Gastando nuestra vida por amor a Dios

Si aspiramos a vivir una vida que agrade a Dios debemos aprender a ver a través de sus ojos y a sentir según su corazón. Dios no pone su mirada en lo que parecemos ni mucho menos en lo que poseemos, Él mira quiénes somos y qué llevamos en el corazón. Tendemos a juzgar a las personas por su apariencia, sus posesiones o sus atributos físicos, nos dejamos llevar por lo que hay delante de nuestros ojos y solemos prejuzgar en nuestro interior a quienes no entendemos o conocemos. ¡Tenemos que aprender a ver más allá de lo que tenemos en frente!

Somos el Resultado de lo que hemos Sembrado

Somos el resultado de las decisiones que tomamos durante todos los días que hemos vivido hasta hoy, el camino que decidimos seguir, las personas que escogimos amar, aquellos de quienes nos alejamos, la carrera profesional que estudiamos, el trabajo que tenemos, la iglesia a la que asistimos, etc. Somos la suma de todas estas decisiones.

Dando más allá de Nuestras Fuerzas

Invierte tiempo en tu familia, cuida tu salud, ¡invierte tiempo en conocer a Dios y su Palabra! No podemos pasarnos la vida diciendo que daremos algo que no nos hemos esforzado por obtener, queremos agradar a nuestro Señor pero no le damos tiempo, queremos aprender a escucharlo pero no lo buscamos, y esto mismo hacemos en nuestras relaciones personales y familiares. ¡Seamos hombres y mujeres de palabra! Demos de nosotros no sólo buenas intenciones sino también firmes decisiones.

Siguiendo la Paz con los demás

Dios nos hizo a todos diferentes, en muchas maneras somos semejantes pero la suma de experiencias, vivencias, y decisiones de cada uno nos hacen únicos en ciertos rasgos de nuestra personalidad. Lo que para unos es importante para otros es trivial, lo que para otros es causa de enojo, tristeza o desilusión unos cuantos más apenas si perciben que sucedió; tantas diferencias suelen convertirse en impedimentos para que las relaciones interpersonales se desarrollen de maneras sanas y saludables. Sin embargo, después de amar a Dios con todo lo que somos, el siguiente y grande mandamiento que Jesús enseñó en su Palabra es que amemos a los demás como a nosotros mismos, que antepongamos los intereses de otros sobre los nuestros y que hagamos con otros como nos gustaría que hicieran con nosotros.

Dios y las Riquezas

Las riquezas en sí no son algo que vaya en contra de Dios y su Palabra, pero darles el primer lugar de nuestra vida de modo que vivamos para incrementarlas por encima de cualquier otra responsabilidad o relación personal abre la puerta a una gran cantidad de acciones y decisiones incorrectas. Pecados como la corrupción, el robo, la codicia y la avaricia son consecuencias de hombres y mujeres que viven únicamente para tener más recursos. El apóstol Pablo le dice a Timoteo en el último capítulo de esta su primera carta que recuerde que : raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores