables seamos declarados redimidos.