Atrévete a pagar el precio de seguir a Jesús

Porque algo que nos cuesta entender a los cristianos es que la vida cristiana no solamente se trata de pedir sino como lo vimos en el estudio de hace un par de días, también se trata de llamar a la puerta y de buscar el corazón de Dios. Dios nos ha dejado su Escrituras para que busquemos en ella lo que le agrada, lo que quiere de nosotros y la sabiduría que necesitamos para las decisiones de cada día y sin embargo, ¡son escasos los minutos del día que invertimos en buscarlo! El poco tiempo que pasamos a su lado es para pedirle algo que necesitamos o para agradecerle algo que ya nos dio pero, ¿cuánto usamos para descubrir algo nuevo de Él y de la vida que quiere que vivamos?

Pidiéndole a Dios con confianza

Jesucristo en el pasaje de la lectura de nuestro estudio de hoy que forma parte del Sermón del Monte nos invita a no rendirnos en nuestra búsqueda de una respuesta de nuestro Padre celestial: ¡sigan pidiendo!, ¡sigan buscando!, ¡sigan llamando! ¿Por qué lo dijo? Porque nadie conoce mejor el corazón de nuestro Señor que su hijo y sabe bien que la respuesta llegará: sea un sí, un no, o un espera, la puerta se abrirá y encontraremos paz en lo que sea que Dios tenga que decir sobre nuestra necesidad.

¡No vivas preocupado! Pon tu confianza en Dios

¡Preocuparse nos lleva a perder el enfoque en el poder y la provisión de Dios y ponerlo en nuestras carencias, temores y debilidades! ¿Sirve de algo preocuparse? ¡Por supuesto que no! Jesús lo dijo claramente, preocuparnos no nos ayudará a añadir un momento más a la vida, no adelantará el futuro, cambiará el pasado ni producirá una solución milagrosa a nuestra situación, ¡pero todo eso sí puede hacerlo nuestro Señor! Él puede restaurar nuestro pasado, cuidar de nuestro futuro, darnos paz en el presente para disfrutar más nuestra vida y ¡hacer un milagro para resolver aquello que está fuera de nuestras fuerzas pero dentro de su Voluntad! ¿Qué podemos hacer entonces cuándo la ansiedad y el temor toquen a nuestra puerta? Seguir el consejo del Hijo de Dios: "Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten"

No hay mayor Tesoro que conocer a Dios

¿Quieres presumir de algo?, ¿quieres tener el tesoro más valioso?, ¿quieres algo por lo que verdaderamente valga la pena ser famoso y reconocido? ¡Que sea porque entiendes y conoces al Señor! ¡Eso sí que es digno de admirarse! Porque no hay personas más felices y ricas sobre la faz de la tierra que aquellas que saben cuál es el propósito para el que fueron creadas ¡y lo cumplen con libertad y plenitud cada día! La paz interior, la estabilidad del corazón, la seguridad del alma y la certeza de una salvación eterna que solamente Jesús te puede dar ¡no hay dinero ni tesoros que los puedan comprar! ¡Nada se compara a sabernos amados por Jesucristo!

La Pureza Sexual que Dios creó

¡Hoy más que nunca necesitamos ser un ejemplo de pureza y santidad sexual! Debemos ponernos de pie en medio de una generación en donde "todo es válido y debe ser tolerado" para dejar en claro que ¡no todo es aceptado por Dios! La sexualidad mal usada se puede convertir en un pecado que controle nuestra vida por completo y tiene el potencial de destruir relaciones, familias y comunidades enteras. ¡Nada causa mayor adicción que la satisfacción sexual desordenada! Los hijos de Dios debemos ser el ejemplo a seguir, debemos conocer el camino que lleva a la libertad de toda adicción y perversión y llevar a la gente a reconocer su situación, tomar decisiones y comenzar a caminar en pureza y santidad.