Imitadores de Dios

¿Cuánta gente habrá hoy en día que se dice cristiano e incluso asiste a una iglesia y ocupa los lugares más visibles pero en su corazón no se ha decidido a darle el control de su vida a Cristo? Personas que no han aprendido a amar a los demás sino que solamente piensan en ellos mismos y en lo que ellos creen que es bueno o es malo. Si Dios no edifica nuestro corazón todo lo que hablamos o creamos de Él serán mentiras o engaños que nosotros mismos hemos creado.

Perseverando en Dios

La segunda carta escrita por el apóstol Juan que está registrada en la Biblia, es una carta pequeña y personal, al parecer a un conocido o familiar suyo. Las palabras que uno suele decir a las personas que más ama son importantes y verdaderas. Debemos recordar que en los tiempos del apóstol Juan no había medios electrónicos de comunicación como los de ahora, una persona como Él que viajaba mucho recorriendo las iglesias la única manera que tenía de comunicarse era mediante cartas. Así que cada carta era bien aprovechada, y esta pequeña carta expresa el corazón de Dios en alguna manera que Él consideró clave y determinante para que fuera parte de las Escrituras, de su Palabra hacia nosotros. El principal consejo que da esta carta es perseverar en la doctrina de Cristo.

Quien no conoce a Dios, no conoce el Amor

Amar a Dios no es una idea que se le ocurrió a un ser humano un buen día, no se trata de que un día decidimos amarlo. El amor comenzó en Él. Siendo Él el amor se acercó a los hombres para salvarnos del reino de las tinieblas, generó circunstancias, curiosidad y eventos en tu vida para llamar tu atención y atraerte a Él, esa es la razón por la que lees este estudio este día, porque Dios te atrajo de una u otra manera para decirte que te ama y que quiere que conozcas su amor. Nosotros le amamos a él porque él nos amó primero.

Amando a Dios de Verdad

¿Cuál es el día más feliz que has tenido en la vida? Tal vez pienses en más de uno, podría ser el día que te casaste, tal vez cuando te graduaste, cuando encontraste el amor de tu vida o cuando te dieron tu primer auto. Hay personas a quien les sería más fácil y más rápido contestar, por ejemplo, el día más feliz de un preso sería cuando fue liberado, el día más feliz para un enfermo terminal podría ser cuando milagrosamente fue sanado, el día más feliz para unos padres podría ser cuando nacieron sus hijos, claro cada historia es diferente pero la tendencia sería que esas serían sus respuestas. Pregúntate ahora, ¿cuál ha sido el día más feliz que has tenido en tu experiencia con Dios?

Salvados por quien Él es y no por quienes somos

Fue hasta que el amor de Dios a través de su Hijo Jesús apareció en nuestra historia hasta que al fin encontramos la verdadera vida y libertad. Pero pon atención en lo que dice el apóstol Pablo, no te salvó Dios por que hubieras hecho cosas lo suficientemente buenas o justas para merecer la salvación, ¡no hay manera de comprar o merecer el amor y la salvación de Dios! ¿Qué tienes tú que ofrecerle al Dios que creó todas las riquezas, que tiene el poder y control absoluto del universo entero y que es creador de todo lo que tienes y puedas llegar a tener? ¡Él no necesita nada de ti! El que necesita de Él eres tú. Jesucristo vino a la cruz a salvarnos porque quiso amarnos y derramar su Espíritu por pura misericordia y amor. ¡Por eso es perfecto su amor! Porque no lo merecíamos, no lo obtuvimos ni lo provocamos, y si no lo ganamos ¡tampoco lo podemos perder!