La opinión de Dios es la más importante

¿Quién define cuál es tu valor?, ¿a quién le has dejado ponerte una etiqueta con un precio? Muchas personas viajan en la vida con pesadas "etiquetas" que dejaron que alguien más les pusiera: "bueno para nada", "perdedor", "no valgo nada", "nadie me ama", "no merezco nada", etc. Necesitamos entender que la opinión más importante es la que nuestro Creador tiene de nosotros, nadie nos conoce ni nos ama tanto como Él.

Hazlo todo a la manera de Dios

Es más fácil hacer las cosas a nuestra manera que sentarnos a orar y buscar la dirección de Dios, es más rápido dejarnos llevar por nuestros impulsos o sentimientos que leer la Biblia o pedir consejo sobre qué decisión tomar, es más cómodo hacer las cosas a nuestra manera que hacerlas a la manera de Dios. Pero los resultados de vivir nuestra vida sin la dirección de Dios siempre son los mismos: terminamos con miedo huyendo de algo o de alguien.

El Corazón de un Hombre de Dios

El corazón de Pablo fue el resultado de un compromiso inamovible de conocer y amar a su Señor sin importar lo que le sucediera, fue el resultado de muchos años al lado del Señor y no de una emoción momentánea o una oración instantánea. ¡Busca a Dios con todo tu corazón! Solamente mediante una relación personal con Él tendrás el corazón debe tener todo Hombre de Dios.

Todos necesitamos ayuda de los demás

¡La vida cristiana no fue diseñada para vivirla solos! Fracasaremos en nuestra lucha contra el pecado, nuestro conocimiento total de Dios y en entender el propósito para el que fuimos creados si vivimos alejados de una comunidad cristiana. Por supuesto que nuestra experiencia con Dios es personal pero sus propósitos para nuestra vida son basados en un cuerpo y no en un miembro. Necesitas ayuda de otros para hacer lo correcto y para edificar varias áreas de tu vida que no podrás levantar ni enderezar tú solo.

No seas tropiezo para otros

Si escogemos hacer algo que afecte la fe de otros ¡nuestro corazón está equivocado y no tiene amor! Si intencionalmente usamos palabras, modos de vestir, discutimos, juzgamos, criticamos o hacemos pecar a otros de cualquier manera ¡nosotros mismos estamos pecando!