¡No más condenación!

¡No hay condenación para los que han lavado sus pecados y vergüenza bajo la sangre que Jesús derramó en la cruz! Aquellos qué más invierten en conocer a Dios y su Palabra más descubren su corazón lleno de amor, perdón y restauración y ¡viven con mayor libertad y seguridad! Pero aquellos que no se detienen en conocerlo irremediablemente terminan escuchando la voz del pecado y la condenación que los mantiene derrotados y derribados.

Tenemos dueño

¡Dios no quiere ser un "pedacito" más de nuestra vida!, No quiere ser un nuevo conjunto de reglas ni una religión más, Él quiere ser Señor total de toda tu vida. La única manera de dejar de estar bajo la ley del pecado es pidiéndole a Jesús que entre a vivir en nuestro corazón y nos perdone, una vez que hacemos esto dejamos de estar bajo el poder y señorío del pecado para pasar a estar ¡bajo el poder y señorío de Dios!

Tus decisiones reflejan quién dirige tu vida

¿Quién determina de quién eres esclavo? Lo determina a quién obedeces con tu manera de vivir. O decides obedecer tus ganas de odiar, mentir, engañar, de ver pornografía, de tener sexo fuera del matrimonio, de codiciar, de envidiar, etc. O por otra parte, decides obedecer a Dios amando, hablando la verdad, perdonando, siendo honesto, diciendo no a la lujuria, estando contento con lo que tienes en lugar de codiciar y agradecido por las bendiciones que Dios da a otros en lugar de envidiar, entre muchos otros ejemplos. ¡Así de sencillo es! Si analizas el resultado de tus decisiones de cada día, ¿a quién estás decidiendo obedecer?

¿Está logrando algún pecado controlarnos?

El pecado ya no tiene efecto en nosotros porque ahora hemos resucitado a una nueva vida en Cristo. El apóstol Pablo lo dice claramente en la lectura del día de hoy: "así también ustedes deberían considerarse muertos al poder del pecado y vivos para Dios." ¿Cuál es nuestra parte entonces? Dios hace la "conversión" espiritual mediante nuestra fe y nos renueva, nuestra parte es simple y sencillamente vivir una vida de obediencia. Es nuestra responsabilidad escoger qué amistades frecuentaremos, qué haremos con nuestro cuerpo, qué dejaremos que vean nuestros ojos, a qué lugares iremos, cuánto tiempo invertiremos orando y/o leyendo la Biblia.

¿Reina en ti la vida o la muerte?

La muerte eterna no es algo que "contrarrestamos" con buenas obras o sacrificios humanos, ¡no somos capaces por nosotros mismos de trasladarnos del reino de la muerte al reino de la vida! Por eso es que Dios envió a su hijo Jesucristo, al resucitar en la cruz, ¡venció a la muerte eterna! Pagó el precio de nuestra maldad y extendió el puente de la fe para que todo el que cree en Él tenga esperanza de una vida eterna en el Cielo a su lado.