¿Quiénes somos cuando nadie nos ve?

¿Qué tanto de mi cristianismo no es más que una relación con Dios que finjo tener pero que en realidad nunca la he experimentado? Un cristianismo sin conocer la Biblia, sin conocer a Dios y sin oración, ¿no es un mero fingimiento? Dios quiere empezar una transformación no de nuestro exterior hacia adentro como nos gustaría para seguir manteniendo una fachada sino desde nuestro corazón hacia afuera, nuestro Señor puede hacer que quienes somos cuando nadie nos ve sea la misma persona libre, perdonada y restaurada que todos conozcan en el día con día.

Resistiendo la Tentacion

Dicho de otro modo, el diablo sabe qué de lo que no agrada a Dios es lo que más quisiéramos hacer y nos estimula con personas, conversaciones, eventos, imágenes y de toda manera que se le ocurra para que decidamos pecar dándonos placer a nosotros mismos. Siendo honestos, algo que no nos gusta hacer difícilmente seríamos tentados a hacerlo. Y entonces, ¿por qué sí nos vencen algunas tentaciones? Porque nuestro deseo de pecar es más grande que nuestro deseo de agradar a Dios. Y aunque queremos con todas nuestras fuerzas que instantánea y milagrosamente nos nazcan las ganas de ya no pecar lo que realmente nos hace falta es profundizar en nuestra relación personal con Dios para en la medida que lo conozcamos y amemos más, queramos cada vez menos hacer lo que no le agrada.

Todo se trata de una Relación personal con Dios

¿Te imaginas entrar a una relación de noviazgo o matrimonio donde la otra persona lo único que hiciera todo el tiempo fuera seguir una lista de lo que un buen novio o esposo debe hacer? Imagínatelo en verdad, se vestiría como alguien que te amara, te trataría como si te amara, hablaría de ti a otros como si estuviera enamorado de ti, te daría los regalos indicados y pasaría tiempo contigo pero ¡no estaría interesado en tener una relación personal contigo! En pocas palabra: no te amaría pero nadie lo notaría.

Dios está buscando tu Corazón

Ese es el corazón de nuestro Salvador cuando estamos en medio de nuestras pruebas y tentaciones, Él se para frente a tu dolor, tu tristeza, tu agonía, tus hábitos que te tienen esclavizado y levantando su voz los hace retumbar diciéndoles: ¡Él me pertenece!, ¡Ella es mi hija!, ¡Ellos son míos! Pero esto no sucederá hasta que primero haya seducido tu corazón con su gracia, su misericordia y su perdón.

Aférrate a tu libertad en Dios

Piénsalo un poco, cuando finalmente nos decidimos a enfrentar el pecado que nos tiene dominados pareciera que inicia una negociación: "no necesitas quitar todo lo malo, ¿qué tanto es un poco de pecado?, pensamientos como estos nos empiezan a inundar la mente para que ¡no cortemos por completo el pecado! ¡No negocies con el diablo ni con tu pecado! Si Dios dijo que no: ¡corta de tajo desde la raíz! Si dejas un poquito de pecado será suficiente para que vuelva a crecer una hortaliza entera de maldad en tu interior.