Todos necesitamos ayuda de los demás

¡La vida cristiana no fue diseñada para vivirla solos! Fracasaremos en nuestra lucha contra el pecado, nuestro conocimiento total de Dios y en entender el propósito para el que fuimos creados si vivimos alejados de una comunidad cristiana. Por supuesto que nuestra experiencia con Dios es personal pero sus propósitos para nuestra vida son basados en un cuerpo y no en un miembro. Necesitas ayuda de otros para hacer lo correcto y para edificar varias áreas de tu vida que no podrás levantar ni enderezar tú solo.

¡No más condenación!

¡No hay condenación para los que han lavado sus pecados y vergüenza bajo la sangre que Jesús derramó en la cruz! Aquellos qué más invierten en conocer a Dios y su Palabra más descubren su corazón lleno de amor, perdón y restauración y ¡viven con mayor libertad y seguridad! Pero aquellos que no se detienen en conocerlo irremediablemente terminan escuchando la voz del pecado y la condenación que los mantiene derrotados y derribados.

Jesús es la respuesta al pecado que habita en mí

¡Qué frustrante y devastador es terminar cometiendo el pecado que sabemos bien que nos hace mal! La vida cristiana es una batalla continua sin cuartel ni tiempo libre para reponerse de los golpes. No podemos bajar la guardia, no podemos darnos permiso de "pecar un poco" con lo que vemos, oímos, sentimos, pensamos o hacemos. Basta un poco de pecado en nuestra vida para que la puerta se abra y el pecado entre a derribarnos una vez más. ¿Cuál es nuestra esperanza? ¡Necesitamos un Salvador!

Tenemos dueño

¡Dios no quiere ser un "pedacito" más de nuestra vida!, No quiere ser un nuevo conjunto de reglas ni una religión más, Él quiere ser Señor total de toda tu vida. La única manera de dejar de estar bajo la ley del pecado es pidiéndole a Jesús que entre a vivir en nuestro corazón y nos perdone, una vez que hacemos esto dejamos de estar bajo el poder y señorío del pecado para pasar a estar ¡bajo el poder y señorío de Dios!

Tus decisiones reflejan quién dirige tu vida

¿Quién determina de quién eres esclavo? Lo determina a quién obedeces con tu manera de vivir. O decides obedecer tus ganas de odiar, mentir, engañar, de ver pornografía, de tener sexo fuera del matrimonio, de codiciar, de envidiar, etc. O por otra parte, decides obedecer a Dios amando, hablando la verdad, perdonando, siendo honesto, diciendo no a la lujuria, estando contento con lo que tienes en lugar de codiciar y agradecido por las bendiciones que Dios da a otros en lugar de envidiar, entre muchos otros ejemplos. ¡Así de sencillo es! Si analizas el resultado de tus decisiones de cada día, ¿a quién estás decidiendo obedecer?