Dios recompensa nuestra obediencia

Más de una vez el Señor nos invitará a tomar decisiones que van más allá de nuestra razón y nuestra capacidad, nos abrirá puertas que nos harán titubear y preguntarnos: ¿de verdad Dios me quiere usar en esto?, nos pedirá que entreguemos lo que no estamos listos para entregar y que amemos a quienes ya no queríamos amar. ¡La vida cristiana no es sencilla! Jesús les dijo a sus discípulos citado por Lucas en el capítulo 9: "si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su manera egoísta de vivir, tomar su cruz cada día y seguirme, si tratas de aferrarte a la vida la perderás, pero si entregas tu vida por mi causa, la salvarás". Seguir a Jesús requiere entrega y obediencia total cada día, demanda que nos movamos a la velocidad de la voluntad de nuestro Señor y en la dirección en la que Él va

Las decisiones de un corazón lleno de fe

Dios busca hombres y mujeres conforme a su corazón, cristianos que tengan una fe real y no solamente platicada, personas dispuestas a arriesgar su vida con tal de agradar a su Salvador, corazones que tomen decisiones radicales con base en una relación personal con Él. Porque un corazón que le ha creído al Señor, ¡le creerá cualquier cosa que le pida!, está listo para hacer la voluntad de Dios y para ser usado por Él en la extensión de su reino en su vida, su familia, su trabajo, su escuela y la sociedad donde está.

¡Atrévete a creerle a Dios!

Esto sí que es emocionante, ir a una batalla que uno debería perder sabiendo que tiene un respaldo sobrenatural que hará cosas inimaginables que terminarán en una victoria inigualable. ¡Así es el caminar con fe en la vida cristiana! Ante la grandeza de nuestro Señor y Salvador ¡no existen gigantes ni imposibles! Por supuesto que no es fácil caminar con tanta seguridad y determinación los días que estamos agobiados por las dificultades, pero si no podemos correr en esos días tampoco debemos detenernos en nuestra fe, demos pasos más cortos pero no dejemos de avanzar, no dejemos de creerle a Dios ¡Él no nos dejará solos! Él está allí a nuestro lado caminando con nosotros ¡siempre! Aunque los problemas nos nublen la vista y nos hagan difícil el escucharle debemos recordar que no vivimos por lo que vemos y oímos sino por la fe que llevamos en el corazón.

Dios es más fuerte que todo pecado

Dios es más fuerte que todo pecado por más adictivo, persistente y controlador que nos parezca pero también es cierto que todo pecado cuando no está la autoridad del Señor presente es capaz de hacernos adictos a él y controlar nuestra vida hasta destruirla por completo y dejarla consumida en maldad y depravación. Con el pecado siempre sucederá que si no nos arrepentimos y buscamos un plan para enfrentarlo y vencerlo la siguiente vez nos llevará un poco más lejos, mientras que de la mano del Señor, cuando nos volvemos a Él para buscar su ayuda y obedecerle cada vez estaremos un poco más cerca de la santidad y del día de nuestra victoria. Jesucristo citado en el capítulo 10 del Evangelio de Mateo dijo: "El que persevere hasta el fin, éste será salvo.".

Caminando hacia las promesas de Dios

No podemos aspirar a conocer más a Dios y ser usados por Él si somos selectivos sobre qué principios de la Biblia obedeceremos y qué principios ignoraremos! Dios es un Dios santo, Él no puede cohabitar con nuestra rebelión, nuestro orgullo ni nuestros pecados "favoritos". Aquello que te está costando más obedecer de Dios es lo que te está deteniendo de conocerle más y de avanzar en tu vida cristiana.