Gracia Gratuita e Inmerecida

¡No hay manera de que podamos merecer o ganarnos la salvación de Dios! Su amor no depende de nosotros, no se trata de qué tantas "buenas" acciones hagamos ni de qué tan santos parezcamos, su amor está ligado a su personalidad fiel y permanente, hemos sido salvos ¡por su bondad inmerecida! La salvación brota de su corazón, nace de su interior y es para todo aquel que la quiera recibir, ¡nadie la merece! pero está disponible para todos.

Elegidos por Dios

¿Por qué Dios decidió cruzarse en nuestro camino y atraernos hacia Él y no en el de otras personas? No lo sabemos y tal vez nunca lo sepamos. Nadie sabe cuántas oportunidades han tenido otras personas de conocerle y lo han rechazado, pero lo que sí sabemos es cuántas veces Dios ha tocado a la puerta de nuestro corazón para corregir áreas en nuestra vida, cortar con el pecado o entregarle nuestro corazón y qué hemos hecho al respecto. No hicimos nada para merecer a nuestro salvador, fue solamente por su misericordia que hoy le conocemos y podemos llamarle Padre.

¿Reina en ti la vida o la muerte?

La muerte eterna no es algo que "contrarrestamos" con buenas obras o sacrificios humanos, ¡no somos capaces por nosotros mismos de trasladarnos del reino de la muerte al reino de la vida! Por eso es que Dios envió a su hijo Jesucristo, al resucitar en la cruz, ¡venció a la muerte eterna! Pagó el precio de nuestra maldad y extendió el puente de la fe para que todo el que cree en Él tenga esperanza de una vida eterna en el Cielo a su lado.

¿Quiénes son los Justos?

¡Exactamente eso vino a hacer Jesucristo! A ubicarnos en nuestra realidad espiritual: hombres pecadores, sin esperanza, que no merecíamos el amor divino; para luego levantarnos de nuestra miseria y vergüenza y darnos un nuevo valor y lugar, de ser pecadores hemos sido restaurados a un nuevo lugar como hijos de Dios, no somos ni más ni menos que esto: personas redimidas, perdonadas, adoptadas por el Rey Soberano y dueño del Universo por amor, hombres y mujeres con un nuevo valor y posición determinados por nuestro Señor y Salvador.

Reconciliados por medio de la Fe

Aceptó la culpa, la vergüenza y el castigo que nos correspondía, no se defendió, no demandó justicia, no dio lugar a la gracia en su propia vida, ¡Él estaba decidido a morir en nuestro lugar! Porque mediante su sangre inocente causó que el pecado y la muerte que nos acusaban perdieran su autoridad. Decidir creer en Dios y aceptarlo como nuestro Salvador es un paso de fe