Reconciliados por medio de la Fe

Aceptó la culpa, la vergüenza y el castigo que nos correspondía, no se defendió, no demandó justicia, no dio lugar a la gracia en su propia vida, ¡Él estaba decidido a morir en nuestro lugar! Porque mediante su sangre inocente causó que el pecado y la muerte que nos acusaban perdieran su autoridad. Decidir creer en Dios y aceptarlo como nuestro Salvador es un paso de fe

Mucho más que Oidores: Hacedores

Solemos excusarnos tras nuestras buenas intenciones pero la verdad es que una intención no es más que un acto que nunca se llevó a cabo. La vida cristiana se construye con decisiones de fe tomadas cada día sin importar el precio que tengamos que pagar. Es nuestra obediencia la que nos hace justos delante de nuestro Dios, conocer la Ley no tiene valor sino la obedecemos, saber que existe Dios no sirve de nada si no decidimos leer su Palabra y pasar tiempo con Él para conocerle.

Nuestras acciones tienen Consecuencias

Ningún argumento es válido para vivir en pecado ni para ser condescendiente con nuestras áreas débiles y nuestros malos hábitos. Todas nuestras acciones tendrán consecuencias, nuestra única esperanza es que nuestro Salvador nos libere y nos perdone para que en el juicio de Dios en lugar de ser declarados culpables seamos declarados redimidos.

Fuera de Dios no hay vida

Somos personas con voluntad propia, somos responsables de nuestras decisiones, Dios no creó robots que le sigan sin razonar o de manera obligada, cuando alguien decide caminar lejos de nuestro Señor él respeta la decisión y sin embargo es tan grande su amor y misericordia que vasta con un arrepentimiento genuino para que el nos retome con su amor para comenzar a restaurarnos

Salvados por el Amor de Jesús

Porque lo cierto es que la Biblia tiene razón ¡todos somos culpables de pecado! pero cuando la justicia de Dios demandó que se cumpliera la sanción correspondiente que era una eternidad separado de su santidad, Jesucristo fue hasta el estrado, nos removió del banquillo de los acusados y tomó nuestro lugar para que que la ley pudiera aplicar su sanción entera: una muerte y muerte de cruz. Así que aunque somos culpables se nos ha dado la oportunidad de aceptar el sacrificio de alguien que tomó nuestro lugar para hacernos justos. ¡Nada en nosotros nos puede hacer inocentes! Si no le hemos dado nuestra vida a Jesús, ¡seremos declarados culpables!