Pidiéndole a Dios con confianza

Jesucristo en el pasaje de la lectura de nuestro estudio de hoy que forma parte del Sermón del Monte nos invita a no rendirnos en nuestra búsqueda de una respuesta de nuestro Padre celestial: ¡sigan pidiendo!, ¡sigan buscando!, ¡sigan llamando! ¿Por qué lo dijo? Porque nadie conoce mejor el corazón de nuestro Señor que su hijo y sabe bien que la respuesta llegará: sea un sí, un no, o un espera, la puerta se abrirá y encontraremos paz en lo que sea que Dios tenga que decir sobre nuestra necesidad.

Felices los que viven en la Paz de Dios

Vivir en paz es una consecuencia natural de establecer una relación personal con nuestro Señor, porque a medida que lo conocemos y entendemos cuánto nos ama y nos cuida, una seguridad interna nace dentro de nosotros que genera como resultado una vida de confianza y paz. Saber que alguien que nos ama profundamente tiene todo el poder y todo bajo control ¡nos da tranquilidad!

¡Es tiempo de conquistar lo que Dios te ha entregado!

Dios separa una victoria en dos partes: primero en que Él nos entregará a nuestros enemigos y nos asegurará la victoria; segundo que seremos nosotros quienes tendremos que conquistar al enemigo y destruirlo por completo. Cuando Jesucristo vino a morar en la cruz venció al pecado y al reino de las tinieblas, la Biblia ha asegurado ya también que en la batalla final ¡la victoria será nuestra! Vivimos entonces ahora en el proceso en el que nos toca a nosotros ir a conquistar todo pecado que es enemigo de nuestra relación personal con Dios y de nuestra santidad. ¡Conquistemos lo que Dios ya nos ha entregado!

¡Atrévete a creerle a Dios!

Esto sí que es emocionante, ir a una batalla que uno debería perder sabiendo que tiene un respaldo sobrenatural que hará cosas inimaginables que terminarán en una victoria inigualable. ¡Así es el caminar con fe en la vida cristiana! Ante la grandeza de nuestro Señor y Salvador ¡no existen gigantes ni imposibles! Por supuesto que no es fácil caminar con tanta seguridad y determinación los días que estamos agobiados por las dificultades, pero si no podemos correr en esos días tampoco debemos detenernos en nuestra fe, demos pasos más cortos pero no dejemos de avanzar, no dejemos de creerle a Dios ¡Él no nos dejará solos! Él está allí a nuestro lado caminando con nosotros ¡siempre! Aunque los problemas nos nublen la vista y nos hagan difícil el escucharle debemos recordar que no vivimos por lo que vemos y oímos sino por la fe que llevamos en el corazón.

Déjate conquistar por Dios

Dios sabe exactamente qué cosas en nuestra vida deben ser expulsadas, sabe bien nuestras debilidades, qué pecados tienen bajo control ciertos pensamientos y hábitos nuestros, conoce quiénes somos cuando nadie nos ve y también quiénes aparentamos ser cuando todos nos ven. ¡Nada se escapa de su vista! El Señor trabajará en nosotros de diferentes maneras para atraernos hacia Él y será persistente hasta que entendamos lo que Jesús declaró en el capítulo 15 del Evangelio de Juan: separados de mí nada pueden hacer. No serán nuestras buenas ideas, nuestro positivismo ni la sabiduría humana lo que nos dará la libertad del pecado que nos esclaviza, ¡solamente en una relación personal con Jesucristo seremos verdaderamente libres!