¿Reina en ti la vida o la muerte?

La muerte eterna no es algo que "contrarrestamos" con buenas obras o sacrificios humanos, ¡no somos capaces por nosotros mismos de trasladarnos del reino de la muerte al reino de la vida! Por eso es que Dios envió a su hijo Jesucristo, al resucitar en la cruz, ¡venció a la muerte eterna! Pagó el precio de nuestra maldad y extendió el puente de la fe para que todo el que cree en Él tenga esperanza de una vida eterna en el Cielo a su lado.

¿Quiénes son los Justos?

¡Exactamente eso vino a hacer Jesucristo! A ubicarnos en nuestra realidad espiritual: hombres pecadores, sin esperanza, que no merecíamos el amor divino; para luego levantarnos de nuestra miseria y vergüenza y darnos un nuevo valor y lugar, de ser pecadores hemos sido restaurados a un nuevo lugar como hijos de Dios, no somos ni más ni menos que esto: personas redimidas, perdonadas, adoptadas por el Rey Soberano y dueño del Universo por amor, hombres y mujeres con un nuevo valor y posición determinados por nuestro Señor y Salvador.

Reconciliados por medio de la Fe

Aceptó la culpa, la vergüenza y el castigo que nos correspondía, no se defendió, no demandó justicia, no dio lugar a la gracia en su propia vida, ¡Él estaba decidido a morir en nuestro lugar! Porque mediante su sangre inocente causó que el pecado y la muerte que nos acusaban perdieran su autoridad. Decidir creer en Dios y aceptarlo como nuestro Salvador es un paso de fe

Buscando la Aprobación de Dios

Un verdadero cristiano es el que tiene un corazón recto, pero no a los ojos de otros o de sí mismo sino a los ojos de Dios, no es aquel que cumple con ciertas tradiciones o costumbres religiosas, sino es quien ha tenido un cambio en el corazón producido por el Espíritu de nuestro Dios. Sabes que te has topado de frente con un cristiano enamorado de Dios cuando puedes percibir un corazón transformado que busca por encima de todo la aprobación de su Señor y no la de la gente.

Nuestras acciones tienen Consecuencias

Ningún argumento es válido para vivir en pecado ni para ser condescendiente con nuestras áreas débiles y nuestros malos hábitos. Todas nuestras acciones tendrán consecuencias, nuestra única esperanza es que nuestro Salvador nos libere y nos perdone para que en el juicio de Dios en lugar de ser declarados culpables seamos declarados redimidos.