Gastando nuestra vida por amor a Dios

Si aspiramos a vivir una vida que agrade a Dios debemos aprender a ver a través de sus ojos y a sentir según su corazón. Dios no pone su mirada en lo que parecemos ni mucho menos en lo que poseemos, Él mira quiénes somos y qué llevamos en el corazón. Tendemos a juzgar a las personas por su apariencia, sus posesiones o sus atributos físicos, nos dejamos llevar por lo que hay delante de nuestros ojos y solemos prejuzgar en nuestro interior a quienes no entendemos o conocemos. ¡Tenemos que aprender a ver más allá de lo que tenemos en frente!

Reconciliándonos con Dios

Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres; pero a Dios le es manifiesto lo que somos; y espero que también lo sea a sus conciencias. Antes de conocer a Dios únicamente teníamos como modelos a seguir a otras personas, ya fueran nuestros padres, algunos líderes sociales o políticos, líderes religiosos o incluso personas que ha habían muerto pero mientras vivían habían hecho algo heroico, impresionante o inigualable. El problema con tener nuestra mirada en las personas es que basta internarnos un poco en sus vidas para encontrar acciones vergonzosas que en ninguna manera son admirables ni mucho menos ejemplo a seguir.

Perdonados para perdonar

Perdonar es una decisión aunque solemos experimentarlo como una emoción. Cuando alguien nos lastima de manera intencional o accidental nos causa una ofensa de la cual es culpable en nuestra mente y corazón hasta el día que decidamos perdonársela. Muchas de las ofensas que nos hacen que son superficiales solemos perdonarlas o hasta olvidarlas fácilmente, sin embargo hay otras que pueden causar heridas profundas en nosotros si quien las hace es alguien que apreciamos o es alguien en quien confiamos. ¿Cómo podemos perdonar a alguien que nos ha lastimado cuando ni siquiera nos ha pedido perdón o incluso cuando nos lastimó intencionadamente?

Dios de toda Consolación

Fue el amor de nuestro padre de misericordia y consolación el que permitió que su hijo tomara nuestro lugar para que una nueva puerta de esperanza se abriera en nuestra vida. Entrar en una relación personal con Dios es entrar en un ambiente de amor, perdón, consolación, esperanza, es como si te hubieran cambiado los lentes con los que veías la vida y de pronto empezaras a disfrutar una vida nueva donde nunca más te sentirás solo ni abandonado porque ahí contigo por la eternidad estará tu Padre amoroso sosteniendo tu vida, lo notes o no, lo sientas o no, Él siempre estará allí.

Miembros de un mismo Cuerpo

Dios te ha colocado en su cuerpo, te ha diseñado como parte de algo mucho más grande y hasta que no te unas al resto del cuerpo no entenderás el propósito por el cual fuiste diseñado con la combinación perfecta de capacidades, habilidades, fortalezas y debilidades que conforman tu personalidad y carácter. En lugar de compararnos disfrutemos nuestras diferencias y seamos miembros unos de los otros funcionando juntos.