No seas tropiezo para otros

Si escogemos hacer algo que afecte la fe de otros ¡nuestro corazón está equivocado y no tiene amor! Si intencionalmente usamos palabras, modos de vestir, discutimos, juzgamos, criticamos o hacemos pecar a otros de cualquier manera ¡nosotros mismos estamos pecando!

Dios estableció a las autoridades

¡La autoridad es una idea de Dios! Nuestro Señor mejor que nadie conoce el corazón humano y sabe que el hombre es pecador por naturaleza, ¡cualquier persona que no tenga a Dios es dirigido por motivos y deseos egoístas! Tal vez a algunos se les note más que a otros pero la realidad es que separados de Dios no hay un solo justo, uno solo que haga lo bueno, sin Él cualquiera de nosotros que fuéramos colocados como autoridad terminaríamos siendo corrompidos o seducidos por el poder de una u otra manera. Dios estableció a toda autoridad y solamente Él es quien la debe remover, si nos rebelamos a este principio inevitablemente vendrán consecuencias sobre nuestra vida.

¡No más condenación!

¡No hay condenación para los que han lavado sus pecados y vergüenza bajo la sangre que Jesús derramó en la cruz! Aquellos qué más invierten en conocer a Dios y su Palabra más descubren su corazón lleno de amor, perdón y restauración y ¡viven con mayor libertad y seguridad! Pero aquellos que no se detienen en conocerlo irremediablemente terminan escuchando la voz del pecado y la condenación que los mantiene derrotados y derribados.

Jesús es la respuesta al pecado que habita en mí

¡Qué frustrante y devastador es terminar cometiendo el pecado que sabemos bien que nos hace mal! La vida cristiana es una batalla continua sin cuartel ni tiempo libre para reponerse de los golpes. No podemos bajar la guardia, no podemos darnos permiso de "pecar un poco" con lo que vemos, oímos, sentimos, pensamos o hacemos. Basta un poco de pecado en nuestra vida para que la puerta se abra y el pecado entre a derribarnos una vez más. ¿Cuál es nuestra esperanza? ¡Necesitamos un Salvador!

Tenemos dueño

¡Dios no quiere ser un "pedacito" más de nuestra vida!, No quiere ser un nuevo conjunto de reglas ni una religión más, Él quiere ser Señor total de toda tu vida. La única manera de dejar de estar bajo la ley del pecado es pidiéndole a Jesús que entre a vivir en nuestro corazón y nos perdone, una vez que hacemos esto dejamos de estar bajo el poder y señorío del pecado para pasar a estar ¡bajo el poder y señorío de Dios!