Gastando nuestra vida por amor a Dios

Si aspiramos a vivir una vida que agrade a Dios debemos aprender a ver a través de sus ojos y a sentir según su corazón. Dios no pone su mirada en lo que parecemos ni mucho menos en lo que poseemos, Él mira quiénes somos y qué llevamos en el corazón. Tendemos a juzgar a las personas por su apariencia, sus posesiones o sus atributos físicos, nos dejamos llevar por lo que hay delante de nuestros ojos y solemos prejuzgar en nuestro interior a quienes no entendemos o conocemos. ¡Tenemos que aprender a ver más allá de lo que tenemos en frente!

¿Cómo sabes cuánto vales?

Nos esforzamos tanto en quedar bien delante de las personas, hay quienes pasan horas escogiendo su ropa o arreglándose antes de salir de su casa, otros invierten cantidades importantes de dinero en su forma de vestir y en los accesorios que llevan pero a la hora que les preguntas qué tanto invierten en conocer y agradar a Dios te dicen que no tienen tiempo o que eso no es para ellos. Mientras no hayamos entendido quiénes somos en Dios y cuánto valemos en Él, buscaremos con desesperación y perseverancia la aprobación humana para sentir que valemos.

Somos el Resultado de lo que hemos Sembrado

Somos el resultado de las decisiones que tomamos durante todos los días que hemos vivido hasta hoy, el camino que decidimos seguir, las personas que escogimos amar, aquellos de quienes nos alejamos, la carrera profesional que estudiamos, el trabajo que tenemos, la iglesia a la que asistimos, etc. Somos la suma de todas estas decisiones.

Dando más allá de Nuestras Fuerzas

Invierte tiempo en tu familia, cuida tu salud, ¡invierte tiempo en conocer a Dios y su Palabra! No podemos pasarnos la vida diciendo que daremos algo que no nos hemos esforzado por obtener, queremos agradar a nuestro Señor pero no le damos tiempo, queremos aprender a escucharlo pero no lo buscamos, y esto mismo hacemos en nuestras relaciones personales y familiares. ¡Seamos hombres y mujeres de palabra! Demos de nosotros no sólo buenas intenciones sino también firmes decisiones.

La Tristeza que Dios permite

Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló... La Biblia no hablaría de consuelo si Dios no supiera de antemano que atravesaríamos por temporadas de tristeza. La tristeza es parte de las diferentes emociones que pueden afectar nuestro estado de ánimo, fuimos diseñados para sentir tristeza porque fuimos hechos a imagen de Dios y Él mismo ha experimentado tristeza cuando aquellos a quien ama lo hemos rechazado o cuando aquellos que le amamos hemos pasado por situaciones que nos han lastimad y Él se ha dolido con nosotros.