El Crecimiento que sólo Dios puede dar

Es decir, ser cristiano no se trata únicamente de hacer una oración para obtener salvación y después darse la vuelta y seguir viviendo igual que antes o con el mínimo esfuerzo. No le hacemos un favor a Dios cuando vamos a la iglesia ni cuando oramos unos minutos distraídos o leemos a la carrera unos cuantos renglones de la Biblia, hacer todo esto no se trata de Él ¡sino de nosotros! Somos nosotros quienes necesitamos su vida y su verdad, somos notros quienes nos edificamos para vivir estables y plenos. No se trata únicamente de la salvación, se trata de trabajar dando lo mejor de nosotros en nuestra relación con Dios para recibir sus recompensas y llenarnos de Él.

Entendiendo la Madurez Espiritual

Una vez que dejamos que Dios dirija nuestra vida y que su Espíritu habite literalmente dentro de nuestro ser, somos capaces de comenzar a entender la fe que en otro tiempo nos pareció locura, cuando su Espíritu entra en nosotros nos da la capacidad de leer la Biblia y entenderla, cosas que antes éramos incapaces de ver o escuchar ahora son claras y nítidas ante nuestros ojos y oídos, incluso sensaciones y experiencias que nuestro corazón no había vivido surgen de nuestro interior. Dios ha preparado una vida nueva para los que deciden creer en Él y entregarle su vida.

Dios está tocando a la puerta de tu Corazón

No hay maneras de conocer a Dios a través de medios humanos, no está en nosotros salvarnos ni transformarnos a nosotros mismos, sólo Dios mediante su Espíritu puede hacer un cambio genuino. Aún cuando pudiéramos encontrar las palabras más convincentes y sabias de modo que con nuestro razonamiento forzáramos a alguien a admitir la existencia de Dios y la necesidad de Él, si no hay una intervención divina el puro reconocimiento humano de la existencia de Dios no cambia a nadie, ni lo acerca a Dios ni le da salvación. Solamente Dios puede cambiar a alguien, solamente Él puede convencernos de pecado, perdonarnos y hacernos nacer de nuevo.

La Sabiduría de Dios

Conocer a Dios no es algo que podamos lograr con sabiduría humana, con posiciones ni con popularidad, Dios escogió utilizar a personas imperfectas y mortales para hacer público su mensaje y su amor. A Él no le impresionan nuestros currículums ni nuestros títulos, en todo caso su título de Rey del Universo o el de Rey de Reyes y Señor de Señores hacen ver insignificantes los nuestros. Lo que Dios valora por encima de todo es si tenemos un corazón dispuesto a dejarlo entrar y guiar nuestras vidas, cuando no tenemos interés en Él no estamos listos para que cumpla su plan a través de nosotros.

¿Está dividido Cristo?

Escuchar hablar a alguien que ama a Dios siempre será escuchar solamente una porción de lo que el Señor ha hecho, ¡hay mucho más por descubrir! De todo hombre y mujer que ama a Dios aprenderemos un poco más de Dios y muchas veces será algo diferente entre unos y otros, ¿por qué? porque experimentaron algo diferente del corazón del Señor, ¿esto los hace a unos mejores que otros? ¿o más comprometidos?, ¿o más o menos cristianos? ¡Por supuesto que no! No podemos juzgar las experiencias de los demás, lo que sí debemos hacer es usarlas para motivarnos a nosotros mismos a buscar nuestras propia experiencia con nuestro Salvador y su Palabra.