Aprendiendo a ser Humildes

¿Por qué se humilló? En su forma de Dios no tenía limitaciones ni debilidades, su primera humillación fue tomar forma de hombre, porque el cuerpo humano tiene debilidades naturales y limitaciones de tiempo y espacio, sin mencionar la salud, la fuerza, el cansancio, etc. Una vez que tuvo esta condición limitada, ¡todavía contaba con el poder y el respaldo del Cielo! Pero no tomó provecho de esto para controlar o castigar a los hombres, al contrario, se dedicó a servir y vino a morir en una cruz, la vulnerabilidad más alta en medio de menosprecios, golpes, críticas y rechazos y todo esto únicamente para darnos a ti y a mí salvación, para que nuestros pecados fueran perdonados y un día pudiéramos estar toda una eternidad junto a Él. Si hablamos de humildad y humillación nada es comparable a lo que Jesús hizo por nosotros.

Agradando a Dios antes que a los demás

¿Por qué razón seguimos a Jesús?, ¿qué esperamos o cuál es el fin por el cual somos cristianos? Hay muchas respuestas válidas que pueden darse a estas preguntas, algunas de las más comunes serán que lo seguimos por gratitud o por amor, y seguramente también diremos que nuestro fin es ser como Él y cumplir el propósito para el cual nos creó. ¡Todo esto es correcto! Creo que una razón más con la que todos coincidimos es que somos cristianos y hacemos la voluntad del Padre porque queremos ir al Cielo y estar con Él por la eternidad. Nuestro fin mayor es entrar a la eternidad con Él, pues si no alcanzamos esto, ¿de qué nos habrá servido todo lo demás que hayamos hecho aquí en la tierra? La vida cristiana es un proceso de preparación para la eternidad, las pruebas y tentaciones vienen a formar nuestro corazón y carácter para que tomemos decisiones eternas, mientras que el Cielo será un lugar de felicidad, paz y dicha eterna, acá en la tierra tendremos que enfrentarnos con el mundo y sus tentaciones así como con las pruebas de nuestra fe. Si Jesús mismo vino a padecer por nosotros en la carne para terminar con el pecado, ¿cuánto más no hemos de padecer nosotros por Él para que otros alcancen la salvación?

Comportándonos como hijos de Dios

Para la gente que no ha conocido a Dios es difícil de creer y aceptar que uno pueda cambiar, no conciben la idea de que la bondad pueda crecer en el corazón a tal grado que el deseo por hacer lo malo e incorrecto vaya disminuyendo hasta casi desaparecer del corazón. Pero lo que la Biblia nos enseña es que Dios espera que seamos santos y perfectos en nuestro modo de vivir, quiere que seamos irreprensibles, ejemplares e intachables para con nuestra conducta derribar la incredulidad del corazón de los que nos rodean y atraerlos al conocimiento de su amor. Si Dios espera esto de nosotros es porque con Él como nuestra fortaleza ¡todo es posible!

Le pertenecemos a Dios

Quienes decidimos seguir a Jesús podemos estar seguros que no seremos avergonzados. La gente posiblemente no entenderá los cambios en nuestra vida, pero lo que no saben es que están viendo solamente los cimientos de una construcción, es normal que no entiendan lo que ven pues acabamos de quitar una careta falsa de seguridad y felicidad para dejar al descubierto una nueva construcción de principios y valores sobre los cuales ahora queremos edificar nuestra vida. Las nuevas decisiones enfocadas en seguirle parecerán absurdas para quien no le conoce, pero en nosotros provocarán una vida abundante como la que nunca antes hemos experimentado.

¿Quiénes son los Santos?

La santidad comienza con una oración en la que le pedimos a Jesús que sea el Señor de nuestra vida pero no queda allí, sino que es una decisión de cada día, todo el día, todos los días. La santidad se nutre con la Palabra de Dios y se fortalece en los tiempos de oración, es el carácter de Dios impregnándose en el nuestro cuando ponemos en práctica los principios que nos ha revelado Su Palabra