Derrama tu corazón ante Dios

Solemos orar esperando que Dios nos conteste siempre que sí a nuestras peticiones e intervenga a nuestro favor en la situación que estamos atravesando y sin embargo debemos aceptar la posibilidad de que Él tenga otro plan y por ahora su respuesta a nuestra petición sea un: ¡No! ¡Deberíamos sentirnos honrados cada vez que nuestros pensamientos van de acuerdo a los pensamientos del Creador del Universo en el que reposa todo conocimiento y sabiduría! Por supuesto que más de una vez nuestra limitada percepción de la vida y la realidad ¡no coincidirá con los planes perfectos y eternos de nuestro Señor! La pregunta que debemos hacernos es: ¿qué haremos al respecto?, ¿rendirnos?, ¿ofendernos?, ¿alejarnos de Él?, ¿dejar de buscarlo?, ¿buscar respuesta en algo o alguien más?

La Felicidad en la Compasión

¡La compasión de Dios no tiene límites ni lógica alguna! Porque detrás de la compasión de nuestro Señor está su amor, un amor igualmente ilógico e ilimitado, un amor puro que ve lo mejor de nosotros, que nos restaura y nos levanta de maneras que la vergüenza más profunda cede y se transforma en gratitud. Nuestro Salvador sabe ir hasta nuestro momento de mayor dolor para ofrecernos su hombro, perdón y restauración. Él no está buscando a quien acusar o juzgar, ¡sino a quien amar y con quién entrar en una relación personal para transformar su miseria y dolor en vida abundante!

Felices los que Aceptan la Justicia de Dios

Mi justicia no siempre coincide con la justicia de Dios, muchas veces Él ha perdonado personas que a mí me cuesta perdonar, incluso Él me ha perdonado pecados ¡que yo he batallado en perdonarme a mí mismo! Muchas veces la vida no ha salido como que yo quisiera, por más que me esfuerce en planear y prever situaciones de pronto sucede algo inesperado y todo lo que me había esforzado por lograr lo que yo deseaba ya no tiene ningún valor. Jesucristo enseñó en el Sermón del Monte que una característica más de las personas más felices y dichosas que existen en la tierra es la mansedumbre, es decir, la capacidad de confiar en Dios más que en nuestras propias fuerzas a la hora de enfrentar las injusticias de la vida.

Felices los que son Consolados por Dios

Solamente una intervención divina en medio de nuestro pesar puede darnos esperanza y vida una vez más. Es válido llorar y lamentarse, pero no olvidemos que en medio de nuestras aflicciones ¡Dios puede hacer algo nuevo, inesperado y tan perfecto que podamos no solamente sobrellevar nuestro dolor sino volver a vivir en felicidad por el resto de nuestros días! ¡Felices, dichosos y bendecidos aquellos que en su dolor encuentran una diminuta cantidad de fe que los lleva a abrirle la puerta de su corazón a Jesucristo! Porque Él entrará a consolar y restaurar sus vidas de una manera que nunca creyeron que sería posible.

Dios está con nosotros aún en nuestros errores

Porque la verdad es que la mejor reacción que podemos tener ante una falta que hemos cometido es admitirla, pedirle perdón a Dios, enfrentar nuestras consecuencias y confiar que el Señor que ve las intenciones y motivos de nuestro corazón nos perdonará y restaurará. Así mismo, lo mejor que podemos hacer como hijos de Dios cuando vemos el error de alguien más ¡no es señalarlo, juzgarlo ni apartarlo de nosotros! Sino escucharlo, aconsejarlo, amarlo y sostenerlo porque eso es lo que necesitaremos nosotros cuando sean nuestros errores los que salgan a a la luz.