Libres para estar delante de Dios

Día con día el ser humano se ha esforzado por simplificarse la vida y acelerar las tareas que tenemos que hacer para alcanzar a hacer más cosas más rápido. El hombre sigue inventando carros más veloces, computadoras más potentes, edificios más altos, máquinas que hagan las tareas pesadas, etc. Pero, aunque en muchas áreas procuramos hacerlo todo más simple y accesible, en lo que respecta a la fe en Dios pareciera que nos gusta complicarnos. Cuando al fin aceptamos que necesitamos un salvador y permitimos que Dios entre a habitar en nuestro corazón para dirigir nuestra vida, en lugar de hacer lo que Él nos pide nos gusta hacer las cosas a nuestra manera.

El Nuevo Pacto de Dios

Un pacto es un acuerdo ligado al carácter, es decir, un pacto es un compromiso de que no dejaremos de cumplir lo que dijimos porque es parte de nuestra personalidad el ser leales, fieles y cumplir nuestra palabra. Dios hizo un pacto de amor con nosotros al enviar a su hijo a morir por nosotros. Un pacto ligado a su personalidad de amor, perdón, misericordia y gracia. Dios ha hecho un pacto inquebrantable que tiene consecuencias eternas para quienes decidimos entrar en pacto con Él.

Jesús nuestro Representante

Ninguna persona ha sido jamás lo suficientemente santo y perfecto para entrar en la presencia de Dios sin temor a ser acusado de pecado. Únicamente Jesús en forma de hombre fue capaz de marcar una diferencia a nuestro favor. Él vino a salvarnos de nuestra condición de deudores y nos hizo hijos con libre entrada delante de la presencia de Dios nuestro Padre. Como dice Hebreos: Nos convenía un sacerdote así: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores y hecho más sublime que los cielos; que no necesita cada día ofrecer sacrificios primero por sus pecados y luego por los del pueblo; porque se ofreció a sí mismo una vez y para siempre, para salvarnos.

La Autoridad de la Biblia

La obediencia es una decisión, es un acto de la voluntad. La obediencia existe cuando reconocemos la autoridad de alguien sobre nosotros y decidimos cumplir su voluntad en nuestras vidas. Si reconocemos la autoridad de las señales de tránsito decidimos detener la marcha del auto cuando la luz está en rojo; si reconocemos la autoridad de un profesor decidimos guardar silencio cuando entra al salón; si aceptamos la autoridad del jefe de la empresa donde laboramos decidimos entregar los reportes que nos solicite y cumplir de manera puntual con los horarios requeridos. ¿Lo notas? Cuando entendemos que nuestra vida es dirigida por ciertas autoridades, decidimos voluntariamente obedecer las reglas y lineamientos que estas autoridades han establecido. ¡Así de sencillo! La Biblia es la Palabra de Dios, Dios es nuestra autoridad máxima por lo que las Escrituras tienen total autoridad sobre nuestras vidas. ¿Reconoces a la Biblia como tu autoridad?

Firmes en nuestra Confianza en Dios

Llegamos un día a la iglesia y fuimos cambiados por su amor, nuestras emociones estaban al tope, pero nunca nos decidimos a leer su Palabra cada día, a involucrarnos en servir en una iglesia ni a pasar tiempo cada día en oración. Aunque sabíamos que lo que todo cristiano debe hacer es orar y leer la Biblia, decidimos vagar en nuestro corazón por la iglesia sin invertir en una relación personal con Dios. ¿Cómo esperamos que nuestro amor por Dios crezca si no invertimos tiempo en Él? ¡La falta de interés y compromiso harán que tu corazón se endurezca! La incredulidad crece cuando la Palabra de Dios no está presente.