El Dominio del Reino de Dios

La Biblia enseña en el primer capítulo de la carta a los Colosenses versículo 13 que nuestro Señor “nos rescató del reino de la oscuridad y nos trasladó al reino de su Hijo amado quien compró nuestra libertad y perdonó nuestros pecados”. Solamente hay dos posibilidades, dos reinos que pueden dominar tu vida, ¿vives bajo el control del pecado o bajo el amor y libertad de Jesucristo?, ¿cuál de los dos reinos está “viniendo” sobre tu vida y ganando terreno en tu corazón?

Dios está con los íntegros de corazón

¿Cómo puede llegar una persona a desarrollar una vida tan ejemplar? El primer paso se da cuando se decide en el corazón a quién se le será fiel por encima de cualquier cosa, porque mientras no estemos seguros de querer quitar todo pecado en nuestra vida ni nos hayamos comprometido a buscar al Señor y leer su Palabra cada día no lograremos ser constantes, estables ni mucho menos fieles en nuestra relación con Él. Un corazón que no le es fiel en cada área sino sólo en las que le convienen o las que no le cuesta tanto serlo es un corazón que “carece de alguna de sus partes”, es decir, que le hace falta integridad. ¿Tienes un corazón íntegro?

Regresa tu corazón a las manos de Dios

¿De quién podemos decir que tiene una percepción correcta de algo? De quien sabe lo que hay más allá de lo que otros vemos a simple vista, ¿quién tiene el entendimiento y la sabiduría más alta? Quien ha estudiado, meditado, probado, caminado y palpado la verdad de modo que ahora la conoce, la practica y vive en ella. ¿Qué te está deteniendo el día de hoy de comprometerte más con Dios?, ¿de buscarlo más, de leer y meditar más en su Palabra y de doblar tu rodilla en oración?, ¿qué problemas o pecados te están causando una percepción borrosa y distorsionada del amor del Señor? Haz tuyo el consejo del profeta Isaías, cambia tus caminos, aleja de ti todo pensamiento de maldad por mínimo que sea y vuélvete al Señor.

Ya es tiempo de volver a los caminos del Señor

Porque ¿no es verdad que es cuando bajamos nuestra mirada del Cielo y la ponemos en nuestras circunstancias que nuestro corazón se empieza a enfriar al llenarse de duda, envidia, comparación y orgullo?, ¿no fue un evento no comprendido en tu vida, un mal trato de alguien más o un deseo de satisfacer tus ojos o tu cuerpo lo que te alejó de Dios la última vez que estuviste varios días sin orar, sin leer la Biblia y sin buscarlo? ¡Regresa tu mirada al Cielo! Dale al Señor el reconocimiento que merece, dobla tu rodilla una vez más ante Jesucristo y déjalo tomar el control de tu vida una vez más.

Nuestros pecados tienen consecuencias

Por más oculto que tengamos nuestro pecado o por más inofensivo que creamos que sea, ¡un poco de pecado sigue siendo una desobediencia total a Dios! Si un "pequeñito e insignificante" pecado rompe nuestra relación con Dios y nos quita toda nuestra pureza y santidad ¡entonces es un pecado inmenso y altamente peligroso que nos tiene engañados! Delante de Dios no hay tamaños, colores ni "gravedad" de pecados, Él no pone su mirada en nuestras acciones sino en nuestro corazón, más allá del acto equivocado que hagamos o de la vergüenza que sintamos al ser descubiertos el verdadero daño y mal de pecar está en nuestro corazón, porque es allí donde está comenzando a enfriar nuestro amor por el Señor.