Felices los de Limpio Corazón

El corazón de nuestro Señor está impreso en cada porción de la Palabra de Dios, está allí esperando a ser descubierto por ti y por mí y por todos los que ven más allá de su religión y sus "obligaciones cristianas" para meditar y analizar cada tilde, cada acento y cada palabra que está en las Escrituras. ¡Son realmente felices y están en la mejor etapa de su vida aquellos a quienes el Espíritu Santo les ha quitado la venda de sus ojos y les ha revelado los secretos del corazón del Señor impresos en la Biblia! Felices los que al ver el corazón de amor, misericordia y gracia de su Salvador escogen tener un corazón similar, escogen la santidad, rechazan el pecado y se convierten en un reflejo de la integridad del Señor. ¡Ellos verán a Dios!

La Felicidad en la Compasión

¡La compasión de Dios no tiene límites ni lógica alguna! Porque detrás de la compasión de nuestro Señor está su amor, un amor igualmente ilógico e ilimitado, un amor puro que ve lo mejor de nosotros, que nos restaura y nos levanta de maneras que la vergüenza más profunda cede y se transforma en gratitud. Nuestro Salvador sabe ir hasta nuestro momento de mayor dolor para ofrecernos su hombro, perdón y restauración. Él no está buscando a quien acusar o juzgar, ¡sino a quien amar y con quién entrar en una relación personal para transformar su miseria y dolor en vida abundante!

Felices los que tienen Hambre de Dios

Nuestro deseo de justicia nace de la balanza personal de intereses egoístas que tenemos en el corazón y que suele inclinarse siempre o casi siempre a nuestro favor. Jesús lo dejó claro, los felices son aquellos que anhelan la justicia de Dios, aquellos que hacen a un lado sus intereses y conveniencia para aceptar lo que Dios ha decidido hacer. Pues es Él y solamente Él quien decidirá hacia que lado se inclinará la balanza y sus juicios y resultados ¡siempre serán los más justos!

Felices los que Aceptan la Justicia de Dios

Mi justicia no siempre coincide con la justicia de Dios, muchas veces Él ha perdonado personas que a mí me cuesta perdonar, incluso Él me ha perdonado pecados ¡que yo he batallado en perdonarme a mí mismo! Muchas veces la vida no ha salido como que yo quisiera, por más que me esfuerce en planear y prever situaciones de pronto sucede algo inesperado y todo lo que me había esforzado por lograr lo que yo deseaba ya no tiene ningún valor. Jesucristo enseñó en el Sermón del Monte que una característica más de las personas más felices y dichosas que existen en la tierra es la mansedumbre, es decir, la capacidad de confiar en Dios más que en nuestras propias fuerzas a la hora de enfrentar las injusticias de la vida.

Felices los que son Consolados por Dios

Solamente una intervención divina en medio de nuestro pesar puede darnos esperanza y vida una vez más. Es válido llorar y lamentarse, pero no olvidemos que en medio de nuestras aflicciones ¡Dios puede hacer algo nuevo, inesperado y tan perfecto que podamos no solamente sobrellevar nuestro dolor sino volver a vivir en felicidad por el resto de nuestros días! ¡Felices, dichosos y bendecidos aquellos que en su dolor encuentran una diminuta cantidad de fe que los lleva a abrirle la puerta de su corazón a Jesucristo! Porque Él entrará a consolar y restaurar sus vidas de una manera que nunca creyeron que sería posible.