Nunca estarás completo lejos del amor de Dios

Este es el mensaje central del Evangelio de Jesús: que conociéndote tal cual eres y sabiendo que sin conocerlo estabas destinado a una eternidad de sufrimiento y dolor, Jesucristo decidió pagar el precio por tu libertad, hizo lo que tenía que hacer para cambiarte el rumbo y darte una nueva oportunidad de ser amado, restaurado y vivir en plenitud. La cruz fue la evidencia del amor e interés que tiene por ti, tu respuesta a lo que sucedió en esa cruz determinará cuán completo, pleno y seguro vivirás el resto de tu vida.

Echa raíces en el Amor de Dios

Dios que quiere HABITAR en ti. ¿Qué lo está deteniendo de llenar todo tu ser? Nuestra falta de confianza en Él. Nos negamos a echar raíces profundas en su amor porque dudamos a veces de su existencia, otras veces de su perdón, otras más de su provisión y muchas otras más de su poder. ¡Necesitas tomar todo tu valor y toda tu fe y arriesgarlo todo por su amor! Nuestra falta de confianza en nuestro Señor nos hace tener raíces débiles que son arrancadas por las pruebas y tribulaciones, no alcanzamos una fe más fuerte porque ésta es el resultado de una firme determinación de confiar en el amor de Jesús sin importar lo que pueda venir y a pesar de que nos ha demostrado su fidelidad una y otra vez nos resistimos a entregarnos a Él.

Dios quiere habitar en ti

Fuimos alcanzados por el amor de Dios para pertenecer a su familia y es precisamente en su familia que formamos todos sus hijos donde Él quiere habitar. Las iglesias deberían de ser una extensión de la presencia del Señor, un lugar donde hombres y mujeres se unen para formar un vaso donde Dios pueda derramar su gloria para llevarla a todo lugar al que nos envíe. ¿Te das cuenta el gran privilegio que tenemos? ¡Somos el lugar de habitación del Señor del Universo! Y es la suma de su Presencia derramada en cada uno de nosotros la que conforma la iglesia a través de la cual Él quiere llevar sus planes a cabo aquí en la tierra, en nuestro país, nuestra ciudad, la sociedad donde vivimos y el hogar donde habitamos.

¿Qué tan cerca o lejos está Dios de nosotros?

¿No será que no hemos aprendido a hablar el mismo lenguaje espiritual de nuestro Señor porque pasamos muy poco tiempo leyendo y meditando en su manual (la Biblia) que nos dejó?, ¿no habrá algunos más que a pesar de estar de frente a su Señor han puesto un intermediario que hable por ellos creando así división e impidiendo una conversación fluida y personal? ¿Y qué de aquellos que intentan reducir la fe a un "sentimiento" y entonces cuando no sienten lo que quisieran, cómo quisieran y cuándo quisieran dudan de la existencia de Dios? Las únicas personas que tendrían razón de vivir sin esperanza son aquellos que no tienen a Cristo Jesús ni le conocen, pero todos aquellos que nos llamamos cristianos y reconocemos a Jesucristo como nuestro salvador, ¡deberíamos sentirnos siempre cerca de Dios y tener la certeza de que Él siempre está con nosotros!

La Salvación no es un premio, es un Regalo.

La salvación de Dios no es un premio que se nos dio por ser muy buenos, piadosos o rectos, no es algo que nos ganamos por suerte o por ningún tipo de merecimiento, ¡es un regalo que Dios nos dio como anticipo de todo lo que tiene para nosotros! Jesucristo vino a dar su vida para limpiarnos, justificarnos y hacernos aptos de cohabitar con la santidad de nuestro Señor por siempre. Y entonces si la salvación no es algo que te ganaste por méritos, ¿qué te hace pensar que la puedes perder si no vives haciendo continuos, costosos y sufridos sacrificios para agradar a Dios? Él no quiere sacrificios, mandas o golpes físicos, ¡Él quiere tu corazón y tener una relación personal contigo!